“Problemas con el potocolo de las máscaras… aburre”, por La Tia Julia

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Querida Tía Julia, Le escribo con el corazón espinado y con el alma en la mano porque en mi hogar tenemos problemas con lo que una señora me dijo que se llamaban los “potocolos de seguridad” y es que esto de la Pandemia se está poniendo más largo que un gas de serpiente.

Si vamos sacando la cuenta y contando con los dedos de la mano, la cosa se puso mala a mediados de marzo y aunque el presidente Trump dijo que esto venía y pasaba como una influenza o resfriado común, creo que estaba más equivocado que Don Cristóbal Colon que buscaba llegar a las Indias y después de cuarenta días y cuarenta noches lo que había era nada más que agua y se encontró por accidente con nosotros (Ay!), aunque algunos bobos dicen que nos “descubrió.” ¡Es que la ignorancia es grande!

A mí al comienzo me agradaba el optimismo del presidente y esperaba que ya para abril esto se fuera, pero no se fue y comenzó a morir gente y me dijeron que la cantidad de fallecidos llegará pronto a los 150,000. Si embargo, el presidente en otra nota de optimismo dijo hace poco en las noticias que la pandemia se iba a terminar quizás en “algún” momento, sin decir claramente ni como, ni cuándo ni donde, es decir quizás, quizás, quizás, “estás perdiendo el tiempo, pensando, pensando.”

Lo que a mi esposo le gusta del presidente es su sentido de esperanza y que no use máscara, aunque me confesó que esperaba que le diera la cosa para que sepa lo que es el asunto.

Ya vamos para 17 semanas de encerramiento con las llamadas restricciones de movimientos, pero la cosa no se pasa ná, y, es más, en algunos estados la gente desenmascarada y a la que les gustan los riesgos están cayendo infectadas como moscas en un hospital.

Cuando vamos al supermercado CTown con Liborio, que es el nombre de mi esposo, tenemos que asegurarnos que traemos cada uno dos máscaras, sombreros y gafas porque también dicen que la pandemia también entra por el pelo y los ojos. Después del disfraz cada uno coge una botella de desinfectante marca “Pollo” que si una se echa mucho le va quedando un hoyo, los zapatos o zapatillas para caminar a esos lugares, las bolsas, las tarjetas de crédito porque también aconsejan no tocar las monedas ni los billetes y todos esos detalles. De vuelta al carro, uno se tiene que lavar nuevamente las manos y llegando al seno sagrado del hogar, lavar todo lo que se ha comprado, dejar los zapatos en cloro y ducharse por si las moscas. Como me decía una amiga colombiana, “es un proceso engorroso y más laborioso que un parto de primeriza (¡Ay, Dios!)

Ahora bien y para chavar más el asunto, debo compartir con usted que mi esposo es bien orejón y en la escuela primaria y en la high los compañeros malos lo llamaban “Dumbo.” Eso le viene por la familia porque al abuelo, la esposa le decía cuando hacia calor que moviera la cabeza para que la abanicara. Bueno, de tanto usar las máscaras y por la presión de los elásticos en las últimas 16 semanas, las orejas de Liborio se han ido inclinando hacia adelante como le pasa a los elefantitos y el hecho se ha transformado en algo notorio porque cuando hace viento debe caminar de espaldas para que no le entre polvo a los oídos y quede más sordo de lo que es. En el edificio donde está nuestro sagrado hogar, los títeres le llaman “radar.”

Con todos estos sobre nombres “Orejín” que es el apodo que yo le tengo con cariño, se me ha ido amojonando y ahora teme ir a sitios públicos porque la gente le mira y según él, cuchichean y se ríen. Estos hechos también están haciendo más pesada esta cruz de las restricciones y los potocolos porque ahora como a él le da pachó salir, soy yo y mi hijo Tano que parece no regresará al colegio en agosto y deberá seguir con las clases por Zoom (¡Oh my God!); quienes tenemos que cargar con el peso de las compras.

Como es verano no es posible que Liborio use un sombrero que le cubra las orejas y mi hijo le recomendó que se comprara unos audífonos grandes para simular que está escuchando una radioemisora a la que llaman “La Moto Loca,” por el condenado bullicio y el griterío. También le hemos recomendado, y como trabaja desde la casa, que por ahora se deje el pelo largo que le cubriría los abanicos.

Mi consulta tía es si es posible que algún cirujano le achique las orejas a Liborio y si esto de la Pandemia pasará o no pasará para hacernos ya la idea. Esperamos su siempre gentil respuesta.

Lolita


RESPUESTA

Querida Loli,

Lamento mucho lo de tu esposo Liborio que desde niño ha sido victima de huasas, sobrenombres, apodos, motes y remoquetes.

Debo confesarte querida sobrina que estuve reticente y circunspecta a publicar esa parte de tu e-milio y sentí la obligación de comunicarme con las autoridades de este periódico y con unos amigos expertos en ética quienes me aconsejaron que no era mala idea que los lectores leyeran como por una irregularidad física se pueda afectar de tal manera la auto estima de Liborio a quien me imagino también le habían corrido la maquina por esto de su nombre.

Tu misma en el seno sagrado del hogar y en el matre donde yacen me contabas que te parecía muy sexy cogerle a Libo las orejas durante el acto lo cual te provocaba oleadas de pasión. En fin.

Yendo ahora a tu consulta cuya respuesta también ayudará a otras personas con otras anomalías genéticas en las fases que desde que se hizo popular la anestesia y los zurcidos invisibles, es posible modificar los así denominados defectos como maxilares inferiores prominentes, boca grande, e incluso el tamaño del cráneo.Esto último es preferible tratarlo con nenes menores de cuatro años.

Lo que ustedes tienen que buscar y comunicarse es con un ciruja experto en una cirugía “otoplasty” que pueden con sus destrezas y con unos $4,000 billetes, agrandar, achicar, redondear o variar sustancialmente la forma original de las orejas o la oreja, según sea el problema. De acuerdo a la información que me proveyó un amigo que nació con una orejita y tuvo que implantarse otra plástica, en el caso de una reducción se trata simplemente de que, con un bisturí afilado, la mano experta del ciruja y por supuesto la anestesia local o total; se corte con mucho cuidado el exceso de cartílago, que es la parte dura de la oreja y recortar el exceso de piel. La incisión puede extenderse por 10 o 15 milímetros en la parte posterior de la orejita y este tipo de cirugías se hicieron en sus orígenes para tratar casos de cáncer en la piel y fueron muy exitosas.

Loli, la cirugía plástica hace milagros y se puede achicar o agrandar partes del cuerpo y es cosa de ver a las artistas y los rostros de algunas personas que se están haciendo cirugías en la cara de un modo frecuente y sino, miren a la Pili Mili, aunque ella también va al gimnasio.

Por supuesto que tu esposo deberá hacerse exámenes previos y el del Covid-19 para asegurarse de que sea un buen candidato para la transformación que le ayudará a Libo a potenciar su autoestima

En relación a tu segunda pregunta que agradezco, tu sabes que Trump comenzó a abrir de nuevo la con lengua y exhibir sus dientes blanqueados en las conferencias de prensa acerca del virus; pero no está invitando al Dr. Anthony Fauci quien le corregía las estupideces e ignorancias que decía.

Loli, lo que hay es lo que hay como decía San Pablo y si la gente no sigue las instrucciones y toma y asume esta situación seriamente parando las fiestecitas Coronas, la asistencia a demostraciones públicas de Trump en las que a él le gusta ver a sus partidarios contagiándose; realizando comelatas y bebe latas sin máscara; el asunto va a continuar para mucho rato más. El Dr. Fauci no es ningún charlatán y este ignorante de la presidencia trata inútilmente de igualarse a él y al expresidente Obama, cuestión que solo lograría naciendo en otra familia.

Suerte con Libo y envíame una foto “antes y después.”

Los quiero mucho demasiado,

Tía Julia


Comentarios a los Consejos de la Tía Julia.
Me preocupa que estén sacando a las milicias para aplastar protestas justas. Ni los palos ni los gases tóxicos de Monsanto pueden detener a quienes preocupa este gobierno y a los que ya no tienen chavos. Tule Machuca de Springfield, Mass.


 

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