2014, ¿será un año fatídico para el sistema escolar de Estados Unidos?
Por Juan Daniel Brito
No se trata de la posibilidad de que un meteorito caiga sobre el planeta tierra, ni de una de las temidas fechas mencionadas por el Dr. Nostradamus en sus espeluznantes y apocalípticas profecías. Sin embargo, es una fecha muy esperada y los próximos ocho años son ya motivo de profundo análisis para estrategas educacionales no solo del Estado de Connecticut, sino que de todo el país.
Es que en el 2014, es decir, en ocho años más, el texto de la ley federal «No Child Left Behind» que es uno de los pilares de la agenda política del presidente George Bush, dictamina que el 100% de todos los estudiantes de los sistemas escolares del país deberán alcanzar las expectativas académicas establecidas por Washington, so pena de sufrir las consecuencias.
En otras palabras se espera que todos los niños y jóvenes de los Estados Unidos de Norteamérica, sean éstos diestros o no en el idioma inglés, tengan o no excepcionalidades físicas, académicas, emocionales o mentales; sean ricos o pobres, blancos, afroamericanos, latinos, o asiáticos; dominen en ese año crucial la totalidad de las destrezas académicas prescritas por el gobierno.
El espíritu de esta legislación irradia a primera vista un sentido de justicia y de equidad en un país afectado por una profunda crisis educacional caracterizada por el hecho de que en el siglo XXI y comparado con las naciones europeas, Estados Unidos no es en la actualidad un modelo de aprovechamiento académico al menos en sus más populosos centros urbanos.
Para llegar a este 100% en el año 2014, esta pieza legislativa ha establecido pasos y una meta que cada año varía inexorablemente, apuntando al ansiado 100%. Es así como en los inicios de su aplicación, se exigía que alrededor de un 40 por ciento de los todos los niños alcanzaran las metas académicas exigidas por el Estado y el gobierno. Ese porcentaje ha ido aumentando al 46, 50, 60 por ciento, y así sucesivamente, hasta que en el año 2014; el objetivo estratégico es que todos los estudiantes de los Estados Unidos alcancen algo que al menos ahora, para los sistemas escolares de centros urbanos como Hartford, Boston, Nueva York, Chicago, Miami, aparece casi como un imposible.
«En la actualidad, hablando de Connecticut y a ocho años del plazo final, ni los sistemas escolares de pueblos acaudalados mayoritariamente de raza blanca como Norfolk, Union, New Canaan o Darien, con estudiantes cuyos padres tienen estudios universitarios y recursos extras para ayudar a sus hijos; han logrado que el deseado 100 por ciento de sus estudiantes logren dominar a cabalidad las destrezas académicas requeridas en matemáticas, lectura y escritura. No queremos ser pesimistas, pero estimamos que si no varían los perfiles económicos y sociales de miles de ciudades y centros urbanos de los Estados Unidos, y no aumentan los recursos y el apoyo federal para sus sistemas escolares en crisis, la idea de alcanzar esa meta en ocho años es casi un imposible,» afirma Richard Berg en un artículo publicado en una revista especializada en temas educacionales.
De hecho, y de acuerdo a investigaciones efectuadas a nivel nacional, se necesitan un mínimo de diez años de trabajo continuo y consistente para que un sistema escolar empeñado en una reforma educacional real logre cambios profundos como los requeridos por el gobierno federal y el Departamento de Educación de Connecticut. En otras palabras ocho años, que es el tiempo que queda para el 2014, no es en absoluto suficiente, aunque podemos estar de acuerdo que un intento de reforma de este tipo comenzó en Hartford en 1999, se obtuvo algún progreso, y el sistema escolar había logrado salir del final de la lista negra de No Child Left Behind.
A siete años de esos esperanzadores comienzos, la situación a regresado al punto cero.
También se sabe que el cambio requerido no solamente debe producirse al interior de las escuelas y en los salones de clases, sino que dentro de algunas familias que hasta ahora por razones diversas no dan suficiente apoyo y motivación a sus estudiantes. Del mismo modo se deben producir cambios drásticos en los vecindarios donde en la actualidad predomina la violencia, el tráfico de drogas y la pobreza, y en los que jóvenes inocentes caen víctimas de las balas de pandillas juveniles, o viven bajo una tremenda presión emocional debido a los tiroteos y los asaltos cotidianos.
Pero lo más importante de acuerdo a los expertos, es que debiera existir una voluntad de ayuda y asistencia de parte del gobierno central hacia los sistemas escolares en crisis que hasta ahora solo han recibido exigencias y plazos perentorios para el cambio, pero sin el necesario flujo de dólares que permita entre otras cosas aumentar significativamente y a corto plazo la cantidad de tutores en matemáticas, lectura y escritura cuya notoria disminución o simple ausencia en las escuelas elementales, es ahora una de las áreas «talones de Aquiles» de los sistemas escolares en dificultades, (léase Hartford, New Haven, Bridgeport, New Britain, o Waterbury).
«De no producirse esos cambios que no solo apuntan a los salones escolares sino que al sistema total, es posible predecir que el año 2014 podría ser el de la bancarrota educativa de esta nación,» opina Berg.
La ley utiliza para comprobar el cumplimiento o incumplimiento de las exigencias de No Child Left Behind, los resultados de las pruebas académicas estandarizadas anuales CMT que evalúan el rendimiento escolar de los estudiantes de tercer a octavo grado y estos exámenes son el barómetro omnipresente que de manera inequívoca dejan saber quienes se acercan o se alejan de la meta. Los recientes resultados en la mayoría de las ciudades con una población afroamericana o latina predominante en Connecticut, no son en absoluto alentadores, aunque «se nota un avance y progreso,» en las palabras de la Dra. Jacqueline Jacoby, Superintendente interina de escuelas de Hartford.
Como el espíritu de la ley es curiosamente coercitivo, «aquellas escuelas que no logren alcanzar los estipulado por la legislación deberán ser ‘reconstituidas,’ es decir sus administradores o maestros transferidos de una manera obligatoria a otras escuelas y los padres de los estudiantes ser informados de que esa escuela en particular no está brindando una enseñanza que permita a los niños o jóvenes adquirir las destrezas necesarias.» El gobierno federal ha anunciado que retirará además los fondos de ayuda a los sistemas que fallen en esta empresa educativa.
En las actuales circunstancias de un aumento creciente de la pobreza en este país, ¿cuántas escuelas en Hartford, Connecticut y los Estados Unidos lograrán superar este purgatorio de aquí al año 2014?
Recordemos que en Hartford las escuelas que no están en las listas negra se pueden contar con los dedos de una mano y que tan pronto como el año 2007, las que no logren salir de ella sufrirán a corto plazo las consecuencias de la reconstitución.
Fin de la primera parte. JDB |