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EL PERIÓDICO SEMANAL DIGITAL DE LA VOZ HISPANA DE CONNECTICUT

 
 

¿Podría suceder lo acaecido en Virginia Tech. en Connecticut?

Por Juan Daniel Brito

  Semejante al impacto que tuvo en la opinión publica nacional y mundial lo acaecido hace solo algunos años en una escuela superior de Columbine donde varios estudiantes mataron a balazos a compañeros de clases, o el atentado terrorista en contra del edificio federal localizado en Oklahoma perpetrado por un grupo extremista y que costó cientos de vidas inocentes; el reciente asesinato de 32 personas en la Universidad Tecnológica de Virginia a manos del estudiante surcoreano de 23 años Cho Seung Hui; ha llegado incluso a opacar por algunos días los diarios sucesos de matanzas en Irak.
Sintiendo que su sacrificio era semejante al de Jesucristo, Cho asesinó a 2 personas a sangre fría el lunes 16 de abril en dos episodios distintos de crímenes perpetrados a las 7:15 de la mañana en uno de los edificios de dormitorios de la universidad, y otro a las 9:06 a.m. en un aula de clases de la escuela de ingeniería.
La incapacidad del sistema de seguridad de este recinto universitario para predecir que después del primer atentado que sesgó dos vidas, vendría un segundo episodio de violencia que costaría la vida a treinta estudiantes, plantea problemas que hay que solucionar a la brevedad ya que el correo electrónico no fue suficiente para prevenir la segunda matanza.
El recinto universitario localizado en Blacksburg, Virginia, cuenta con una población de 26,000 estudiantes provenientes de todas partes del país y es uno de los típicos centros universitarios de la nación, relativamente aislados de áreas urbanas donde los jóvenes estudian sus carreras permaneciendo como mínimo entre cuatro y cinco años. «Es una verdadera ciudad con sus propios sistema de seguridad, bomberos, oficinas de correo, tiendas, dormitorios para sus estudiantes, aulas de clases, campos de deportes, cines, periódicos, radioemisora, y circuito cerrado de televisión que comunica a sus estudiantes y profesores,» explica Bruce Burton de West Hartford que estudió allí por cuatro años.
En la medida que las informaciones fueron llegando a periódicos y medios de prensa mundial, se logró establecer el perfil del victimario que viajó con su familia desde Corea del Sur a los Estados Unidos a la edad de ocho años y se ajustó a través de 15 años a una cultura e idiomas distintos. La situación de Cho Seung Hui no era en si diferente a la de cientos de miles de jóvenes que han nacido en otros países y que con visas de estudiantes o de residencia en los Estados Unidos, prosiguen estudios especializados en las conocidas y caras universidades de esta nación.
Por lo que hasta ahora se conoce, incluido los textos de dos obritas de teatro pertenecientes a Cho Seung Hui, fotos y documentos que envió a la cadena NBC, y testimonios de quienes le conocían; se está llegando a la conclusión de que el joven era de un carácter solitario y hasta hostil, no se comunicaba con sus compañeros sino a través de monosílabos, y tenía mucha rabia contenida que expresaba a través de la computadora, y en sus trabajos académicos..
De acuerdo a las últimas informaciones, Cho sentía odio por los más acaudalados y por el tipo de vida que llevaban en la universidad. Acusaba a los ricos de hedonistas, implicando que el foco de sus existencias eran solamente el placer y la lujuria. Sin embargo el estudiante se identificaba a si mismo con un mero signo de interrogación pero nadie sabía que había comprado durante los meses de marzo y abril dos armas de fuego y municiones que utilizó en su expresión final de ira descontrolada.
Ante la pregunta de si habría sido posible evitar el desenlace en la vida de este atribulado estudiante que después de acribillar fríamente a 32 personas y dejar a unas quince heridas se disparó un tiro que le mató y destrozó la cara; el Dr. Luis Avalos, siquiatra radicado en Connecticut, dijo que Cho Seung Hui cayó en un estado de total irracionalidad cuyas consecuencias fueron mucho mas allá de una mera venganza.
«Sus actos no responden a ninguna lógica ni pauta normal de comportamiento,» dijo el facultativo que por su profesión debe tratar en muchas ocasiones con casos severos de personalidad.
«Toda la información acerca de Cho se ha ido acumulando solamente después de acaecidos los luctuosos sucesos del pasado lunes y de acuerdo a ella, el victimario era un joven inteligente pero con problemas de personalidad, que evitaba interactuar con otros, solitario, al parecer con serios problemas de identidad que le llevaban a firmar sus trabajos solo con un signo de interrogación, que conducía su bicicleta por las noches en la total oscuridad, y que habría estado recibiendo tratamiento psiquiátrico que incluían medicamentos. Eso lo sabemos ahora, pero su caso no había aun logrado llamar la atención de las autoridades a pesar de que una de sus maestras de inglés había intentado conseguir ayuda para el estudiante,» dijo Avalos.
De hecho no hubo ningún hecho o señal previa que hiciera temer el final que culminó con la masacre, y nadie sabía que Cho había comprado dos pistolas y municiones aprovechando la gran facilidad que tienen los ciudadanos de este país para adquirir armas. El victimario no tenía antecedentes policiales y solamente su soledad y ausencia de comunicación con incluso sus compañeros de cuarto serían indicadores de un peligro potencial.
«La Universidad Tecnológica de Virginia es como una ciudad, pero su diferencia con un centro urbano real, lo constituye el hecho de que la mayor parte de su población fluctúa entre las edades de 18 años y los 27. Son miles de jóvenes inteligentes, idealistas, enfocados en sus estudios y carreras, pero que deben ajustarse a un estilo de vida que podría precipitar una crisis en un joven extranjero que aunque hablaba muy bien el Inglés e incluso se especializaba en este idioma, no lograba ajustarse a los patrones culturales de este país al que criticaba,» dijo el Dr. Avalos quien cree que la posibilidad de detectar las intenciones del perturbado Cho Seung Hui, eran absolutamente limitadas y no daban necesariamente indicios del plan de acción letal que culminaría con la tragedia.
Por esto mismo, lo sucedido en Virginia podría perfectamente volver a suceder ya que lo que se sabe ahora acerca de Cho Seung, no era de conocimiento de las autoridades previos al fatídico lunes 16 de abril y la existencia de estudiantes perturbados mentalmente no es necesariamente detectable.
Nuevos actos crasos de violencia se han repetido en menor escala y son semejantes a las matanzas de la escuela superior de Colombine, o a otros intentos frustrados de estudiantes que como uno de la escuela superior de Newington, en Connecticut, planeaban utilizar explosivos para perpetrar una matanza en esa escuela localizada a pocas millas de Hartford.
En Connecticut si bien es cierto muchos recintos universitarios están cercanos o en el medio de centros urbanos como es el caso de la Universidad de Yale de New Haven y del colegio Trinity en Hartford, la única que por número de estudiantes y una relativa separación de ciudades más grandes se asemeja a la de Virginia, es la de la Universidad de Connecticut localizada en el pequeño pueblo de Storrs.
Las posibilidades de detectar posibilidades de actos de violencia de esta magnitud son limitadas debido a que los tratamientos psiquiátricos son en este país altamente confidenciales y aun para especialistas como el Dr. Luis Avalos sería difícil predecir las intenciones de una mente enferma pero inteligente capaz de ocultar planes de auto destrucción o de masacres.
«Los pacientes saben que las ideas suicidas u homicidas son las excepciones en las estrictas reglas de confidencialidad y del derecho a privacidad de información médica, pero también debemos recordar que mentes perturbadas no tienen necesariamente que compartir sus intenciones finales y que solamente por medios indirectos, observación y pruebas especializadas, se podría vislumbrar un umbral de peligro,» agregó el Dr. Avalos.
Después de esta tragedia imprevisible, lo que queda claro es que las universidades requieren de sistemas rápidos de alarmas que tendrían que incluso incluir sirenas de emergencia que permitan en una verdadera ciudad, prepararse para lidiar con la presencia de seres enloquecidos y armados. Por otras parte un sistema de detección temprana de trastornos serios de la personalidad ayudaría por otra parte para identificar casos de riesgos, pero hasta ahora los sistemas de admisión no consideran exámenes psicológicos, ni pruebas proyectivas para conseguir un perfil emocional y metal de los estudiantes y de este modo saber si están aptos para sobrevivir cuatro o cinco años separados de sus familias, culturas y medios ambientes. Con las agresivas campañas de reclutamiento de estudiantes, las universidades están más preocupadas de los buenos logros académicos y puntajes, pero no necesariamente de la madurez emocional ni estado mental de sus potenciales estudiantes.
Quizás ahora, después de la masacre de la Universidad Tecnológica de Virginia, haya llegado el momento de actuar y prevenir.

 

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