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ElEstamos a punto de celebrar un importante y significativo evento en el mundo cristiano: la Natividad del Niño Jesús. Año tras año celebramos un simbólico renacer y renovamos esperanzas de encontrar un amor puro, de vivir en genuina paz, y de lograr una firme y verdadera justicia.
Nos saludamos y compartimos en alegre camaradería, escuchamos la música de nuestros lejanos terruños, gracias a la magia de la sofisticada tecnología que llega a lugares inimaginables. Los manjares típicos de la época se comparten en el seno familiar con los seres queridos. Intercambiamos regalos en un simbólico gesto para rememorar a aquellos tres magos del oriente que le ofrendaron incienso, mirra y oro al que había nacido en aquel humilde pesebre. Esta es una época para analizar y meditar sobre lo que nos ha ocurrido personalmente o alrededor de nuestro mundo en los últimos doce meses. El Nacimiento es el comienzo de una nueva vida, de renovar fuerzas para las nuevas luchas. Es el escudriñar en nuestra conciencia los logros y las derrotas para enmendar de una manera u otra el camino a seguir.
Es el tiempo que nos evoca recuerdos de años pasados, de familiares y de amistades que no tenemos cerca o que el inexorable tiempo nos los ha separado de nuestras vidas. Reiremos y lloraremos.
Tenemos que tener la justa perspectiva y la clara conciencia de que en el mundo hay millones de personas que ni tan siquiera tienen la esperanza de tener esperanzas. Hay muchos que pasan hambre, hay otros cuya suerte es peor y su única compañía es una desolada y fría calle.
Hay quienes no reciben ni una mirada de lástima y en nuestro egoísta individualismo no reconocemos el dolor humano en el herman@ de la esquina. Es triste señalar que en nuestro ajorado, materialista y chabacano celebrar cuantas veces nos olvidamos del verdadero propósito de nuestra celebración. Y peor aun nos olvidamos de los desventurados, de los que no tienen nada, de los desamparados, de los huérfanos de calor humano. Tengamos en nuestras resoluciones hacer de este un mundo mejor. Busquemos la verdad que nos hará libres.
El virus de la globalización tiene al mundo sumido en una profunda crisis y cada día que pasa se siguen sumando las desgarradoras experiencias de los seres humanos víctimas de los desmanes y abusos de los que se creen ser dueños del mundo. Parece ser que el afán de los corruptos internacionales es el de llenar sus bolsillos a costa del sudor y sufrimiento ajeno. La lista de estos elementos de inescrupulosa reputación es larga.
En el mundo de la política parece ser que a algunos poco tiempo les queda. Esperemos que el año que se nos avecina no nos lance hacia mayores adversidades.
Puerto Rico no ha dejado de ser la vitrina de los estadounidenses en el mundo. La Isla es la perfecta imagen de lo que nos ha legado la historia de 500 años de un coloniaje inescrupuloso, donde los asaltantes de turno, ya fueran estos españoles o estadounidenses se cebaban y ceban del patrimonio nacional. Siempre embaucando a un pueblo noble con relucientes baratijas o con salarios miserables.
Extraordinario ha sido este año para el pueblo puertorriqueño, pues la combinación de un gobierno compartido entre los penepeistas (Partido Nuevo Progresista) y los populares (Partido Popular Democrático) destapó la mal oliente olla de corrupción existente en nuestra sociedad. La putrefacta legislatura puertorriqueña, donde los rodea un hedor a inmoralidad es un símbolo más de cómo está la situación general del país. Los degenerados que se enriquecen desfachatadamente con toda clase de violaciones campean por sus respetos, como vil truhanes que perdieron su humanidad. La crisis llega a mayores proporciones cuando atraídos por la podredumbre, la carroña despreciable de otros países se han unido a la corrupción local para saquear hasta el último lamento borincano.
Si bien es cierto que esto no es nada nuevo para la humanidad, también lo es la frecuencia asfixiante en que está ocurriendo. Los pueblos tienen grados de tolerancia y si no saben como responder a la violencia a la que están expuestos tendrán que continuar en las cavernas de los que no han visto la luz.
Es interesante que sectores que no se daban por enterados o ignoraban la historia de la humanidad, hoy hagan público su indignación por la violencia ejercida en contra de la mayoría del pueblo. Hoy comienzan a ver la luz y señalan sin titubeos la distancia entre las clases y las luchas entre estas. Estos que acaban de descubrir la rueda, no hay duda que ofrecen esperanzas a un mundo nuevo y a un hombre nuevo.
Yo invito a mis herman@s, a hacer como hizo El Nazareno, a echar del templo de nuestra vida a los mercaderes que lamentablemente se han querido apropiar de nuestros valores, de nuestro don de ser, de nuestra humana dignidad. Debemos comenzar a exigir respeto, respetando a los que lo hagan con nosotros. Seguir sonriendo con natural alegría y llorar y entender especialmente a los menos afortunados. Nadie nos silenciará cuando tengamos que defender lo que sea justo. Aprenderemos a decir ¡Basta! Rendiremos cuentas de nuestros actos pero tendrán que rendirnos cuentas a nosotros también. Decirle al mundo que sentimos, que existimos, que valemos y que no somos un simple número estadístico. Defenderemos con amor y sentido de justicia a los menos afortunados, especialmente a nuestra gente y a nuestros herman@s latinoamericanos.
Esto es una invitación a escudriñar en el fondo de nuestra conciencia los valores que nos han inculcado. Valores que muchas veces hemos reprimido y que han sido acondicionados para responder a los mercaderes del templo. Sé que para poder sobrevivir tendremos que sacudirnos de lo que se nos ha impuesto, yugo que se hace cada día más pesado y odioso. No podremos vivir condenados a una actitud pasiva, mientras nos despojan de lo que es legítimamente nuestro, sea este nuestro idioma, nuestra tierra, nuestras playas, nuestro aire, nuestros bosques, nuestra fauna, nuestra alegría, nuestra música, nuestros pensamientos o nuestra tristeza. Ya sea aquí o en los confines de Tierra del Fuego.
Celebremos El Nacimiento y que éste sea uno de verdadera Esperanza, Amor y Justicia.
¡Felicidades! |