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DESDE MI ESQUINA
Un poco de historia
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"Los pueblos deben acariciar siempre un ideal, no ideal de conquista de dominación, de tiranía, sino ideal de justicia,
de fraternidad, de progreso”.
Mariano Abril.
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George W. Bush va a cumplir ocho largos años en la presidencia de los Estados Unidos de América. El 7 de noviembre del año 2000 el candidato por el partido demócrata Al Gore y entonces vicepresidente de esta nación estaba al frente con 260 votos electorales sobre su contrario republicano George W. Bush que entonces tenía 247 votos. Sólo faltaba el conteo del estado de Florida, con sus 25 votos electorales y como lo dicta la ley electoral en ese estado todos los votos irían al vencedor. El resto de lo que pasó es historia, pero no de la que enaltece a una nación. Fue en ese momento en que se acabó de destruir el mito de unas puras y sagradas elecciones, donde el brillo de la democracia se fue al piso y finalmente comenzó a relucir la decadencia del sistema.
No es de extrañar que fueran los republicanos escondidos detrás de un patriotismo vitriólico los que le asestaron una puñalada mortal a un supuesto sistema democrático. En unas elecciones que siempre han sido utilizadas como imagen de pulcritud vimos como un George W. Bush (el hijo de un ex director de la CIA e hijo de un ex presidente) obtiene medio millón de votos menos que su oponente y gana con los votos electorales del estado del cual su hermano es gobernador. Pero es la decisión de los jueces de la Corte Suprema que le da el toque final al otorgarle a Bush el deseado poder. Es interesante señalar que seis de los nueve jueces habían sido nombrados a sus puestos por el padre de George W. Bush cuando fue vicepresidente o presidente de los Estados Unidos de América. A buen entendedor con pocas palabras basta.
En enero del 2001 tomó posesión como primer ejecutivo de este país este personaje ausente de legitimidad por su ya desacreditada elección. Mientras tanto su contrincante Al Gore se dedicó a otros asuntos más mundanos. Finalmente escribió dos libros y como consolación le otorgaron el Premio Nóbel de la Paz en el 2007. El flemático Al Gore ahora es un “inquieto defensor” del medio ambiente.
¡Qué pena que cuando fue vicepresidente el medio ambiente no tuvo mucha importancia para él!
Desde el principio a Bush no se le auguró grandes éxitos en la Casa Blanca. El “wannabe” tejano “sorprendido” por el ataque a las torres gemelas de Nueva York y al Pentágono en Washington, aquel funesto 11 de septiembre, se lanzó al ataque de los “molinos de viento”. A los especialistas republicanos, maestros del engaño, habiéndose ya afianzado en el poder, les vino a pedir de boca el triste ataque de esa histórica fecha. Es de aquí en adelante que los magos de la decepción aprovecharon la conmoción de la tragedia creando un miedo colectivo en toda la nación. Los titiriteros de Bush en contubernio con los grandes intereses y los grandes medios de comunicación silenciaron a la gran mayoría de los congresistas de ambos partidos.
Amedrentados por un sentimiento patriótico irracional impuesto por Bush y su cuadrilla de presumidos bravucones, envolvieron al país en un estupor contagioso que se regó con asombrosa efectividad. La ambición desmedida del grupito en la Casa Blanca no tuvo límites.
Estos con poca sutileza y con la arrogancia de los que se creen que el poder les otorga, se encargaron de destruir las pocas esperanzas que tenía la razón para creer en ellos. Con la oposición de las Naciones Unidas y con el respaldo de un puñado de naciones invaden a Irak. Con información falsa suministrada por sus agencias de inteligencia, el Presidente de los Estados Unidos engañó al Congreso de su nación, no solamente justificando la invasión a este último país sino deteriorando las relaciones con el resto del mundo. Pero el presidente de mentira tenía el ojo puesto en los billones de dólares que representaba esta invasión. El oro negro que está asentado en las entrañas de esa nación persa le dio visiones al presidente estadounidense de armas de destrucción masiva amontonadas una encima de la otra. Pero estas armas nunca fueron encontradas. Esto no evitó que se invadiera al gran pozo de petróleo; única y limitada visión de los embaucadores de Washington. Y allí volaron aviones, y cayeron bombas y todo cayó con el paso de las tropas invasoras. Mientras tanto el presidente en otra parte del mundo celebró la victoria, con su mueca a flor de labios, que no se sabe si es por su presumida arrogancia o porque está totalmente enajenado de la importancia de sus acciones. Desgraciadamente para la nación que no eligió a Bush como su presidente, la que sus legisladores guardaron silencio cobardemente y la nación que por un aletargado periodo de tiempo lo respaldó, comenzó a sentir los efectos de la resistencia de los pobladores de la antigua y brillante civilización mesopotámica. Quizás los iraquíes, por conocer bien su historia o por conocer la historia de los que los han invadido tantas veces, no han sido presa fácil de los engaños y maquinaciones de los que tratan de quitarle su patrimonio nacional.
Esta guerra ya le ha costado a los Estados Unidos la vida de miles de jóvenes norteamericanos y billones de dólares mantener esa ocupación en territorio iraquí. Por desgracia esa fue la limitada percepción de un gran por ciento de la población y de la gran mayoría del liderato de este país. No podemos olvidar a los cientos de miles de iraquíes que también han perdido la vida y la destrucción material y espiritual de esa nación.
Para el presidente y sus asociados, la inversión en Afganistán y en Irak siempre ha sido vista como un negocio donde los soldados de los Estados Unidos de América son accesorios para las verdaderas intenciones de los que manejan el poder económico. El pueblo estadounidense fue arrastrado por la turbulencia y la histeria al sumidero de mentiras creado por su gobierno. La burla perpetrada a su propia gente no debe ser tomada a la ligera. Estos falsos profetas de la democracia le han mentido al mundo entero con la indolencia de un criminal empedernido. Las acciones de este gobierno forzaron a las Naciones Unidas a eliminar a los Estados Unidos de América de la respetada Comisión de Derechos Humanos. Como si eso no fuera nada los EEUU se retiraron de la Corte Mundial de Justicia y no permitieron el acceso de inspectores internacionales a los prisioneros de guerra, y no acataron ni respetaron a la Convención de Ginebra en lo relacionado a los prisioneros de guerra. Han guardado silencio sobre los cobros de compañías que le han facturado excesivamente a su propia gente. Han tratado de ocultar el maltrato de prisioneros en Afganistán y en Irak.
Han creado historias de actos de heroísmo cuando estas eran falsas.
Mientras tanto en el continente americano, el Sr. Bush, insistiendo en sus mentiras, llevó a la economía de su país al mayor déficit en la historia nacional, perdiendo millones de empleos Por otro lado, Bush ha sido el presidente que más beneficios ha cortado a los desempleados. Habló de defender a las Fuerzas Armadas pero redujo los beneficios a los veteranos de guerra. Los fondos federales para la salud y la educación cada día disminuyen más. Ha recortado programas sociales esenciales a los ancianos, a los niños, a los pobres, a los necesitados.
Ante ese nefasto cuadro entramos en primarias para seleccionar el nuevo presidente de esta nación. La gente quiere creer. El problema es que todavía nos rodean los falsos profetas que ahora con un poco de maquillaje nos endilgan a los mismos políticos que infamemente callaron cuando tenían que exponer y combatir a los que tienen a esta nación al borde del desastre. Pero esos políticos que ahora quieren gobernar este país optaron por guardar silencio cuando tenían que hacer lo contrario y hoy le pasan la factura a los grandes intereses para convencer a los ingenuos de esta nación para que voten por ellos.
Ojalá que el pueblo sepa escoger o tenga alternativas decentes en las próximas elecciones. |