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EL PERIÓDICO SEMANAL DIGITAL DE LA VOZ HISPANA DE CONNECTICUT

 
 

DESDE MI ESQUINA
“El amor y el interés se fueron al campo un día…”

 


“De la ingenuidad no es fácil curar a nuestro pueblo; por eso vemos tanto ñame exaltado a la categoría de eminente batata”.
Ignacio Guasp Vergara
 

El pretender cambiar la celebración del 28 de diciembre en muchas localidades de nuestra América Hispana y en partes de España, se podría considerar una aberración. Ese día, para los que no lo saben, se conmemora en muchas de estas regiones el Día de los Inocentes. En épocas recientes este día se ha relacionado con la práctica de tomarle el pelo a los conocidos y los por conocer. Podríamos decir que usando la imaginación se elaboran esquemas de situaciones que no son reales pero aparentan serlo, de manera tal que la víctima (amig@) desprevenid@ se convierte en objeto de la mofa o del engaño del burlador. En los vecindarios estadounidenses tenemos algo similar el día primero de abril. No hay duda que una buena broma nos hace circular la sangre por nuestro adormecido sistema vascular. El problema es que la víctima es objeto de la broma o la mofa puede tener poco sentido de humor y reaccionar airado y molesto. El propósito es que todos se den cuenta de la broma o el engaño y pasen un buen rato.
Hoy les pido permiso para cambiar esta fecha para “conmemorar””la inocencia” de la gran mayoría de los puertorriqueños. El escenario absurdo de esta tragicomedia es Puerto Rico. El libreto está escrito por los personajes de la política estadounidense, especializados en crear ilusiones ópticas o que con su poder económico compran los favores necesarios. La trama son unas primarias (elecciones) que tienen importancia para dos candidatos extranjeros que apenas han visitado a la Isla y mucho menos conocen de nuestra idiosincrasia de pueblo; que machacan malamente el español en unos anuncios pre grabados y que con el ya conocido tacto imperial han impuesto a la trágala su estilo particular de hacer de la política un negocio.
Naturalmente estos dos “salvadores” del pueblo puertorriqueño están acompañados por el sequito de aduladores y “vela güiras” que los rodean. En la Isla del Encanto no nos debería sorprender nada, acostumbrados a bregar todos los días con el fraude y el engaño, hemos desarrollado un casi instinto natural para reconocer cuando nos tratan de timar o pasarnos “gato por liebre”. Hemos aprendido a sobrevivir en la jungla moderna, aunque siempre están los incautos que son inocentes por naturaleza. A ese sentido de “hospitalidad” boricua le añadimos el “ay bendito” y la ecuación es perfecta. Por eso permitimos a “los corillos” de inescrupulosos que hacen alardes de ser legisladores o representantes del pueblo(siempre hay excepciones) y a los “empresarios insaciables”, que no se les mueve un músculo de la cara cuando se trata de arrebatarle al pueblo de Puerto Rico su cada día más y más reducido patrimonio. Pero los puertorriqueños o tenemos una fe increíble en el ser humano o sufrimos el enfermizo síndrome de la mujer abusada, que regresa al abusador aun cuando sabe que será abusada nuevamente. Yo prefiero creer en la primera opción y en la inocencia de mi pueblo. Por eso es que me pregunto hasta donde llegará la sensibilidad del pueblo boricua.
Primero llegó Bill Clinton, armado de su simpática sonrisa (especialmente cuando esta le produce millones de dólares) como una antesala a la llegada de su esposa, la candidata a presidente por el Partido Demócrata, la Sra. Hillary Clinton. A Bill lo llevaron al residencial público Luis Llorens Torres, el cual lo acondicionaron de tal manera que más parecía “la residencia del gobernador” que las residencias de un sector de la población con graves necesidades. A Clinton lo invitaron a comer, declinando el ex presidente las sabrosas golosinas puertorriqueñas para seguir en su ajorada ruta para otras cortas visitas. Clinton visitó a Barceloneta y Ponce, donde en este ultimo lugar fue recibido por una menos amistosa manifestación de independentistas. El Sr. Clinton sin embargo fue muy bien recibido por los miembros de la Asociación de Industriales de Puerto Rico en el lujoso Condado Plaza. Allí, claro está, acepto las golosinas y compartió cómodamente.
Chelsea Clinton también estuvo en Puerto Rico, suavizando la llegada de su conocida madre. Luego llego la candidata Hillary. Con una ajorada agenda la Sra. Clinton visitó e hizo declaraciones a la prensa puertorriqueña. La Sra. Clinton prometió y prometió, incluyendo el voto presidencial, aunque esto equivaldría a una enmienda constitucional que el Congreso y el pueblo estadounidense tendrían que aprobar. En su desenfreno por el poder político parece que la ex primera dama de EE.UU., esta dispuesta a darle lo “que el pueblo pida”. La candidata siempre hizo la salvedad de que después de que los puertorriqueños se pongan de acuerdo entonces ella respetará la decisión del pueblo. Lo único es que los puertorriqueños han estado solicitando desde antes de la invasión estadounidense en el 1898, los poderes que han exigido todas las demás naciones del mundo y que se le han negado a nuestra Isla. Puerto Rico se ha quedado rezagado a pesar que comenzaron a reconocer su unidad nacional para el 1797, cuando las milicias puertorriqueñas derrotaron a un poderoso contingente inglés dirigido por el general Abercromby. Fueron muchos los intentos de los puertorriqueños en lograr más libertades, incluyendo el Grito de Lares en el 1868. Finalmente consiguieron efímeramente la Carta Autonómica de España en el 1897, que les concedía mayores poderes que los que existen hoy en la “relación” con los Estados Unidos de América.
También se le ha olvidado a la Sra. Clinton (si es que conoce su historia y la nuestra) que a los puertorriqueños no se les consultó, ni se llevaron a elecciones cuando se le impuso la ciudadanía estadounidense en el 1917. Hay que recordarle a la Sra. Clinton que los puertorriqueños han estado solicitando, exigiendo y rogando a los poderosos del Congreso que nos concedan más poderes. Lo que pasa es que los muchachos congresistas no están muy interesados en los asuntos de nuestra nación. La Sra. Clinton “nos ofrece respetar nuestras decisiones”, pero el viejo historial de los Estados Unidos con Puerto Rico y sus ahuecadas frases no convencen a nadie, por lo menos a quienes las han escuchado antes. Los Clinton que durante los ocho años en la presidencia de los Estados Unidos nunca visitaron la Isla del Encanto, ahora cuando tienen la necesidad de capturar los 63 delegados demócratas de Puerto Rico para las primarias presidenciales han volado en su avión privado a Puerto Rico en más de una ocasión.
El otro, el más simpático de los dos candidatos primaristas, Barack Obama, había visitado a Puerto Rico en una ocasión anterior. En su primera y fugaz visita, se reunió con su comité de apoyo, cargó con la bolsa de dinero recogido por estos, se negó a contestar preguntas a la prensa y se esfumó en el aire en un abrir y cerrar de ojos. Luego envió a su esposa quizás a limar asperezas, pero ella fue una de esas visitas fugaces donde apenas uno se aprende el nombre de la persona y ya se ha ido. Barack regresó no hace mucho y los coreógrafos de esta visita fueron más ingeniosos y lo pusieron a bailar salsa en una plaza publica en San Juan, ciudad capital de Puerto Rico. A Hillary, en cambio, los habilidosos dirigentes de su campaña la llevaron a compartir a un exclusivo club cubano y otro dominicano en el sector Barrio Obrero de San Juan. El Sr. Obama fue más comedido que la Sra.
Clinton pero igualmente comprometido en “respetar”al pueblo boricua pero en la jerga politica en que exponía sus posiciones era tan vaga y distante que nadie acertó el verdadero significado de estas. Barack y Hillary son maestros, especializados en hablar perfumadas palabras diciendo poco y comprometiéndose menos. El indígena americano hace siglos que describió al invasor como el hombre que habla con la lengua torcida y hoy para desgracia de todos seguimos teniendo el mismo panorama.
Mientras en el medio de la hermosa montaña puertorriqueña aquel jíbaro jaiba le tarareaba a ambos políticos estadounidenses aquella vieja rima que decía: “el amor y el interés se fueron al campo un día y pudo más el interés que el amor que le tenía”.

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