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EL PERIÓDICO SEMANAL DIGITAL DE LA VOZ HISPANA DE CONNECTICUT

 
 

DESDE MI ESQUINA
Comité Especial de Descolonización de las Naciones Unidas

 

 

Ponencia presentada por el autor de esta columna ante el Comité Especial de Descolonización de las Naciones Unidas el 9 de junio del 2008 en la sede de las Naciones Unidas. El Comité Especial de Descolonización lo componen 27 naciones y tienen la tarea de que se resuelva la situación colonial de los territorios o colonias que todavía están en existencia. Puerto Rico es la más antigua de las colonias en el mundo.
Estoy aquí en representación de un grupo de puertorriqueños (Comité Puertorriqueño Pro Independencia de Puerto Rico) que residen en Connecticut y que entienden que es imperativo que el pueblo de Puerto Rico logre su independencia como solución final a su condición colonia.
Sr. Presidente del Comité de Descolonización de las Naciones Unidas y todos sus distinguidos miembros. Respetuosamente los saludo y les doy las gracias por haberme otorgado la oportunidad de que yo me pueda dirigir a este comité en el día de hoy.
Hoy quisiera exponer, lo que una parte del pueblo puertorriqueño expresa claramente y lo que la otra gran parte de ese pueblo, sin negar su puertorriqueñidad, tiene dudas de la urgencia de que se nos reconozca como nación independiente.
Expertos en diferentes áreas del conocimiento humano han explicado nuestra historia y los beneficios de que Puerto Rico sea una nación libre. Ya se ha establecido que mucho antes de que nos invadieran los norteamericanos en el 1898 éramos una nación con personalidad propia.
Las circunstancias nos traicionaron y no logramos la libertad que otros pueblos latino americanos alcanzaron a principios del siglo XIX.
Pero no estoy aquí para repetir lo que otros puertorriqueños han analizado inteligentemente y con la contundencia que tienen las palabras del hombre libre.
Hoy me hago eco de esas miles de voces que nadie escucha, pero que son tan reales como la vida misma, ese pueblo silenciado por el temor, el que tiene que vivir en constante angustia lejos de su Isla, el hombre colonizado, el que deambula en las tinieblas buscando incansablemente su identidad, el que yo conozco íntimamente, porque yo soy uno de ellos. El poder liberarse de la pesada carga del colonialismo no será una tarea fácil y sabemos que el camino que aún nos queda por recorrer es largo y difícil.
Con el pasar de los años, hemos podido recoger todas esas experiencias, compartiéndolas con un grupo de educadores, psicólogos, historiadores, trabajadores sociales y otros miembros de la comunidad puertorriqueña con quienes he trabajado en este país por los últimos 22 años. Hemos coincidido que la falta de autoestima que sufren los puertorriqueños tiene sus raíces en las condiciones coloniales que vive nuestro pueblo.
Esa ausencia de valorizar lo nuestro, de reconocer la importancia de nuestra identidad nos ha legado un sinnúmero de problemas emocionales que nos impide desarrollarnos a plenitud. La intensidad de este etnocidio no ha disminuido, al contrario se ha intensificado y aunque los métodos son mucho más sofisticados no dejan de ser igual de violentos.
La comunidad puertorriqueña que reside en los EEUUAA, tiene la necesidad de entender las implicaciones que tiene el colonialismo sobre nosotros, reconociendo que el origen de nuestro problema reside en esa denigrante posición. Mientras tengamos el más mínimo titubeo en definir quienes somos y cuales son nuestras metas, seguiremos siendo víctimas de la incapacitación que genera esa condición.
Sin embargo ese pueblo puertorriqueño sigue resistiendo los embates de esas fuerzas que exigen su rendición total. Los intentos de convertirnos en serviles dependientes del imperio, han fracasado, porque la resistencia, ya sea conciente o inconscientemente, a la imposición de otra cultura simplemente no le ha dado resultado al imperio.
Reconocemos que no tenemos poderes ni tan siquiera para decidir que o quien entra en nuestra nación, que las decisiones que se toman, desde el costo de un vaso de leche hasta el origen de las espuelas de un gallo de pelea son determinadas por el poder invasor. Hemos vivido en carne propia la represión y la humillación de vivir perseguidos y carpeteados en nuestro propio país. Por eso es que miles de puertorriqueños hemos tenido que recurrir al exilio. Les advierto a los impostores que se hacen llamar puertorriqueños que ese gentilicio les queda muy grande y sabemos que su única meta es apoderarse de la riqueza y el alma de nuestro pueblo. No tengo la más mínima duda de que la historia los condenará.
Hoy la situación económica, la violencia, la corrupción que arropa a nuestra isla es agobiante y la credibilidad en las instituciones del país ha llegado a los más bajos estándares. Los que gobiernan lucen más como facilitadores de la corrupción que defensores de su pueblo.
Obligando a que miles de puertorriqueños se lancen a un nuevo y devastador ciclo migratorio.
Por último quiero expresar mis temores a que se repita la historia.
Los puertorriqueños hemos sido víctimas de engaños y burlas por siglos por parte de los gobernantes y de los imperios de turno. En el 1952, bajo el liderato de Luis Muñoz Marín, los puertorriqueños fueron engañados haciéndoles creer que tendrían mayores libertades en su “nueva relación” con los EEUUAA. En el 1953 la versión del Estado Libre Asociado fue llevada ante las Naciones Unidas donde fue reconocida por esta, como una que tenía cierta autonomía y por lo tanto, Puerto Rico no fue considerado como una colonia. Hoy el Estado Libre Asociado está en total descrédito y en admitida agonía. El engaño ha durado por 55 años.
A nosotros nos alarma que la historia se repita, pues en fechas recientes, el gobernador actual de Puerto Rico, está hablando de soberanía, pero el problema es que esa definición particular de soberanía del Sr. Gobernador de Puerto Rico no coincida con el concepto de soberanía que tiene el resto del mundo. Ojala que esta nueva retórica no sea una burla más al digno pueblo puertorriqueño y que la institución de las Naciones Unidas no se deje engañar, ni permita que el pueblo puertorriqueño sea una vez más víctima de las manipulaciones de unos pocos, cuyo interés no coincide con los mejores intereses de la nación puertorriqueña.
Nuevamente a nombre mío propio y del Comité que represento le damos nuestros agradecimientos al Sr. Presidente del Comité de Descolonización de las Naciones Unidas y sus distinguidos miembros y a todos los que pacientemente me han escuchado. Muchas gracias.

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