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EL PERIÓDICO SEMANAL DIGITAL DE LA VOZ HISPANA DE CONNECTICUT

 
 

DESDE MI ESQUINA

¿Cuándo perderemos la inocencia?

 

 

«En este mundo todos parecen tener derecho a la violencia, menos los oprimidos»
Rafael Cancel Miranda

 

El 23 de septiembre de este año se conmemorará el aniversario 139 de El Grito de Lares. Ese día se congregarán los puertorriqueños que siguen creyendo firmemente en la soberanía para la Isla. Al concluir la conmemoración de esa gesta libertaria los asistentes se trasladarán al barrio Jagüitas del pueblo de Hormigueros. Allí se llevara a cabo un acto para honrar la memoria del líder inde-pendentista Filiberto Ojeda Ríos, asesinado en ese pueblo y en esa misma fecha hace dos años atrás(2005) por agentes del Negociado Federal de Investigaciones (FBI).
Puerto Rico la última colonia que existe en el mundo, arrastra una historia de atropellos y coloniaje desde finales del siglo XV (1493); cuando España invade, se apodera de la Isla y extermina a los pacíficos indígenas y soberanos pobladores de Borinquen. Hoy estamos sujetos al capricho de los Estados Unidos de América y a las condiciones que estos nos imponen.
Tal vez Agueybaná, el Bravo (cacique taino de la época) que sospechaba de la mortalidad de los españoles decidió hundir en las aguas del Río Añasco a uno de los usurpadores, confirmando que estos no eran dioses.
Posiblemente Agueybaná molesto porque le habían violado su inocencia, invoco a Yocahú (dios indígena) y este condenó a los descendientes de la Isla a vivir como esclavos hasta que perdieran su candidez.
Puerto Rico, colonia española por 405 años, coqueteo brevemente con el autonomismo en el 1897, para ser lanzado en las garras del imperio estadounidense en el 1898.
En los 109 años de coloniaje impuestos por los Estados Unidos de América, los puertorriqueños a pesar de los engaños, las imposiciones, los abusos y todos los otros intentos de destruir nuestra nación no hemos cedido o claudicado en nuestro empeño por ser libres y soberanos.
El 23 de septiembre en Lares se conmemorará esa gesta con un mensaje claro y alentador donde se escuchará la voz de la unidad de Betances, Albizu y Filiberto y cientos de miles más.
Pero el camino hacia la victoria, no es uno trillado y fácil. El imperio con sus enormes tentáculos y recursos sigue tratando de impedir lo inevitable. Todos los días los puertorriqueños se enfrentan ante el desmadre que han heredado de los peones de la colonia, que sin temor a equivocarme le siguen entregando los recursos del pueblo puertorriqueño a los depredadores de turno (sin pudor pero siempre dispuestos, por unas cuantas monedas de plata). Estos modernos colonialistas no son diferentes a los otros que la historia ha olvidado, lo único que su estilo no es sofisticado, siendo más bien a la trágala. No son finos, son asaltantes de callejón que roban sin piedad alguna al pueblo que trabaja y sufre sus atropellos.
No podemos olvidar que los movimientos soberanos y que luchan por la independencia de Puerto Rico todavía siguen siendo asediados y perseguidos vilmente por los monigotes de la colonia. Un reflejo de esto fue el claro asesinato de Filiberto Ojeda Ríos y las detenciones y hostigamiento por el FBI en los pasados años junto a la negativa federal de cooperar para aclarar investigaciones. Sin mencionar la ya conocida posición anti puertorriqueñista de la corte federal, imposición que existe en la Isla velando (como perro guardián) los intereses del amo. La tibia participación y la inacción de las agencias gubernamentales locales en tomar posiciones verticales en los reclamos y exigencias del agobiado pueblo es lo corriente y esperado.
Mientras los políticos y las empresas hacen los que les place sin considerar las necesidades de una nación que clama justicia.
La credibilidad del gobierno solamente existe ante un puñado de «inocentes» puertorriqueños, en un vació moral, donde el pueblo es mero espectador de la hecatombe en la colonia. Puerto Rico tiembla ante la incompetencia de los mayordomos locales y ante las ineptitudes de los de afuera, pero se escuchan voces, en incremento, que reflejan el disgusto general de ese pueblo.
Enumerar los actos de corrupción y el número de elementos que han ido a parar a las cárceles es un ejercicio que causa fatiga. En los últimos treinta años la cuenta ha sido larga y al presente se siguen sumando a los que cogiditos de manos desfilan con sus respectivos abogados a ser juzgados. La desgracia es que nadie cree en esa justicia (por razones obvias) donde la burla es el pan de cada día.
Los llamados líderes señalan la ausencia de valores cuando Juan del Pueblo comete un crimen, pero cuando son los privilegiados los que cometen las fechorías la justicia es ciega, sorda y muda. Y los de arriba sonríen cuando hacen su salida de las cortes, pues ya saben de antemano que el sistema no los toca a ellos. Y si lo hace los trata con todos los privilegios que le otorgan los togados «en sus tribunales». ¡Y luego son estos los que se atreven hablar de valores!
Las acusaciones diarias de los desmanes de los depredadores del medio ambiente, de los legisladores y sus asesores enriqueciéndose con el dinero del pueblo, de la aseguradoras y de los constructores corruptos, de las alzas en los precios, de la violencia en las calles y en los hogares, de corrupción en la policía, de policías asesinando a civiles, de fraude por parte de supuestos médicos y de la junta examinadora de estos, de farmacias envueltas en la venta de drogas ilegalmente, de la incapacidad de los servicios de salud, de los desmadres en educación se repiten como el tema de siempre : el asalto de las huestes de Pedro Rosselló al gobierno de Puerto Rico.
Si el pueblo puertorriqueño no pierde su inocencia con lo que esta ocurriendo y lo que ha ocurrido en estos últimos años entonces bien merecemos el titulo de los más inocentes de la América Latina, o quizás entraríamos en competencia con otros pueblos hermanos. Lo que pasa es que ellos no tienen a Yocahú que se mantiene firme en la promesa que le hizo a Agueybaná. Si no despertamos se nos pasarán al frente en la fila y los puertorriqueños nos quedaremos rezagados, en la cola del resto de los hermanos latinoamericanos.
Esperemos que la unidad en Lares y que el sacrificio de Filiberto Ojeda Ríos por nuestra patria no haya sido en vano.


 

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