| |
Había una vez y dos son tres en que unos señores de europea descendencia invadieron a lo que luego se conocería como América.
Estos determinados varones y hembras venían huyendo de las persecuciones, injusticias y vejaciones a que habían sido sometidos por sus parientes en el viejo continente. Otros menos inocentes llegaron para imponer y saquear las riquezas ajenas. Nos sigue diciendo el folclor histórico que estos «buenos señores» al llegar a las nuevas tierras pronto limpiaron el patio ajeno, sentaron colindancias, impusieron la ley ( a su conveniencia), eliminaron a una enorme cantidad de indígenas, impusieron a quien se le tenía que rezar y le legaron a los del norte el Día de Acción de Gracias. Hoy las grandes corporaciones también dan Gracias, agradecidas a la inventiva de sus antepasados ya que la avalancha de ventas luego de este simpático evento mantiene en pie a las «maltratadas» economías de las multinacionales. Las grandes caravanas de automóviles que transitan por las carreteras y las colas en los aeropuertos nos indican que los dividendos para los dueños de las compañías petroleras alcanzarán nuevamente los billones de dólares. El único sufrido en esta historia es el pavo de triste mirar. Gracias a esta bien orquestada actividad, este minúsculo grupo de millonarios no pasarán hambre en las Navidades, aunque el pavo no llegue a la casa de millones de familias en el resto del mundo.
El arisco pavo, ave autóctona de América, ya no tiene que preocuparse pues sin comprender lo que le ha pasado en todos estos años ha terminado domesticado y enjaulado, aunque bien alimentado para el disfrute de la más avanzada especie animal: los seres humanos. A diferencia del pavo, los indígenas, dueños en otra época de estas tierras, han resistido gallardamente cientos de intentos de ser domesticados y enjaulados. No fue vano el empeño de los colonos nórdicos de aquella época que huyendo de la intolerancia europea impusieron la suya en la usurpada América del Norte. La América del Sur fue «privilegiada» con la invasión española que nos dejó una extensa historia de abusos, imposiciones y robos. Por suerte para el simpático pavo los sureños no veían al ave como símbolo para ese pavicidio.
Resurge, alienta, grita, anda, combate, vibra, ondula, retruena, resplandece...
Haz como el río con la lluvia: ¡Crece! Y como el mar contra la roca: ¡Bate! *
Como el pavo, nuestra América tiene otros símbolos que algunas veces no son tan simpáticos para algunos pero si lo son para otros.
Obviamente muchos de estos no tienen comparación por la seriedad del asunto, y las repercusiones de los actos de unos trascienden el ya famoso plato de comida un día al año.
Hugo Chávez, Alberto De Jesús (Tito Kayak) y Juan Carlos de Borbón, son tres figuras que han acaparado los titulares noticiosos en días pasados por razones aparentemente diferentes. El primero es presidente de una rica nación latinoamericana, el segundo es electricista en una isla caribeña y el tercero es rey en un país europeo. Hugo Chávez y Juan Carlos estuvieron presentes en la clausura de la XVII Cumbre Iberoamericana el pasado sábado 10 de noviembre en Santiago de Chile, donde se reunieron los líderes de las diferentes naciones iberoamericanas. Tito Kayak por su parte estaba trepado en una grúa de construcción a doscientos pies de la dura tierra, en San Juan, capital de Puerto Rico. El humilde puertorriqueño con su acostumbrada y arriesgada forma de protestar, continúa creando conciencia entre los boricuas por los desmanes que cometen los ricos depredadores del patrimonio isleño y sus cómplices en el gobierno. Hugo Chávez por otro lado simboliza la lucha por rescatar y ayudar a la nación venezolana en la lucha de los pueblos de alcanzar la justicia social que todos los seres humanos anhelan. Tanto Tito como Chávez proyectan y generan con sus acciones unas expectativas de un futuro mejor. El Rey Juan Carlos de Borbón simboliza un anacronismo en los tiempos modernos siendo esta monarquía española la que ejerció en otra época su poder imperial en lo que hoy es América. Juan Carlos, apadrinado por el generalísimo Francisco Franco, le debe al dictador fascista su restauración a la corona española en el 1975. El Rey es conocido en los círculos de la alta sociedad española, donde todavía esta presente el besa mano social y donde se le rinde pleitesía a los «sacros»
títulos de alcurnia de esa rancia sociedad. Al presidente venezolano Chávez sus enemigos le tienen una variedad de apodos con intentos de degradarlo por su herencia africana e indígena, sin reconocer en su ignorante soberbia los que lo burlan, que la mayoría de esa América hoy lo reconoce como uno de sus hijos preferidos. El segundo, puertorriqueño reconocido por sus defensas del medio ambiente y la paz, es antillano de nacimiento, pero internacional de pensamiento y querido por todos.
El presidente Chávez y Tito Kayak dan la impresión de ser personas corrientes, afables y accesibles. El Rey español no da la misma impresión, aunque podría ser que esos aires de sofisticación y pedantería sean producto de mi imaginación ya que no acostumbro a bregar con elementos de la realeza europea. A Tito lo he podido observar, resplandeciendo su humildad y dignidad humana. Con Chávez me atrevo a compartir la experiencia de una buena amiga de la familia que fue a tratar de tomarle una fotografía en un hotel en La Paz, capital boliviana, hace unos meses atrás. Esa experiencia fue una grata sorpresa cuando el titular venezolano, lejos de tener una seguridad impenetrable y luego de asegurarse que la joven estadounidense hablaba español, establecieron un breve dialogo en el medio del hotel. La amiga, que aprendió su español en Argentina, no entendía como era posible tener acceso al amenazado dignatario venezolano y a su grata conversación.
De la tormenta al iracundo empuje, no has de balar, como el cordero triste, sino rugir, como la fiera ruge.*
En Chile, en la clausura de la XVII Cumbre Iberoamericana y mientras escuchaba la ponencia del Primer Ministro español José Rodríguez Zapatero, el presidente Hugo Chávez interrumpió a Rodríguez luego de que este señalara «que las naciones no pueden estar echándole culpas a los gobiernos extranjeros por sus dificultades internas». Chávez, ni corto ni perezoso aclaró a los presentes que el pasado Primer Ministro español José María Aznar tuvo participación activa en el golpe de estado en su contra en abril del 2002, en complicidad con la administración estadounidense. Existen pruebas irrefutables sobre lo aclarado por el primer mandatario venezolano, pero a pesar de esto el monarca español, que también estaba presente y sin poder contener su «licencia real» reventó con un exabrupto de «¿Por qué no te callas?» al presidente Chávez. Este revelador incidente y el apoyo recibido en los medios noticiosos españoles para el monarca europeo, deja al desnudo la verdadera naturaleza del rey español y lo poco que muchos españoles parecen apreciar la comunidad hispana de América. Quizás por que no se han dado cuenta que la relación colonial entre América y España desapareció hace un par de siglos o quizás algunos pretendan revivir el abusivo pasado, enterrado hace siglos.
¡Levántate!, ¡Revuélvete!, ¡Resiste! Haz como el toro acorralado: ¡Muge!
O como el toro que no muge: ¡Embiste! *
No hay duda que algún día podremos celebrar a los grandes de América.
Celebraremos la defensa de la dignidad de los pueblos en general y los nuestros en particular. Podremos conmemorar sin titubeo a los verdaderos lideres que han salvaguardado el derecho de «defender la palabra, en dar nombre a las cosas y en que hablar con la verdad ante el poder nos puede rescatar a todos» (Galeano & Arhundati Roy). El pensamiento crítico nos libera a todos y nos abre el camino a la justicia.
A los timoratos pavos reales que ya no tienen credibilidad y que no tienen cabida en un mundo de justicia, les sugiero que dejen de «pavonearse» pues sus efímeras pretensiones bien podrían terminar en el plato de un hambriento comensal y eso es un problema. Pregúntenle a los pavos.
A Tito y a Chávez, los seguiremos respetando por sus acciones y sus palabras porque después de todo son un par de «gallos» que nadie les mete mano.
* Poema: José De Diego. |