EL SOL LATINOAMERICANO
García Márquez y sus cuatro aniversarios
Por Washington Canal Astete
“La vida no es sino una continúa sucesión de oportunidades para sobrevivir.”
Gabriel García Márquez
Gabriel García Márquez, autor colombiano, cumple 80 años. Pero también conmemora en este mes los 60 años de la publicación de su primer cuento “Ojos de perro azul”. Hace 40 años, apareció ese huracán de maravillas que es su obra maestra “Cien años de soledad”, y 25 desde que recibió el mayor galardón a que puede aspirar un escritor, el Nóbel de Literatura.
La leyenda cristiana cuenta que el 6 de enero bajaron los Reyes Magos. En la historia más reciente, el 6 de marzo de 1927, en un remoto pueblito colombiano, con brisa del caribe y sol tropical, nació un niño para hacerse mago. El pueblito, Aracataca; el niño mago, Gabriel García Márquez, el hijo más ilustre de Colombia. Creció bajo la luz y asombro de la historia familiar. Su padre, Gabriel Eligio García, era uno de los primeros inmigrantes llegados allí a principios del siglo XX, por la fiebre del banano. Su madre, Luisa Santiaga Márquez, una lugareña, hija del coronel Nicolás Márquez y de Tranquilina Iguarán.
García Márquez vivió en Aracataca solo hasta los ocho años. “Después todo me resultó bastante plano: crecer, estudiar, viajar…Nada de eso me llamó la atención. Desde entonces no me ha pasado nada intreresante,” ha expresado alguna vez.
Fue suficiente. Gabo se transformó en el mago mayor de la literatura.
Este mes de marzo hay una fiesta literaria mundial, pero también es fiesta de la lengua española y, sobre todo, fiesta para los millones de lectores que han gozado el asombro, la inventiva y toda esa fantasía que bulle en Macondo, que a fuerza de historia acaba siendo cada día más real.
Con la aparición de “Cien años de soledad en 1967, la narrativa latinoamericana comenzó a ser vista como sinónimo de ilimitada imaginación. La novela de García Márquez se dio a conocer en la década prodigiosa en la que novelistas de la talla de Carlos Fuentes con “La muerte de Artemio Cruz” (1962); de Mario Vargas Llosa con “La ciudad y los perros” (1962); de Julio Cortázar con “Rayuela” (1966); de José María Arguedas con “El zorro de arriba y el zorro de abajo” 1969 entre otras, abría de este modo el ciclo de la novela contemporánea.
En el caso de “Cien años de soledad”, la crítica y el público se pusieron de acuerdo casi instantáneamente, produciendo un éxito rotundo, gracias a su libertad imaginativa, a su fuerza poética y especialmente su entusiasmo narrativo de un torrente de acontecimientos que cautivan al lector de principio a fin.
He aquí una breve reseña de
Cien años de soledad
“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y caña brava, construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos;” así comienza la novela más importante del siglo XX, donde describe, García Márquez, a Macondo pueblo de su creación. La historia de ese pueblo va a ser conocida en función de la familia fundadora: Los Buendía, que enredan un tanto con su tradicional costumbre de repetir los nombre propios.
Para aquella región “el mundo era tan reciente que muchas cosas carecían de nombre y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo”; pero pronto llegaron los gitanos errabundos con fantásticos objetos: imanes poderosos, lupas gigantes y un pedazo de hielo en medio de aquella selva. Poco después se organizó una expedición para hallar un galeón en medio del bosque. A partir de este hecho, la acción se convierte en una crónica de un lugar donde ocurren cosas fabulosas. El surrealismo aflora en muchas partes de la novela; se ve al galeón irguiéndose en medio de la selva, el mundo de los gitanos irrumpiendo en la primitiva vida de Macondo, en la peste del insomnio, la lluvia de los pájaros muertos que inunda el pueblo; el monstruo híbrido macho cabrío y ángel, etc.
En los cien años de historia hay cuatro: José Arcadio Buendía y tres Aureliano Buendía. De los José Arcadio, el más importante fue el primero, el fundador de Macondo, un joven patriarca que en su época llegó al lugar a través de la sierra con su briosa mujer. Era amante de los pájaros, construía trampas y jaulas para llenar el pueblo de sus amigos emplumados. También tenía algo de científico e inventor loco y había trabado amistad duradera con los gitanos capitaneados por el visionario Melquíades, un mago trotamundos.
Melquíades y los suyos eran herederos de secretos alquímicos, llevaron maravillas al pueblo, tales como el imán que arranca clavos de las paredes: “Fue de casa en casa arrastrando los lingotes metálicos y todo el mundo se espantó al ver que los calderos, las pailas, las tenazas y los anafes se caían de su sitio, y las maderas crujían por la desesperación de los clavos y los tornillos tratando de desclavarse, y aún los objetos perdidos desde hacía mucho tiempo aparecían por donde más se les había buscado y se arrastraban en desbandada turbulencia detrás de los hierros mágicos de Melquíades.”
El hijo del fundador, coronel Aureliano Buendía, “el miembro más destacado de la segunda generación, que hizo treinta y dos guerras civiles y las perdió todas.” En el curso de su vida aventurera Aureliano, engendró diecisiete hijos naturales que murieron todos en una masacre política.
Resaltan dos temas en “Cien años de soledad”, la soledad del hombre, y la crítica social que brota entre jocosa y seria. En esta obra, que ya es clásica conjugan el tiempo ficción y el mundo ficción. Cien años está llena de vida, que es la única garantía de permanencia del arte.
Durante el IV Congreso Internacional de la Lengua Española (26 al 29 de marzo) en la ciudad colombiana de Cartagena de Indias, se conmemora el cumpleaños de Gabo, y además se presentará una nueva versión de “Cien años de soledad”, revisada por el autor y con introducciones de otros destacados escritores, como Carlos Fuentes y Álvaro Mutis. |