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La Internet este fabuloso medio de información y comunicación de la época contemporánea influye vitalmente en la sociedad por la velocidad con la que se obtiene datos y la enorme vastedad informativa que ofrece. Muchos la consideran como el espacio con mayor cantidad de información en la historia de la humanidad y está por encima de cualquier biblioteca o de cualesquier distribuidor de base de datos alguna vez creado en la faz de la tierra. Asimismo, es importante reconocer que la Internet tiene la característica única de ofrecer la libertad irrefrenable de conseguir e intercambiar productos culturales sin que haya ley alguna que pueda controlarla. Confirmando esta realidad el sistema norteamericano «World Wide Web» tiene entre sus fines fundamentales el de que sus servicios estén al alcance de cualquier usuario sin restricción económica o social.
La «cultura de la gratuidad» se obtiene a través de los buscadores de información como Google o Yahoo y otros, que se utilizan especialmente para fines comerciales y académicos, claro está después del uso del correo electrónico. Otra de las actividades importantes de los internautas de todo el mundo es la de intercambiar videos, largometrajes, libros o fotos. El proceso para descargarlos puede durar dependiendo del peso de los archivos horas, minutos o segundos. Por esta razón los sellos discográficos no son los únicos que han sufrido las consecuencias de este nuevo hábito de consumo. De acuerdo a la Motion Pictures Association of America se bajan 600,000 películas al día y a pesar de su mala calidad, no solo forman parte de un uso doméstico (como sucedía con las grabaciones de un VHS a otro o de las películas de cable en videos) sino de una piratería generalizada que se ha extendido en muchos países afectando la industria del cine o video.
Lo expuesto muestra que hay un nuevo hábito de consumo en el que los usuarios, en la mayoría de los casos, sabe o asume que no es necesario pagar para sus consumos culturales.
Sin embargo, el español Ignacio Ramonet, doctor en Historia de la Cultura y Semiología (ciencia de los modos de producción de funcionamiento y recepción de los diferentes sistemas de signos de comunicación en los individuos o colectividades), afirma que si bien la Internet es de algún modo un símbolo de la contracultura y la liberación, proclamando la libertaria cultura de la gratuidad, se enraíza en las ideas de la globalización, el liberalismo y la rentabilidad al ser una actividad sustentada en lo publicitario. Y ¿cómo se paga esa gratuidad? Pues consumiendo publicidad para consultar algo que es gratuito, lo que implica el primer choque con la libertad. Internet, que es gratuito, esencialmente quiere vender toda clase de cosas: viajes, servicios, productos culturales, ropa. Y yo no sé si somos muy libres cuando lo que hacemos es entrar en un centro comercial.» Igualmente, Ramonet hace notar que la red es un medio de vigilancia; «para vigilar en el sentido comercial, no forzosamente político. Cada vez que consulto un sitio web o compro algo, dejo huellas que si alguien recupera puede elaborar un retrato robot mercadotécnico de mí y mañana me va a hacer toda clase de proposiciones comerciales con una gran precisión porque sabrá muy bien quién soy yo. Entonces, esa gran pantalla que yo utilizo para ver el mundo está sirviendo para que me vean a mí. No quiero decir que esto sea lo principal, pero sí conviene que reflexionemos sobre ello.»
De la misma manera, es de notar que la cultura de la gratuidad en Internet por su vía comercial es similar a la de la televisión, por la cual no se tiene que hacer pagos adicionales pero sí se está sometido a una sobrecarga publicitaria y en cuanto a su carácter vigilante recuerda el control o seguimiento que hacen las empresas de las personas a través de bases de datos.
Lo novedoso de Internet es que se pueden efectuar las operaciones en un solo lugar y de manera a veces instantánea. Y si hay algún problema es el del aspecto legal, pues requiere de una regulación mundialmente aceptada.
La problemática de la cultura de la gratuidad es el reflejo de la lucha de dos pensamientos contrarios, la de los usuarios que creen en esa lógica de compartir productos con entera libertad y la de las empresas que quieren establecer precios q ue no están de acuerdo con el precio real de producción. La oferta y la demanda tendrá que acercar a ambas partes, pero esto va a llevar algún tiempo. Por último, esta cultura permite al ser humano a investigar nuevas cosas, la preferencia de los usuarios es lo que se impone por encima de los criterios mercantiles que quieren determinar qué es lo que tiene y no tiene valor. |