EL SOL LATINOAMERICANO
Manuel Scorza: Importante novelista y poeta del siglo XX
Por Washington Canal Astete
Manuel Scorza nació en Lima, Perú el 9 de septiembre de 1928. Estudió en el Colegio Militar Leoncio Prado y en 1945 ingresó a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Aquí empieza una etapa de ardorosa actividad política.
En 1948, a los veinte años, Scorza se vio obligado a dejar el país como exilado. Fueron años de vida bajo el rigor, años que dejaron huellas profundas en el joven Manuel Scorza. Que reflejará en una poesía muy expresiva y llena de fuerza. Numerosos versos que aparecieron en su primer poema, «Las Imprecaciones,» son fruto del desasosiego en el que lo ha sumergido el destierro.
El poeta mexicano Rubén Bonifaz Nuño lo recuerda en esos años de exilio: «Conocí a Manuel cuando, desterrado de su patria, alimentaba en la mía sus poderes y sus debilidades. Hermanos de ese sentimiento de náufragos frente al mal, que hace envejecer antes de tiempo, que hiere con polvorientas arrugas la piel del alma triste con sólo recordar, comprendo muchos de los significados de sus palabras y de su vida.»
Manuel Scorza regresa al Perú después de diez años del fin de la dictadura. Obtiene al año de su retorno el Premio Nacional de Poesía por «Las Imprecaciones,» publicado en México desde hacía tres años.
Scorza comenzó una etapa cultural destacada y nunca hecha antes. El novelista Alejo Carpentier dijo de él. «Este peruano preocupado por la cultura de su pueblo y la de todos se ha dedicado a esta tarea un poco riesgosa pero tan entusiastamente, la de preparar el Compendio del Libro con una selección de diez mil volúmenes de autores clásicos americanos. Las colecciones en venta en los kioscos que se encuentran en diferentes puntos de la capital agotadas en menos de una semana.»
La experiencia fue repetida con el mismo éxito en Colombia, Venezuela y Cuba. Ella consistió en ofrecer a bajo precio las obras para venderlas eliminando los intermediarios. Manuel Scorza fue un exitoso editor popular.
Scorza, en su obra narrativa encuentra el espacio ideal para exponer los problemas sociales del Perú. En su primera novela «Redoble por Rancas» expone la antigua lucha de los paisanos por recuperar sus tierras.
Las otras novelas que conforman este ciclo, «Historia de Garabombo el Invisible»(1972), «Insomne» (1977) y «Tumba del Relámpago» continúan la fusión del realismo social a la fantasía poética. Esta serie de novelas, traducidas a más de cuarenta idiomas, constituye una colección de obras más difundidas y reconocidas de la literatura peruana del siglo XX.
Scorza estaba en todo su apogeo y había publicado su última novela «La Danza Inmóvil,» cuando el 28 de noviembre de 1983 el avión en que viajaba se estrelló en Madrid, poniendo fin a la vida de uno de los más importantes poetas y novelistas peruanos del siglo XX.
Redoble por Rancas
Esta obra es una crónica de la lucha que en los andes centrales libraron entre 1950 y 1962 los hombres de algunas aldeas sólo visibles en las cartas militares de los destacamentos que las arrasaron. La trama aconteció en Rancas, un pueblito del departamento de Junín. El juez Francisco Montenegro simbolizaba al hombre que detenta el poder injusto y que es respetado, sólo por el temor que inspira. Prueba de esta sumisión, fue el hecho de que cierto día al juez Montenegro se le cayó una moneda de bronce. Pasa un año y nadie se atrevió a recogerla, puesto que sabían que pertenecía al juez. A lo más que llegó el coraje de este pueblo, se apreció en el hecho de que un niño se atrevió a raspar la moneda con un palito.
Cuando llegó a Rancas la «Cerro de Pasco Corporation,» un viejo campesino llamado Fortunato, advirtió a sus paisanos sobre las consecuencias nefastas que esta compañía acarrearía. Pero en el fondo, él como los otros, sabían que esta usurpadora los echaría de sus tierras con el apoyo de la Guardia Civil. Héctor Chacón, en una reunión con otros campesinos, fue escogido para asesinar al malévolo juez Montenegro.
Este juez tenía un poder absoluto, nadie estaba libre de ser abofeteado públicamente por la falta más leve. Ya el inspector de educación, casi todos los directores de escuela, el sargento Cabrera, el jefe de la Caja de Depósitos y Consignaciones habían sido abofeteados por el maligno juez.
Cierta vez el subprefecto Arquímedes Valerio cometió el error de llamarlo por su nombre «Don Paco,» motivo por el cual recibió varias cachetadas. Un día llegó a Rancas un tren que traía alambres con los cuales cercaron parte del territorio, incluyendo el cerro Huiska. El cerco de la compañía norteamericana tenía más de cien kilómetros de largo y empezaba en el kilómetro 200 camino a Lima.
La Guardia Civil inició una búsqueda tenaz para capturar a Héctor Chacón. Mientras tanto llegó el día en que los rancaínos serían desalojados. Todos esperaron a la Guardia de Asalto. Cogieron palos y piedras. Nadie los sacaría. Cuando llegó la Guardia Civil, Fortunato le preguntó al alférez a qué venían. Este le respondió que a sacarlos de allí porque estaban invadiendo propiedad privada y que tenían diez minutos para irse. Fortunato le dijo que el Cerro de Pasco era la invasora, pero el alférez siguió contando, cumplidos los diez minutos los guardias comenzaron el genocidio. Mataron a Fortunato y a todos los demás que cantaban el Himno Nacional y levantaban la bandera peruana. |