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La devoción y fe al Señor de los Milagros del pueblo católico peruano y de muchas naciones del continente, es una muestra del sentimiento cristiano de un pueblo que ha luchado contra los embates de la naturaleza, terremotos; contra las fuerzas humanas negativas, discriminación racial y económica.
Sus orígenes son muy llanos, unos esclavos angoleños iniciaron esta fe en el barrio de Pachacamilla, en Lima, Perú en 1650. Esta tricentenaria devoción al Cristo Moreno se identifica con el espíritu de sacrificio y humildad del pueblo andino. En sus comienzos, los terremotos se repitieron y arreciaron pero lo único que consiguieron es que el fervor católico creciera y diera frutos gratos a inmensas muchedumbres. Cuando ocurrió el terremoto de 1655 solamente quedó en pie el muro, que a manera de lienzo, reproducía la imagen del Cristo venerado por los esclavos, que agonizante, abría sus brazos, para estrechar amoroso a la humanidad. Desde entonces comenzó la veneración del Señor de Los Milagros.
Los movimientos telúricos se repitieron en 1678, 1687 y 1746. El censo realizado después de este último fenómeno terrestre, daba para Lima cincuenta y cuatro mil habitantes, la población había disminuido. Hubo gran destrucción. Según cálculos de la época hubo diez mil muertos. De las tres mil casas que había en Lima quedaron en pie sólo veinticinco. Después de cada catástrofe la población presa de pánico, acudió en piadosa romería hasta la imagen del Crucificado. Un devoto decidió sacar copia de ella, que se colocó en andas y recorrió las calles. Los movimientos cesaron y la tranquilidad reinó en el pueblo limeño.
Una interesante costumbre se fue desarrollando, la artesanía, la repostería, los hábitos morados con el cordón blanco, los detentes, los rosarios de cristal, de nácar y de plata, las estampas recordatorios, los coloridos y adornados cirios aparecieron en diferentes épocas. En el mes morado «toros, turrones, feria y procesión» muestra un espectáculo ritual y folklórico, un tinte habitual denominador común del criollismo limeño. Los humos de los inciensos se elevan por doquier. El Cristo de Pachacamilla significa siglos de práctica costumbrista, de tarea constante, de hermandad verdadera, de solidaridad democrática expresada en las desordenadas voces de dinámicas mulatas.
No disminuyen las ofrendas de oro y plata de los devotos, ni las lluvias de fragantes flores que son arrojadas sobre la venerada imagen del Cristo Moreno, un cuadro al óleo que representa a Jesucristo Crucificado, a la Virgen Santísima de pie, junto a la cruz y a María Magdalena arrodillada al pie del Señor. Encima de la cruz se ve al Espíritu Santo en figura de paloma y más arriba aparece la imagen de Dios Padre. A uno y otro lado del Señor, se notan al sol y la luna. Es un óleo de dibujo sencillo pero de unción espiritual. Todo el cuadro va forrado en plata maciza. Las majestuosas andas de caoba y roble pesan mil cuatrocientas libras, ochocientas de las cuales son de plata cincelada de las minas de Cerro de Pasco. Los cuatro ángeles que rodean las andas tienen u peso de cien libras cada uno y una altura de un metro.
La procesión es el núcleo de la más grande manifestación de fe católica del pueblo peruano y apareció en 1687. Sebastián de Antuñano inició esta procesión. Él era entonces el Mayordomo de la Ermita de Pachacamilla. Alrededor de sesenta personas se encargaron de transportar las andas, su caminar fue lento, solemne y rítmicamente movido entre vaivenes inmensos de fieles que le rodeaban. Desde entonces se estableció la costumbre de sacar al Señor el veinte de octubre.
El capitán Antuñano es el mismo que hizo construir una capilla para reemplazar la rústica ramada que cobijaba al Cristo Moreno. En esos tiempos, también se organizó un beaterio con unas beatas de una casa de la calle de Monserrate y su superiora era la madre Antonia Lucía del Espíritu Santo. Luego evolucionaría en lo que hoy es el Convento de Las Nazarenas, sede del santuario del Señor de Los Milagros.
El Señor de Los Milagros en los Estados Unidos
Esta inmensa fe cruzó los mares y se hizo presente por primera vez en los Estados Unidos, el treinta de octubre de mil novecientos sesenta y seis. Se celebró la primera misa en su honor organizada por la familia Gomero-Rocca y fue celebrada por el padre segundo Las Heras (QDDG). Se congregaron más de un centenar de fieles, que después de tantos años participaban de una misa y procesión en honor del Cristo de Los Milagros, gracias a la pequeña imagen de propiedad de la familia Gomero-Rocca. Los fieles se trasladaron lentamente esa tarde soleada otoñal de Hartford desde la iglesia del Sagrado Corazón, por la Albany Ave., terminando en Edgewood St. Muchos de ellos lloraron de emoción. Fue un día inolvidable.
La veneración evolucionó. Al siguiente año hubo misa y procesión que salió de la iglesia Lady of Sorrows. La Mayordomía de 1967 en la persona de la primera Mayordoma señorita Evangelina Romero (Mayorga) logró traer desde el Perú las imágenes del Cristo Moreno y de la Virgen de La Nube, copias fieles de las originales. Dando lugar a una celebración muy emocionante e inolvidable. El domingo 27 de octubre de 1968, se ofició una misa solemne en la iglesia de San Pedro, seguida de una concurrida procesión acompañada por la Alcaldesa de Hartford Ann Uccello, el Gobernador John Dempsey, el Vice Alcalde George Athanson (QDDG),, el Cónsul Ad-Honorem del Perú Richard Cullina y la Banda de Guardia del Gobernador interpretando la marcha del Señor de Los Milagros. Cientos de fieles se hicieron presente. Fue apoteósico.
Horas más tarde, el 27 de octubre de 1968, en el Club Perú se fundó la Hermandad del Señor de Los Milagros, HESMIPERU, la primera en esta nación. La motivación última de sus fundadores era que al transcurrir de los años, esta devoción se convierta en testimonio de fe y amor, y que sirva de unión a la familia peruana, donde quiera que celebre en esta gran nación. El mensaje del Cristo Moreno es sobretodo nobleza, humildad, repeto y que es CAMINO, VERDAD Y VIDA. |