EL SOL LATINOAMERICANO
Partió un demócrata
Por Washington Canal Astete
“Hay que exaltar, afirmar y consolidar la Constitución como norma de vida y convivencia”
22-11-2000 - Discurso como presidente de la República.
“Pido de modo especial la cooperación de los jóvenes que han luchado por la democracia”
23-11-2000 - Al jurar como jefe del Estado.
“Nadie nos va encontrar ni conspirando ni coludiéndonos con los enemigos de la democracia”
6-4-06 - Mitin de cierre de campaña
El 16 de octubre pasado falleció el ex-presidente peruano Valentín Paniagua Corazao. Quien fuera ministro de Estado dos veces, diputado y presidente del Congreso, y quien llegara a ser presidente de la nación en una época crítica de transición, ha partido de este mundo en medio de multitudinarias expresiones de tristeza. Es un homenaje doloroso que solo reciben los grandes hombres, los que hacen de su vida una entrega y defensa permanente por la democracia, la justicia y los derechos humanos.
Llevar a la práctica la transformación de la rebeldía juvenil en un cambio real, es un ejercicio de compromiso y humildad. Uno de esos seres excepcionales en lograrlo fue Valentín Paniagua, el paisano más destacado del Cusco, el que cultivó el espíritu de diálogo y democracia en su tierra, de la que se enorgullecía. Sus amigos de esos días recordamos su extraordinaria calidad personal.
Valentín Paniagua, como estudiante destacado en la Universidad de San Antonio Abad, fue también un gran dirigente del Frente Universitario Reformista Independiente que logró la representación estudiantil en la dirección de la universidad. Parece que fuera ayer cuando tuve el privilegio de compartir algunas clases antonianas y servir de secretario de la Facultad de Derecho en la sustentación sobresaliente de su tesis para recibirse de abogado.
Paniagua fue elegido como diputado por el Cusco en 1963 (a los 26 años), ministro de Justicia y Culto en 1968, diputado por Lima (80-85), ministro de Educación en 1984, congresista de Acción Popular en el 2000, y presidente de la República en noviembre del 2000.
Son tres las etapas importantes de la democracia que se tiene que reconocer en este hombre que devolvió al Perú la honestidad, la transparencia y la integridad.
La primera corresponde a los años iniciales de su vida política. En esa época pasó del medio universitario, como alumno brillante y dirigente estudiantil, al escenario del partido. Fue primero en las filas de la Democracia Cristiana y luego en Acción Popular, partido al que ayudó a consolidar junto con otros líderes colaboradores del presidente Belaunde. De esta manera, destacó como el parlamentario más joven, y como el ministro más joven en la cartera de Justicia durante el primer gobierno de Acción Popular. En el segundo mandato, ocupó la cartera de Educación.
La segunda etapa está representada por su desempeño como Presidente de la República. Luego de la dictadura fujimorista, supo dirigir el país en esa etapa de reconstrucción de la democracia, de estabilización política, y de consolidación de la gobernabilidad.
Los hizo de forma exitosa e impecable, con la misma lucidez y maestría que le caracterizaba su formación constitucional, evidenciada en la docencia universitaria. Luego cumplió con una ejemplar y transparente elección que dio el mando al nuevo gobierno del Presidente Alejandro Toledo.
La tercera etapa se hizo presente cuando Paniagua, el demócrata, se convirtió en uno de los gestores de una nueva mesa de diálogo. El cual permitió la creación de un acuerdo nacional para la democracia.
Su espíritu concertador lo acompañó hasta sus últimos días, con la misma fuerza con que peleó por el respeto al orden constitucional y la reforma de Estado. Su legado importante se puede resumir en lo siguiente: Instaló la Comisión Anticorrupción. Reinstaló el Consejo Nacional del Trabajo, “como un cauce institucionalizado.” Además, creó la Comisión de la Verdad y Reconciliación. El Perú y toda América están de duelo ante la pérdida de este presidente de lujo. |