EL SOL LATINOAMERICANO
Clorinda Matto de Turner Escritora de protesta social
Por Washington Canal Astete
La escritora peruana Clorinda Matto de Turner Usandivaras nació en Paullo, Cusco, el 11 de noviembre de 1852, y murió en el destierro en Buenos Aires, Argentina, el 25 de octubre de 1909.
Matto de Turner pertenece a esa importante agrupación de escritores de la segunda mitad del siglo XIX que mostraron su inconformidad con lo establecido. Estos novelistas iniciaron la lucha por la justicia, el orden justo y humano, la seriedad y la eficacia frente al abuso y la explotación. Figuran Manuel Gonzáles Prada, Juan de Arona, Paulino Fuentes Castro. Y, por supuesto, están las intelectuales de temple moral admirable, perseguidas por sus ideales de avanzada como Clorinda Matto de Turner y Mercedes Cabello de Carbonera. Ellas son las fundadoras de la novela peruana de protesta social. Esta novela denuncia los males que agobian a una sociedad y que al hacerse públicos obligan a corregirlos.
Esta escritora cusqueña realizó una vasta labor literaria a los 24 años dirigía ya en su tierra natal la revista El Recreo (1876). Luego establecida en Lima, dirigió el semanario El Perú Ilustrado (1889-1890). Más tarde lo hizo con su propio periódico Los Andes (1892-1894). En 1885 empezó su destierro en Buenos Aires, allí dirigió el quincenario El Búcaro Americano (1896-1909).
Al mismo tiempo que realizaba esta actividad periodística, publicó libros que le dieron reconocimiento continental: Tradiciones Cusqueñas, Dos Series (1884-1886), Aves sin Nido (1889)-obra que ha hecho que sea considerada como la iniciadora del indigenismo en América- Ïndole (1891), Herencia (1893), el drama indianista Ima Sumac -Qué belleza-1892 y Viaje de Regreso (1909).
Tradiciones cusqueñas
Pertenecen a la primera etapa de la producción literaria de Clorinda Matto, se nota en ellas la influencia de Ricardo Palma. Existen en las tradiciones de Clorinda Matto un aporte temático importante, el cual es la búsqueda de episodios y hechos de la historia cusqueña. En segundo lugar, logra crear ambientes, caracterizar con propiedad a sus personajes y narra en forma directa y realista. En tercer lugar, las tradiciones cusqueñas por su mayor parte tienen intención social porque critican y denuncian vicios arraigados y defienden los derechos de los indios.
Clorinda Matto es una escritora “comprometida.” Su labor firme en favor del indio se nota en sus relatos: Vaya un Decreto, El Santo y la Limosna, Ccata-Hueqqe y Un Centinela de Acero.
!Vaya un decreto!
El 24 de septiembre de 1601 se hizo a la vela el galeón Petate tripulado por 132 hombres al mando de don Gasco Nuño Guzmán, con rumbo a la rica tierra del Perú, Manila, y las islas de los Ladrones, llamadas después Marianas.
El Petate traía parte de la quincallería pedida por el Virrey don Luis de Velasco para vender en las colonias españolas. Formaban parte del cargamento ocho cajones de anteojos.
Después de una travesía larga llegó al puerto del Callao y luego el 12 de diciembre de 1602 se recibió en el Cusco el cajón que trajo cuatro provisiones reales. En este correo había, además, un papel curioso; era un aviso a Cabildo, Justicia y Regimiento, de que el cariño del Virrey eran los ocho cajones de anteojos venidos desde Cádiz, con la orden de venderse pronto.
El Corregidor don Gabriel Paniagua de Loaiza mandó inmediatamente “chasquis” (o mensajeros atletas que llevaban mercaderías a lo largo y ancho del país) que debían traer aquellos cajones. Pues en ésta como en otras ocasiones, el sudor del indio pagaría los caprichos del amo, supliendo con su velocidad la falta de ferrocarriles. Gracias al indio llegaron los cajones a destino. Solo quedaba vender miles de gafas que eran objetos inservibles considerando la calidad de la vista de los antiguos andinos.
Desafortunadamente, está probado que los conquistadores hallaron en el Perú dos clases de minas a explotar: la de ricos metales encerrados dentro de la tierra, y las minas hablantes que poseían en cada mita (trabajo forzoso, pero pagado, en las minas y en las haciendas a la que estaban obligados los indios durante la colonia). No eran otra cosa los pobres indios que producían enormes fortunas para el patrón, y como pago recibían más abusos y castigos.
El indio obedeció la ordenanza sin réplica. El día señalado no se vio en toda la extensión del Corregimiento del Cusco un solo indio que no llevase gafas, aunque sufriendo la mortificación de este objeto incómodo y haber gastado inútilmente.
!Vaya un decreto!
Desde entonces don Gabriel sería para el Virrey no sólo Paniagua sino Panioro. |