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EL PERIÓDICO SEMANAL DIGITAL DE LA VOZ HISPANA DE CONNECTICUT

 
 
 

ARTE CULINARIO

¡El “Asopao,”el Pernil y la Parranda Navideña!
Por FRANK GORDILLO

A pesar de lo que está sucediendo en New Britain; ya estamos en época de parrandas y festividades, y nuestro jefe ha estado dando “asaltos” musicales a los viejitos, aunque ahora ya no usa la pava verde de los tiempos cuando tenía mostacho.
Esto nos ayuda tremendamente para contrarrestar unas insidias que enviaron algunos resentidos a la Comisión Estatal de Elecciones diciendo que nosotros embaucábamos a los analfabetos y abusábamos de los votos ausentes.
En el municipio también se comenta que el Sr. Aby Giles se las está jugando fría y que le dijo al Gran Jurado que no tenía porque responder preguntas acerca de sus negocios particulares y privados como los contratos de estacionamientos en “downtown” que habría conseguido a precio de oferta y sin subasta pública.
Creo que le respondieron, para que lo pensara; que cuando se le pagaban sus servicios con chavitos del erario publico producto de los impuestos que pagan los residentes; la cosa no era tan privada, sino que pasa a ser cosa pública; aunque la verdad es que hoy día con un vicepresidente de USA que a la vez es dueño de una de las empresas que se hace sus chavitos con la guerra de Irak, ¿qué significan unos billetes más o menos cuando se trata de asegurar una elección?
Todos nos alegramos ya que es bueno pararse con orgullo frente al gran jurado o Super Juez que encarará en algún momento a nuestro Super Jefe que quizás se las juegue igual, asesorado por el abogado Santos, “especialista en salvarle de espantos.”
Las malas lenguas han dicho por allí por la Park con la Lawrence que no habría que esperar seis meses para que este juez que es el honorable Dennis Eveleight (que investigó el tremendo caso en la tremenda Corte del “Connecticut Resources Recovery” involucrado con la fatídica compañía “Enron” que se fue a la quiebra embaucando a miles de inocentes que perdieron sus ahorritos; y otro casito semejante relacionado con un tal William “Taco” Sullivan); llegue a una conclusión rápida y diga si hay motivo de causa legal o no.
Por allí andan diciendo que en muy pocas ocasiones el Gran Jurado ha llegado a una conclusión contraria a la presentada por los fiscales del Estado, y esto nos tiene más nerviosos que repartidor nocturno de comidas chinas o recepcionista del Dunkin Donuts de la calle Washington.
No sabemos como habrá tomado este Súper Juez la actitud rebelde de Aby que dijo que de su boca “no saldría ni un si ni un no” ya que es una gato viejo, pero orgulloso y que también tiene abogados.
¿Se llevará el secreto a la tumba o lo compartirá con Kennedy, su heredero político? Aunque muchos dicen que será peor para él y para el otro; la investigación continúa y estamos con aprehensión esperando todos los días la famosa cartita que invita a parlotear con el alto magistrado que como es de Waterbury, parece ser experto en casos de rollos, embustes, mordidas, cosas que pasan debajo de la mesa, contratistas, y otras yerbas.
Por esto, reflexionando, y ya en vista de los últimos fríos días de este año que se nos va, tuve que acordarme del famoso “asopao” que nos da energía física y mental, nos recupera y nos brinda empuje que en lo que debe tener una parranda bien organizada.
Para los que no saben lo que es esta tradición, diremos que es una visita amistosa, sorpresiva y musical que un grupo de amigos y amigas le da a una familia que se hace usualmente de noche, o a altas horas de la madrugada.
Usualmente el grupo se allega en silencio a la puerta de los elegidos y le canta algo así como:
“Esta casa tiene, esta casa tiene, la puerta de acero, y el que vive adentro, es un caballero, y el que vive adentro es un caballero.”
Esto cuando se asume que el dueño o dueña de casa les abrirá la puerta. En caso contrario y que no la abran, aunque se vio movimiento de sombras en las ventanas, el grupo les canta en forma destemplada,
“Esta casa tiene, esta casa tiene, la puerta de alambre, y el que vive adentro, es un muerto de hambre, y él que vive adentro, es un muerto de hambre.”
“Esto es así” porque se supone que una buena familia que se respete abre la puerta con alegría, les sirven vino, cerveza, ron, o pitorro a los visitantes y también algo para comer como un pernil de lechón. Recordemos la romántica canción:
“Ese pobre lechón que murió de repente,
Con un clavo en la frente, y otro en el corazón,
Lo pusieron al horno, lo sirvieron caliente, Ya le hincaron el diente, a ese pobre lechón.”
De este modo una parranda bien organizada puede servir de mucho para demostrar amistad, reasegurar lealtad en caso de que los subordinados se la den al jefe o la jefa, reconciliación para el caso de amigos o familiares que se han enchismado por malos entendido, bochinches, o rollos de campañas políticas; y finalmente para reafirmar que estamos vivos a pesar del clima, los impuestos que suben cada día para pagar la guerrita, las entrevistas en New Britain, el alza de los alimentos en el Super Stop & Shop; los intereses de los usureros de las tarjetitas, el alza de la gasolina, y las hipotecas.
La parranda no tiene hora fija, pero debe darse de noche y debiera sorprender a la familia parrandeada. Según dijo el Dr. Armando Cruz del Canto, en su libro “La Trulla Navideña y las Morcillas,” “parranda avisada no es parranda,” así de simple. Sin embargo el “Manual de Urbanidad Navideña” de Clemencia Pedernera establece que las horas debieran fluctuar entre las nueve de la noche, hasta no más allá de las tres de la mañana, porque aquí en Connecticut, luego te llaman a los guardias.
Los parranderos debieran llevar al menos una guitarra y tener preparados no menos de tres aguinaldos, sea este cagueño, o del otro. Para casos en que los parranderos hayan hecho varias visitas y libado demasiado, se recomienda que los dueños de casa, y aquí viene la esencia del asunto; hayan preparado nada más ni nada menos que un “asopao.”
Esta delicia culinaria es fácil de preparar y lo que usted requiere es un pollito ojala orgánico, papitas, cebollitas, calabacitas, achiotito, pimentoncitos, carnecita de vaquita, un poquito de vinito blanquito, y al final del hervorcito, un poquito de arrocito con “eso” para darle consistencia. El pique es fundamental y no tiene que ser necesariamente de Goya ya que hay un ají peruano que es tremendo y pica dos veces.
Deseándoles desde ya una Feliz Navidad, un Próspero Ano Nuevo, y un Feliz Día de Reyes, les dejo con este pensamiento del folclore para que reflexionen: “A todo lechón le llega su Noche Buena.”
¡Nos veremos en el 2008, y sigan comiendo hasta que se pueda!.


 

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