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EL PERIÓDICO SEMANAL DIGITAL DE LA VOZ HISPANA DE CONNECTICUT

 
 

ARTE CULINARIO

«El pescado para macho» y el restaurante «Piolín»

Por FRANK GORDILLO

Hace algunas semanas escribí unas notas acerca del glorioso arte culinario del «mondongo,» esa sopa milagrosa que permite recuperar las vitaminas perdidas durante «jumas tormentosas» y trasnochadas de bohemia.
Debo aclarar a una lectora que parece que trabaja en una clínica, que no estoy promoviendo el alcoholismo ya que en el artículo también dije en forma enfática que el «mondongo» ayuda a lidiar también con la melancolía, las depresiones de invierno, jaquecas femeninas y el frío.
Hoy día, en medio de este tremendo lío de los estacionamientos que nos tiene a todos más preocupados que dueño de bodega en el Norte de Hartford; les debo contar que volví con mi amigo peruano a visitar este restaurante netamente incaico localizado en el 415 de la avenida New Britain en Hartford, que bien se podría denominar la embajada chica del país de la tierra de Don Ricardo Palma.
Era una tarde tétrica de un viernes frío y nublado en el que todos estábamos en estado de shock al recibir la noticia esa del estacionamiento con capacidad para 240 automóviles alquilado por mil dólares al mes a Abraham Giles; de inmediato los enemigos del Jefe, que están aumentando día a día, calificaron este suceso nefasto como un chanchullo político de proporciones siderales, y otro escribidor de por allí bautizó en forma antojadiza este entuerto como el «síndrome del premio.»
Así, y después del fallido anuncio de la campaña de reelección de nuestro alcalde que se haría con bombos y platillos en el lugar donde habría estado localizada una escuela Magnet con vista a la hermosa carretera 84 Este, y la torre del capitolio; todo comenzó a desmoronarse y las caras largas se notaban en los baños, los pasillos y en la cafetería del municipio. «De esta no nos paramos,» comentaban los pesimistas mirando hacia la oficina del Jefe que estuvo en conferencia constante con su gabinete del que todavía no soy parte.
Anyway. Así estaban las cosas, cuando decidimos escaparnos después del trabajo a «Piolín» ya que necesitábamos algo extra para levantar el ánimo. «Lo que ustedes necesitan es un pescado a lo macho,» nos dijo el atento flaco Ludeña, que nos explicó con lujos de detalles en que cosiste este tesoro de la cocina peruana.
«A este plato también le llamamos en Lima la crema semental, ya que cuando usted la prueba le dan ganas de bailarse unos cuatro huainos corridos y tres marineras sin pausa. Es peligrosísimo ya que la gente se pone muy cariñosa y en algunas provincias lo prohibieron ya que estaba produciendo un aumento excesivo de la población,» nos explicó, otro experto en comida típica del Perú..
A pesar de mis problemas con el colesterol y de las advertencias de mi esposa que me ha recomendado continuar con la dieta de acelgas y zanahoria y con unos cursos de yoga para principiantes, pedí la sopa afrodisíaco que consistió justamente en un pez bien macho sazonado con una variedad de mariscos y secretos del cocinero. Lo solicité acompañado de un arroz bien granosito y de una fría.
«En algunas partes le ponen un ají llamado los «Cachos de Satán» y que pica dos veces, pero para eso hay que ser bien hombre ya que una vez que lo prueba, la persona sufre de escalofríos, se le ponen los ojos blancos y comienza a hablar en lenguas,» me advirtió Marcos que aunque es del país de Hugo Chávez, se ha hecho un experto probador del menú peruano.
Mi colega del municipio le entró sin lastima a un «pescado sudado» que a diferencia de lo que se pudiera pensar, no es un pez que traspira, sino más bien cocido en una salsa de textura espesa y de un sabor intenso y hasta sensual. El pan venía acompañado de una salsita media pincantona que en otros países de Sudamérica le llaman «pebre» y que me obligó a pedir como cuatro órdenes extras de pan y tres frías.
«Tenga cuidado que es adictiva,» me dijo el flaco que agregó que hay gente que tiene que volver todos los días a probarla.
Ganas no me faltaron de quedarme para probar el «pescado al ajo» que es otra de las especialidades de Piolín cuyo propietario es el señor Miguel Franco, conocido hombre de negocios de la comunidad Inca. El flaco nos recomendó para la próxima vez tratar las «papas a la huaicaina» o los pollos a la brasa que son la especialidad de la casa. También nos trajo unas muestras de yuca frita que nos hizo olvidar por unos momentos los altibajos de la política y de los problemas con los estacionamientos.
Mientras esperábamos el famoso postre «Helado de lúcuma» para culminar la comelata de recuperación, compartimos el hecho de que por allí se comenta de que hay un tipo en la ciudad que tiene un contrato para administrar estacionamientos que durará hasta el año 2017 a las doce del día. Los mal hablados dicen que este hombre ha dado mucho dinero para campañas políticas y que por lo tanto ha recibido merecidamente varios «premios.»
Al terminar la cena que en todo momento estuvo matizada con hermosas canciones de Chabuca Granda, Lucho Barrios y los Quipus, en un volumen aceptable que permite conversar, nos despedimos de la simpática señorita Cinthia Zúñiga, y le dimos las gracias al flaco Ludeña, y a Marcos Pérez por sus amplias y detalladas descripciones de platos del Perú.
Así que ya lo sabe. Cuando quiera comer bien, en cantidad y en un ambiente legítimamente peruano, no hay donde perderse: Piolín. También hacen despachos de comida a domicilio o a su oficina.


 

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