ARTE CULINARIO
«Me preocupa la sal en la comida y en la política»
Por FRANK GORDILLO
Primeramente mis excusas por esta ausencia de las páginas de este prestigioso periódico al que alguien con doctorado calificó como uno que «no se compra ni se vende.» Me parece que esto es positivo ya que la comunidad cuenta así con acceso a información veraz sin tener que pagar, y por otra parte la publicación no se deja llevar por las díscolas olas de la política contingente cuyos amanuenses tratan a veces de adquirir periódicos con avisos pagados por las municipalidades, o amenazas, para así transformarlos en una mera galería de relaciones públicas y de sujetos domesticados en la que se lame el ojo a medio mundo por doquier durante fiesteritas, cacheteos, parrandas, y agasajos que registra el ojo objetivo de la cámara digital, o de la otra.
Como yo no soy político, sino pancista, no me meteré en esas profundidades del mar ya que me puede comer el tiburón y yo no tengo aspiraciones a ser Jefe, líder de Departamento, ni candidato, y me conformo como muchos con mi trabajito en el municipio, esperando con paciencia los minutos, las horas, semanas, meses y años que me quedan para mi retiro.
Debo confesarles que lamentablemente les tengo una mala noticia. Debido a mi afición al mondongo, las ensaladas de langosta, los tamales, las quesadillas con «ají ojo de Satán,» los cafés, los dulces, y la alcapurria; mi presión arterial ha subido más que los precios para estacionar por media hora en el centro de la ciudad.
Una noche comencé a ver luces de colores, aunque no era cuatro de julio, y me dio un dolor intenso en la parte posterior del cráneo que obligó a mi esposa a llamar la ambulancia y llevarme presto a la sala de emergencia del Hospital de Hartford donde me la encontraron en 115 la chiquita y 196, la alta. Después de exámenes van y vienen, y una serie de procedimientos a los que me referiré en mis memorias, el médico delante de mi esposa me dijo con voz lúgubre: «otra más como esta Panchito y te vas a las profundidades de la tierra o te conviertes en cenizas, de acuerdo al presupuesto,» insinuando que me podía morir totalmente. «Debes olvidarte de la sal,» me dijo con una voz cascada por el aburrimiento y el sueño ya que eran como las dos de la mañana y habíamos llegado con mi doña a las seis de la tarde.
Desde ese día me he ido educando acerca de lo nefasta que es la sal (también llamada sodio) y el azúcar cuando son consumidas en exceso por el ser humano. Tambien sé ahora como debiéramos consumir solamente unos 2,000 miligramos de sal al día. Para darles una idea, una tajada de pan regular contiene como 230 miligramos, y un mantecado como esos que me gustan a mí con tres sabores, con salsa de chocolate y nueces encima, pueden alcanzar a 800 miligramos de sodio o más. Olvídese de la alcapurria, que puede superar los 1,200. Ni hablemos del bacalao y del sabroso arenque o el queso suizo.
Sin embargo no quiero apesadumbrarlos con historias tristes ya que bastante tenso y sombrío ha estado el ambiente en el municipio. En los baños la gente ya no se ríe como antes, y en los pasillos nadie se junta para hacer chistes y reirnos de la oposición. Es que al alcalde le han salido competidores por todos lados y sus estrategas no saben que hacer para lograr virar esta realidad triste ya que los tiempos felices Eddie tenía el apoyo de medio mundo.
Ya se nos han dado instrucciones terminantes de tomar contactos con familiares, compadres, tíos, primos, cuñados, sobrinos, yernos, nueras, madrinas, compadres y amigos para reiterarles que nuestra lucha es simple: mantener a un puertorriqueño a la cabeza del municipio, y evitar que se elija a un alcalde de otro color. En este aspecto José y otros nos están diciendo que si otro asciende a la cumbre del Olimpo local, barrerán con nuestros trabajos y los doctores y doctoras bajarán de sus posiciones y serán reemplazados por gente que nos estará velando todo el día haciéndonos las vidas imposible. «Recuerden a Carrie,» nos repite todos los días.
Por este motivo yo estoy haciendo mis docenas de llamadas telefónicas al día, y convenciendo a la gente de que las historias que cuenta Simpson y la Ubiña en el Courant son invenciones y que los estacionamientos están muy bien administrador por Carlos y Abraham y que todos hemos ganado. El único problema es que hay gente que me dice que a Hartford en vez de llamarse «la estrella emergente de la Nueva Inglaterra,» debiera denominarse la «bala emergente» debido a los tiroteos, asaltos y peleas a diestra y siniestra.
Afortunadamente este muchacho Edwin nos arengó la otra noche en una reunión de emergencia debido a una caricatura que le endilgaron al Jefe en el Courant y en la que lo pintan con un sombrero de Napoleón Bonaparte, no se sabe si por que se cree emperador, o porque realmente se cree Napoleón, dos cosas peligrosas. Edwin nos dijo que esto era racismo y que el Courant nos quería quemar y nos instó a formar en cada calle y avenida los comités de defensa de Eddie (CDE). «Estamos en las entrañas del monstruo y el enemigo nos acecha,» nos dijo con unos ojos desorbitados que daban miedo. Lo malo es que después de la arenga no lo aplaudieron mucho ya que como pasa con las comidas, le puso mucha sal y nosotros trabajamos solo hasta las cinco de la tarde.
A mi esto de los Comités de Defensa me suena a Castrismo y con esto de la Ley de Seguridad Interior de los republicanos me preocupa que me acusen de terrorista o de fomentar células clandestinas. Tendré que hablar de esto con Edison para que me ilumine.
Yo dije a todo que si, como lo hago con mi esposa, pero, I am sorry, debo tener cuidado con el exceso de sal.
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