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EL PERIÓDICO SEMANAL DIGITAL DE LA VOZ HISPANA DE CONNECTICUT

 
 

ARTE CULINARIO

Restaurante «Piolín»

Por FRANK GORDILLO

Lamentablemente, y en medio de este verano ardiente (me salió verso sin esfuerzo), he tenido que aprender una cruel lección, y como decía mi pai, «la letra con sangre entra,» aunque a veces uno es tan bruto que ni ésta drástica receta que usaba mi abuelo Blas Gordillo de Arecibo, trabaja bien.
En este caso, la consecuencia de mi mala acción se debió a una bacteria intestinal que cogí cuando obnubilado por el hambre y habiéndoseme olvidado mi «Slim Fast;» se nos ocurrió la mala idea con mi compai Alberto de probar unos anticuchos artesanales que vendía un señor que tiene un diente de oro, y que se moviliza por uno de los parques donde los sábados vamos a tratar de convencer a los peloteros y al público acerca de las cualidades de nuestro candidato.
No puedo negar que los cuatro anticuchos que me comí sin escrúpulos sabían sabrosos y bien sasonados y combinaron aparentemente bien con las tres frías que le compré a otra señora que también hace su negocio los fines de semana. Sin embargo, como a los cinco minutos, me atacaron repentinamente unos retorcijones de estómago parecidos a los que sufre en la mañana la gente que está nerviosa por esto de las firmas.
Mi estómago tenía más rumores que la campaña del tercero y súbitamente, con el permiso de ustedes, me atacaron sin misericordia unas diarreas que nos tuvieron a mi compadre y a mi más deshidratados que zapato en el techo.
Me dio fiebre y cuando pude ir con precauciones al médico debido a lo de mis urgencias para ir al baño, me hicieron una serie de pruebas, exámenes de sangre, y dictaminaron que la carnecita esa estaba pasada, solicitándome la información de donde la había comido. «No, no se va a morir, pero cuide el pico,» me dijo un galeno que se parecía al Dr. Frankestein y que parece que por la mañana habia peleado con la señora..
Yo le dije a mi esposa que había sido por lo del «Slim Fast,» pero ella que ya me conoce me hizo una serie de preguntas y al final tuve que soltarla. Todavía anda con trompa y me mira de lado. Con todo, bajé cuatro libras y ahora me cruza la chaqueta. Apenas me sentí mejor y después de faltar dos días al trabajo cuestión extraordinaria debido al genio de mi jefa que resiente que uno llegue atrasado dos minutos; recién hoy día me atrevo a escribir dado que cada vez que pensaba en comida me daban náuseas. Creo que el señor del diente de oro y de los anticuchos artesanales se llama Higienio.
De todos modos y lamentando este preámbulo, debo confesarles que el otro día ya más recuperado, me encontré con un amigo peruano que se sorprendió por mi palidez semejante a la de una candidata. Le conté el incidente culinario y de inmediato me dijo: «hermano a usted lo que le hace falta es una «Parihuela» donde Piolín el restaraunte de la familia Franco y de la comunidad peruana.
Llegamos a la avenida New Britain número 417 y de inmediato nos atendió una simpática señorita que se llama Cinthya y que nos ofreció sonriendo un menú que yo no conocía mucho. Mi amigo, a pesar de que yo le daba codazos, le contó a la jovencita de mi embarazoso problema y le dijo que me había aconsejado probar la «Parihuela,» que según él, ayuda para la digestión y alivia el mal de amores. El, por su parte, pidió para empezar unas «papas a la Huancaina,» y un «Pescado sudado»que se veían sublimes. La noticia que había sufrido de diarreas crónicas había ya circulado entre los mozos y varios se me acercaron medio riéndose dándome el pésame y recomendándome un te de coca.
«Hermano eso trabaja como purgante y le va ayudar a sacar hasta los malos pensamientos,» me dijo uno de ellos refiriéndose al te de hojas de coca. «Aquí mi colega tenía constipación, se tomó dos tacitas y le pasó lo que a usted, hay que saber medirse. Lo otro es que le rece unas oraciones al Señor de los Milagros,» me dijo el joven éste que trataba de ayudarme.
La verdad es que mi amigo tenía razon ya que la «Parihuela,» que sirven como todos los platos de Piolín en extrema abundancia; me afirmó el estómago, aunque rehusé ponerle un famoso pique peruano creo que de la región de Huailas que se llama «aliento de Satán,» que cuando pica, pica dos veces. Mi amigo que quedó muy contento con el «pescado sudado» que de hecho lo venden muy limpio y lavado; pidió de segundo un fragante arroz «chaufa» con pollo, que casi me hizo romper la dieta médica.
Los muchachos me contaron que este excelente restaurante es visitado con frecuencia por el honorable cúnsul José Benzaquen y que hasta el alcalde Eddie Pérez ha ido allí a probar el famoso «Cebiche Piolín,» que no tiene competencia en la región. «Hasta nos dio un diploma,» dijo la señorita que me recomendó para cuando me mejore, venir con mi esposa a probar un «pollo a la brasa Piolín.»
Tanto nos gustó la comida que pedimos ver a los cocineros y pudimos felicitar a Mirelio Lorenzano, y a los empleados William Chaparro, y Julio Palas.
Nos informaron que como están en el mes del aniversario patrio del Perú, preparan un menú especial para los comensales en un ambiente agradable donde se escuchan huainos, boleros, marineras, y valses de Chabuca Granda y Lucho Barrios. Este último, en el pasado, ha ido al restaurante durante sus giras a esta ciudad para probar el «Filete de pescado con salsa.» Me dijeron también que hacían envíos gratis al seno de su hogar y que es solo cosa de llamar al (860) 293-1255.
Nos recomendaron que volviéramos a probrar los sabrosos tamales, y «un caldo de gallina» soltera que sabe a las mil maravillas. Felicitaciones a los dueños Sr. Miguel Franco y distinguida esposa. De todos modos, la «parihuela» me hizo muy bien y en una semana más visitaré el lugar para celebrar el 28 de julio comiendo estos excelentes guisos incaicos.


 

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