ARTE CULINARIO
“El CineRestaurante Crown”
Por FRANK GORDILLO
He recibido muchas críticas de parte de algunos lectores y de mi esposa por haberme atrevido a compartir con ustedes el triste episodio de las diarreas que me atacaron al comer unos anticuchos siniestros en un puesto al aire libre en el parque Colt. Lo siento pero creo que esto es bueno como advertencia sanitaria para ustedes ya que definitivamente las moscas son más peligrosas que un baile de fin de semana en el «Peter,» y debemos evitar comer en lugares sin licencia. De hecho, y gracias a mi visita a «Piolín,» he recuperado la confianza en el ser humano, en la comida y en los restaurantes.
Para hacerme el simpático con la familia ya que estos domingos he estado muy ocupado en estas primarias que se ven más complicadas que boda simultánea de gemelas y se nos viene encima eso de las firmas; fuimos al cine donde por supuesto se coló mi sobrino y la noviecita que ya están más gorditos que el candidato gracias a las comidas que yo les pago en los restaurantes para compensarles por su trabajo político en la New Park. También vino mi cuñado Papo con su esposa, mi querida cónyuge, mis tres hijos, y una amiguita de mi hija llamada «Rajuli» ya que el papá se llama Rafael y la mamá Julia, pero que es bien buena gente.
Aunque fuimos a matiné, tuve que de partida pagar 10 entradas ya que a mi cuñado se le había quedado la billetera en la casa, y mi sobrino miró para otro lado. Total: casi 50 billetes. Sin embargo a la entrada del cine está lo que ellos llaman el «restaurante» donde si bien es cierto no hay moscas como en lo del parque, los precios y los productos tienen mas grasa que pantalón de mecánico en día viernes. Cada hotdog (perro caliente para los que no saben Inglés) costó $4.50 cada uno, además de la respectiva Pepsi tamaño mediano que me salio por $4.50 cada una y que tenía más hielo que nevada navideña en Vermont. A mi cuñado y a su esposa se les ocurrió pedir un Nachito Doble a cada uno que salió como por $12 pesos. Rajuli y mi hija prefirieron la pizza caliente que para dos me costó 11 billetes. Es cierto que mi esposa se conformó con una bolsa pequeña de popcorn ($3.50) y una botella de agua. La botella me salió también a $3.50. En total habré gastado casi 165 billetes y lo peor de todo es que me tuve que conformar con una bolsa miserable de popcorn sin sal ni mantequilla y una botella de agua. No estoy incluyendo el gasto de gasolina. Mi esposa tampoco aceptó que yo ni mirara los perros calientes.
¿Adónde voy con todo este lío? Simplemente para decirles que la así llamada comida del así llamado restaurante del Cine Crown es más cara que un carro del año, que como dice mi esposa el colesterol malo de los perros calientes y las pizzas de microonda le producirán un «trastorno nutritivo,» y que es muy incómodo almorzar o cenar en una butaca de cine, salvo que usted se lleve una mesita plegable «made in China» de esas que anuncian en la televisión.
Por la incomodidad, al inteligente de mi cuñado se le cayó el perro caliente en la camisa, y a mi concuñada se le derramó el agua en la blusa.
Si en el futuro usted lleva a su familia al cine Crown, llévese unos emparedados de lechón de la casa, cómprese las alcapurrias en el Comerío, y disimule en una bolsita los refrescos para usted y toda la familia. Le saldrá mucho más barato. Si le preguntan que lleva allí, dígale que no son bombas sino que es un alimento especial que debe comer cada hora por lo de la diabetes.
Confidencialmente les debo decir que después de mi triste bolsa de popcorn y la botellita de agua, me escapé con la excusa de una reunión de emergencia con un abogado en los cuarteles generales del candidato debido a esto de las firmas, a un nuevo restaurante mexicano de la Franklin donde me recuperé con dos enchiladas, un burrito pollo y tres frías ¿Qué le iba a hacer?
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