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ARTE CULINARIO

Ensalada amarguita…
Por FRANK GORDILLO
Mientras preparaba esta columna con información interesante acerca de las ensaladas de pepinillo, popular vegetal llamado en inglés «cucumber;» me cayó como un golpe artero en el medio de la masa encefálica la noticia acerca de la investigación que le hacen en este momento a nuestro Jefe por ese asunto de colocarle baldositas y azulejos a un baño y a una cocina en su residencia particular utilizando los servicios de un señor que tiene contratos con la ciudad, y que no contaría con la licencia estatal para llevar a cabo estos menesteres.
El golpe no ha sido suave y su efecto en el ambiente de la alcaldía contrasta profundamente con el ánimo con el que escribí mi última columna donde hablé acerca de lo saludable que es comer ensaladas y vegetales, y tener las primarias bajo control con este tecnicismo maquiavélico que afectó a Minnie y a Charlie.
Hoy, el ambiente en el palacio municipal está más decaído que gallo soltero en jaula con palomas, y todos miramos con ansiedad hacia la Oficina, pero no se sabe mucho después de lo que informaron los investigadores quienes no fueron solamente a observar la calidad del trabajito que hizo en forma supuestamente amistosa este muchachito Costa al que conocimos hace algunos años con su compañía «United Stones of America,» y que ahora está metido en este tremendo lío que lo podría llevar a él y al otro a la tremenda corte.
Los pasillos se ven hoy día vacíos, hay silencio en los baños y todos estamos concentrados en nuestras oficinas limpiando nuevamente la memoria de los computadores y asegurándonos de que todo este OK. Ya no llamamos desde aquí a posibles simpatizantes para lo del 11, y no hacemos los chistes acostumbrados a través de los teléfonos. Menos mal que están los celulares, aunque se está hablando de detectives, infiltrados y otras cositas. Así de mal van las movidas.
«Esto es la exageración de un hecho trivial,» dijo José mientras preparaba otro memorando y devoraba una alcapurria, pero según me contaron, los asistentes del Fiscal General están mirando intensamente y de modo febril una serie de documentos y facturas donde al igual que lo sucedido con Abraham Giles, no hay contrato por lo del trabajito de Costa y solo se sabe de un pago de $20,000 que se hizo con mucha tardanza a favor de éste, quien este año parece que como van las cosas, no va a estuvo mucho tiempo en la costa.
Costa es un muchacho portugués simpático y agradable que cultiva muy bien el arte del cabildeo, cae bien y da confianza. En los tiempos de la Carry Saxon Perry, pasaba mucho tiempo haciendo chistes y hablando con concejales y otros funcionarios de obras públicas.
«El hombre es sumamente gracioso, hace chistes, pero no da puntada sin hilo. En esos tiempos todavía levantaba y así se hizo de buenas influencias femeninas,» me contó una funcionaria de obras públicas que le recuerda hablando inglés con un característico y encantador acento lusitano. «Sonaba tan sexi,» dijo.
Al parecer, el muchacho se había ganado la amistad del Jefe y también varios contratitos con la ciudad, siempre en el negocio de las baldositas que le habían generado una buena cantidad de billetes con los que el hombre construyó una casita de un millón, y le permitía viajar a Lisboa y al Festival de Río como un rey.
Lamentablemente para él, estos implacables muchachos de la Oficina del Fiscal General han dicho que pareciera haber un chanchullo ya que el trabajito de las baldositas en el baño solo le fue pagado cuando habían ya en marcha otras investigaciones por favorcitos estilo John Rowland, y repentinamente fue que aparecieron los 20,000 billetitos.
«Es extraño el atraso y la coincidencia de este pago exactamente cuando comenzábamos a apretar los tornillos,» dicen que dijo uno de los hábiles de la Oficina del Fiscal.
La cosa parece que esta malita y esto ¡a pocos días de la primaria!
Sin embargo, el Jefe dijo de frente al pueblo en televisión que iría con bríos y entusiasmo hasta el final (noviembre), y que todo esto del atraso en el pago de los $20,000 fue solo un error que comete cualesquiera.
Lo que pasa es que la misma equivocación la cometió Juanito Rowland con el chanchullo de la cabañita en el lago y tuvo que irse obligadamente de vacaciones por un año a un apartamento cómodo, pero con murallas, guardias, cámaras de seguridad y rejas de seguridad.
De todos modos, y para no salirme del tema que realmente me corresponde, les diré que hay una ensalada que es de tremenda ayuda para bajar esas barrigas porfiadas alimentadas con «frías,» chuletas, y mondongo. Su preparación llega a ser hasta terapéutica para pasar malos ratos con Fiscales, y más fácil en su preparación que hervir un par de huevos.
Lo que requiere usted es de esta fruta llamada tomate, el famoso pepinillo, cilantrillo dominicano y un buen aceite de oliva de Andalucía, sino, use Goya que dicen que es bueno.
Según se ha averiguado, el pepinillo tiene un tremendo poder para eliminar el agua que se acumula innecesariamente en nuestras células y barrigas. También es un vegetal que guarda un frescor excelente que ha llevado a cosmetólogas a recomendarlo para ponerlos sobre la faz del rostro y humedecer profundamente la dermis y la epidermis evitando las arrugas y marcas del tiempo. A mi, como se me calientan las orbitas de los ojillos con tanto uso del computador, me ha servido mucho colocarme dos tajaditas sobre los párpados por quince minutos y refrescar el nervio óptico y la mente.
Anyway. Después de un día amargo como el de la semana pasada cuando llegaron a golpear la puerta de la casa del Jefe por lo de la investigación; usted se compra dos pepinillos y dos tomates grandes. Con un cuchillito con filo les saca la cáscara a ambos y procede a cortarlos en rebanaditas pequeñas. Luego junta estos ingredientes, les pone aceite de oliva, un poquito de cilantro y sal o limón a gusto. Si lo suyo es bajar de peso, reemplace la sal con el cítrico que le dará un sabor agradable.
También puede colocar la ensalada en el refrigerador para mantenerla fresca y cuando llegue su novia o su esposa (nunca las dos al mismo tiempo), la presenta en un plato grande preferiblemente de color blanco para que luzca más el profundo color verde del pepinillo, el amarillo del aceite, y el rojo intenso del tomatito.
Si quiere quedar como rey o reina, con moderación muela ajo con un poco de aceite de oliva lo esparce en forma uniforme sobre un trozo de pan francés. Lo pone al horno y ya caliente lo corta en trozos rectangulares, y lo pone alrededor del plato para darle un no sé que.
Quedará muy bien con sus compadres y amigos, se relajará, se le olvidarán los problemas de la alcaldía y quizás baje unas onzas.
Hablamos. |