ARTE CULINARIO
Una señal de alarma
Por FRANK GORDILLO
En estado de conmoción nos encontramos varios empleados de la municipalidad y otros colegas del estado de Connecticut que estamos enfrentados a la posible perspectiva de pagar doble pasaje en los viajes en avión. Me explico.
Recientemente, portavoces de varias líneas aéreas expresaron que debido a la crisis energética provocada por el alza del combustible, las compañías deberían cobrar doble pasaje a las personas que como yo, tenemos libras de más, en otras palabras que estamos cebados.
La información insinúa que debido a nuestras libras extras, los aviones se sobrecargan produciéndose un lastre extra de grasa que implica el gasto de más gasolina. En otras palabras, mi tía Eulalia y mi padrino Miguel que viajan cada año desde Guanábana a Springfield podrían verse obligados a pagar doble asiento. Es que a mi padrino en su barrio le dicen cariñosamente «biscocho,» y a mi tia Eulalia otro apodo que no lo digo por respeto, pero que hace alusión a la forma que proyecta su figura cuando va a la playa.
Esta amenaza a la libertad de comer ha provocado sobresaltos en la municipalidad en la que varios de nosotros nos veremos duramente afectados. La ventaja en todo caso es que debido a que podríamos sentarnos cómodamente en un asiento para dos y que ahora están cobrando por las comidas incluso en el avión «quiquiriqui,» podremos llevar nuestra merienda y alimentarnos con tranquilidad disfrutando de un emparedado de pernil, un jugo de mabí, y porque no, media docena de alcapurrias..
«Te lo dije,» me dijo en forma sombría mi esposa quien ha tomado la ofensiva preparándome abundantes ensaladas de zanahoria, emparedados de repollo, postres de frutas variadas, y estofados de lechuga. Yo también y mis colegas estamos preocupados ya que un pasaje que cuesta 800 nos saldría fácilmente a $1,600 lo que limitaría considerablemente nuestra posibilidad de ir en verano a la Isla del Encanto para saborear las delicias de las lechoneras cercanas a Caguas, y saborear libras de arroz con dulce y chicharrones.
Aunque no se sabe exactamente cual es la posibilidad de que esta iniciativa se imponga ya que ya varios legisladores de Connecticut han puesto el grito en el cielo, he comenzado desde ya a explorar la ciudad para probar variedades de ensaladas y ver la forma de rebajar. Otro punto muy importante es que candidatos que viajan desde Puerto Rico a Hartford para probar suerte también se podrían ver afectados en sus aspiraciones políticas.
¿Qué hacer? se planteaba hace tiempo atrás un teórico político que hablaba chino. Por ahora podría recomendarles alternativas a mis amigos comelones acerca de ensaladitas y lugares donde las preparan muy bien para que inicien la campaña de bajar algunas libras y evitar el sobre pago. Una de ellas es la que preparan en el restaurante First and Last de la avenida Maple y que contiene quesito, aceitunas, y que usualmente viene acompañada de trozos variados de pan italiano con miga y sin miga. Por otra parte en el Aquí Me Quedo, William que es un tremendo tipo, les prepara unas ensaladas de pulpo con aceite de oliva las que usted puede bajar cómodamente con unas frías, y acompañarlas con varios muslos de pollo que aderezados con unas papitas le harán sentir muy bien.
Si es que anda apurado y no tiene tiempo para comer en paz (especialmente ahora que se han puesto de moda los detectives privados y los reporteros que intentan cazar a incautos empleados municipales haciendo cosas en horas de oficina), váyase a la ventanita virtual de los MacDonalds o Wendy’s y solicite en el primero una porción doble de una ensalada Cesar con pollito asado, acompañada de tres galletitas que solo le cuestan un peso. Para rellenar pídase un café con sabor y helado. En Wendy’s puede solicitarle a la señorita una ensaladita y cuatro papitas cocidas con crema sour.
Una realidad triste, pero estamos en una situación de emergencia.
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