ARTE CULINARIO
East-West Grille
526 New Park Avenue, West Hartford
Por FRANK GORDILLO
Escribo estas notas en medio del revolú y la expectación por la decisión del Jefe de salirse con la suya e instalar en la crucial Comisión de Vivienda que tiene que ver con la revisión de propuestas para los multimi-llonarios contratos de construcción, a personas amistosas, sonrientes y placenteras que le rían todas las gracias, aunque tenga que ver con tarjetas de crédito.
“¡Esa es de hombre!,” gritaron los “hardliners” en los baños del municipio, o “¡triunfamos!” exclamaron los integrantes del SIM (servicio de Inteligencia Municipal) que se reúnen en un tugurio de la Franklin.. Otros que llevan más tiempo en este circo de la política local estaban por el contrario preocupados ya que se acercan los meses de la campaña del 2007 y piensan que esta guerra por el control total tiene muchos frentes.
Por lo menos este triunfo ayuda a recuperarnos de lo sucedido en el tercero y confiar nuevamente en Dios. Anyway, como decia Kart Rove el martes 8 de noviembre.
No he tenido suerte con esta idea de que comiéramos el “Pavochón” para el Día de Acción de Gracias y mi esposa se resiste a cocinar este embeleco culinario que tiene más colesterol que mi amigo “Porcino” que cada vez que come de cachete pide más encima repetición.
Ha exigido que nos mantengamos en la dieta de hojas de repollo con zanahorias y sopas misteriosas. El viernes pasado como mucha cosa nos fuimos con mi sobrino y su noviecita que se aparecen siempre a la hora de la cena, a comer a un simpático restaurancito localizado en la frontera de Hartford y West Hartford.
Bajo el nombre de “East-West Grille,” el lugar se ha hecho cada vez más popular debido a que se especializan en cocina del Sudeste Asiático y de Laos.
Al principio no estaba muy contento, pero finalmente debo reconocer que tienen un buen menú que se parece un poco al chino, pero más refinado, sofisticado y menos grasoso. Por ejemplo a los pollos los hierven antes de prepararlos a la usanza vietnamita o laosiana y la comida es estrictamente orgánica. La atención es muy esmerada y como para mi desgracia no venden alcohol, los amigos de las libaciones etílicas pueden llevar su propia botella o botellas. Con adornos típicos de Laos y con sus mozas vestidas a la usanza de ese hermoso país, logran recrear un ambiente exótico que se presta para encuentros o maquinaciones políticas de campañas primarias.
Al principio cuesta entender el menú, pero afortunadamente hay una traducción al idioma de Dickens por la que me orienté con facilidad. Para comenzar pedimos un aperitivo llamado “Gyoza” que consiste en unas sabrosas macitas rellenas con carne y vegetales. Solicité sin estar seguro de lo que era, una sopa llamada “Tom Kar” hecha a base de coco, callampas, cebollitas y galanga ginger. Estuvo francamente deliciosa aunque debo reconocer que a los segundos comencé a sudar mas que caballo de carrera y tuve que excusarme para ir al baño a remojarme la faz ya que me sentía hirviendo a nivel de las entrañas.
La joven simpática joven Laosiana que se dio cuenta de mi problema me recomendó a la salida tomar un te de crisantemo que extrañamente me bajó la temperatura, pero que me puso más reflexivo y con deseos de mirar hacia mi interior con los ojos cerrados.
Sonando con el “pavochón,” pedí de malas ganas un pollo “Raam” que lo sirven con vegetales hervidos, salsa de cacahuete (llámele mas simplemente maní), y cubierta con castañas Li-Ho Ki. Mi sobrino que come más que cachetero municipal, se comió el “Wild Boar Basil” consistente en trozos de lechón hervido en jugo de coco con arvejas cocidas, ají, ginger, y albahaca. Todo esto estuvo acompañado del tradicional arroz laosiano que es contundente.
Para mi desgracia no había pan de ningún tipo y una de las simpáticas mozas que resultó al final ser mexicana, me recomendó el sabroso postre de Tapioca que se lo recomendé a mi amigo José. Para terminar nos sirvieron más te de crisantemo, y mi sobrino con la novia pidieron una orden doble de mangos dulces con arroz adornado con salsa de coco.
Debo reconocer que me satisfice aunque salí mas mojado que un amigo mío de Willimantic que viene recién llegando, por lo cual les recomiendo que si en invierno tienen frío, pidan la famosa sopa de coco, pero tómensela en el patio.
William me dio que el sábado me dejara caer por el Aquí Me Quedo ya que me tiene una sorpresita. Les contare a la próxima.
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