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EL PERIÓDICO SEMANAL DIGITAL DE LA VOZ HISPANA DE CONNECTICUT

 
 
 

ARTE CULINARIO

¡Oh, los benditos pasteles, las morcillas y el arroz con dulce!
Por FRANK GORDILLO

Primeramente quiero excusarme con mis leales comelones ya que con toda la actividad pre y post eleccionaria hemos estado sumamente ocupados en la alcaldía y no he podido concentrarme en el arte culinario que me sirve de terapia, aunque he continuado alimentándome bien y como Dios manda.
Yendo pa’atrás como decía Juana “la trastorná,” la celebración del triunfo fue apoteósica, aunque casi enseguida varios pesimistas salieron con la preguntita acerca del casito que comenzó a ventilarse esta semana en el pueblo de New Brinsky, también llamado New Britain.
Todos tenemos una confianza ciega en nuestro Jefe y sabemos que siempre tiene una carta en la manga, sea esta un juez, un amigo, alguien que pidió fiado, u otros.
Lamentablemente, varios de nuestros supervisores recibieron ya “la cartita” y han tenido que ir muy tristes a declarar ante el juez que dicen tiene cara de pocos amigos y que está muy interesado en eso que se llama “procedimientos,” y acerca de “quién dio la orden” refiriéndose al asunto de la asignación de los estacionamientos a precio al por mayor, y el caso de Giles y otros afortunados. Como el delito de perjurio se paga caro, se ha dicho que es mejor que digamos todo exactamente como sucedió.
En los baños de la alcaldía se escuchan ahora solo susurros y conversaciones a media voz ya que nadie sabe quien será el próximo. Cuando le preguntamos a uno de los “grandes” que podíamos hacer en el caso de preguntas indiscretas del magistrado, nos respondió de una manera enigmática: “bueno, tantas letras tiene un si como un no,” y se fue mentándole la madre al Hartford Courant. No sabemos a que se refiere, pro ya no hay ánimos de parranda, como antes.
Pero vayamos al punto.
Ha llegado la gloriosa época de los pasteles, las morcillas, el arroz con dulce, el pernil, el cuerito, el raspao, y todas esas delicias con las que celebramos las fiestas de fin de año y a las que me he referido en el pasado cercano.
Cabe destacar que tanto los pasteles como las morcillas, no se encuentran fácilmente en supermercados norteamericanos y todavía persiste la saludable costumbre de hacerlas en el seno sagrado de la familia o encargarlas a una señora de confianza que nos asegura una elaboración folclórica, limpia y de acuerdos a los estrictos cánones y reglamentaciones del Departamento de Salud. Con esto de la hepatitis C, y otras dolencias, hay que andarse con cuidado mi hermano.
Un pastel que se respete debe pasar por la laboriosa labor del guayar guineos, yautía y plátanos. La masa blanda y jugosa que resulta de esta mixtura y que de acuerdo a mi abuela tenía efectos terapéuticos y hasta afrodisíacos; se remontaría a épocas antiguas en los campos de la Isla y corre a la par con el buen uso que hacemos del lechón al que metiéndole “un clavo en la frente y otro en el corazón,” como dice la tonadilla; nos permite disfrutar de un buen pernil, o de las sabrosas morcillas que compiten sin complejos con las que hacen los alemanes, españoles e italianos.
Es más, según me contaba un amigo mío que dice que tiene un doctorado en Español (aunque no le creemos mucho), la palabra morcilla viene del latín y se refiere a su color morado, lo que nos podría indicar que la costumbre de preparar la sangre en embutidos, la heredaríamos talvez de los pueblos aborígenes de Europa, sean estos Celtas o Germanos, y porque no, del mismo Atila que dicen que era más malo que una mantecado de jengibre y al que le gustaban las morcillas con sangre grupo B positivo.
Es muy importante que la preparación de los pasteles y morcillas se efectúe en condiciones sanitarias adecuadas, con las manos limpias despojadas de anillos, y en áreas del hogar exentas de bacterias y políticos. La limpieza en la elaboración de estos guisos típicos es un factor indispensable para evitar diarreas o la adquisición de virus que producen dolor de vientre, flatulencias y sonajeras indiscretas en las tripas.
Por ese motivo en la alcaldía, le pedimos pasteles a doña Monín y ya le encargué siete yuntas, seis morcillas, y arroz dulce para unas visitas que se dejarán caer para adornar el arbolito este próximo sábado, incluidos mi sobrino con su novia que no guayan, pero que se jartan sin dar un tajo.
Hace pocos días, y para comenzar la temporada de celebraciones, nos fuimos con José y otros comelones al “Aquí Me Quedo” y nos sentamos en el rincón de la vellonera para pasar una juma producto de una parranda que le dimos a las autoridades. En la gira se degustó hasta una muestra de pitrinche importado desde Caguas, y todos amanecimos con un dolor de cabeza de madre.
De ese modo, nos dimos cita en la famosa esquina de la Broad y la Park e inauguramos la mañana con una sopa de mondongo llamada “la atómica,” ya que le agregamos un pique “beyond Goya” que es más caliente de amor de telenovela.
William que ya nos conoce y nos vio la cara de revolcaos, nos insinuó con su experiencia probar las morcillas con un poquito de arroz con gandules para bajar el sustancioso mondongo que estuvo acompañado con sendos trozos de pan calientito con mantequilla.
Un poco más recuperados y habiendo ya desaparecido los escalofríos y las nauseas post pitorro, cerramos con una fría y desde allí nos fuimos donde la doctora que nos tenía preparados unas yuntas de pasteles con pique “la oreja de Mefisto,” que ella misma le prepara a veces al Jefe para que se le pasen las preocupaciones por esto del caso.
Amigos, de este modo ingresamos a diciembre y a la época navideña, y en la compañía de pasteles, morcillas y pernil, pensamos dar muchas parrandas para alegrar los ánimos un poco alicaídos de la alcaldía donde todos los días hay emociones fuertes. Si no me cree, mire el Courant, y para hacer patria, siga comiendo pasteles.


 

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