ARTE CULINARIO
Restaurante “La Fonda”
Por FRANK GORDILLO
Con esto del Desfile Puertorriqueño, las lluvias del fin de demana, y la acelerada campaña para el candidato, hemos estado más ocupados que detectives encubiertos y entre visitas puerta a puerta, actividades del reinado, y toda esta rutina, me ha dado más hambre y aunque bajo de peso caminando, y por causa del estrés; me veo en la triste obligación de reponer las energías visitando de pasada restaurantes del patio. ¡Si hasta mi colega José que andaba repartiendo afiches de Kelvin, se ve más gordo!
El otro día, y después de sacarle el cuerpo a los hoyos de la avenida Franklin que está en proceso de renovación, me puse a dialogar con una vecina que se quejaba de que la policía le había llevado el carro una noche en que iban a hacer unos trabajitos. «A mi jamás me avisaron y tuve que gastar cien billetes para recuperarlo, además del mal rato,» me dijo muy enojada. Yo traté de inmediato de disculpar a mi jefe pero ella me dijo de mal modo, «¡Qué vá, si ese anda siempre como agitao!»
Allí fue donde vi como un oasis el anuncio de «La Fonda» que no visitaba desde que comencé la dieta, y disculpándome con doña Juana diciendole que lo del jefe es por el exceso de lluvias los fines de semana; me dirigí haciendo pericias con el carro hacia la esquina esa.
Era sábado y el ambiente era muy familiar y ameno. Es cierto que a veces con tanto niño que van con los papás me sentía como en un jardín infantil, pero la verdad es que el menú que preparan me pareció excelente y tienen en el lugar secciones más tranquilas y discretas para el caso de que usted corra el riesgo de ir con alguna amiga, o a discutir en secreto las futuras estrategias en el Cuarto distrito.
Como no estoy muy habituado a la comida de Colombia y solo sé que reeligieron al presidente Uribe, que les gusta la cumbia, y que de por allá es el escritor Gabriel García Márquez, le pedí ayuda a una señorita muy simpática que me explicó algunos de los platos y me recomendó, al verme la cara, que me inscribiera de inmediato con una «Sopa de Menudencias» que según ella ayuda a pasar los malos ratos y es especial para animarse los días viernes por la tarde cuando está lloviendo.
«Mi novio se la toma y se pone bien fogoso...en mi país le llaman el caldo criaturero,» me dijo muerta de la risa. También me recomendó como platos principales el famoso «Churrasco criollo,» o un plato más agresivo al que llaman «Frijoles con garra,» al que no recomiendan para la hora de cena debido a las flatulencias nocturnas. También me mencionó la no menos famosa «Minibandeja Montañera» que no tiene nada de «mini» porque en Colombia la llaman la «cansa mandíbula» debido a la cantidad que sirven.
Aunque no había pan para acompañar la sopa, cosa que me preocupó, disfruté de esa verdadera crema con sabores celestiales y de inmediato comencé a sudar más que un camello trabajando sobretiempo. Para neutralizar este efecto, de inmediato le pedí dos jugos de «Parcha con leche y hielo» que me refrescó y me bajo la presión como a 68. En cuanto al churrasco, les debo decir que en muchos aspectos deja chico al famoso churrasco argentino ya que sirven tanto que tuve que dejar más de la mitad porque parece que con la dieta se me está achicando la barriga.
De postre, y por sugerencia de la señorita, pedí el famoso «Flan de Maracuyo» que me endulzó el paladar y al que acompañé con dos cafés negro de Colombia. Aparte de lo del pan, todo estuvo perfecto y debo decirles que los días de semana si usted que trabaja en agencias o en la ciudad y tiene más tiempo para almorzar que el que dan a los maestros de escuela; aproveche un almuerzo que cuesta solo $6.50 y que la señorita también me recomendó con creces. La música de fondo es por supuesto colombiana aunque también hay de esos corridos mexicanos y habaneras. No sé si tienen CD de tangos.
Ahora estoy yendo también al sauna para limpiar los poros, aunque con el caldito ese no hay necesidad del vapor.
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