ARTE CULINARIO
El Restaurante «Montealván»
Por FRANK GORDILLO
Como les contaba en el artículo anterior, tuve que seguir con la dieta estricta que me impuso mi esposa debido a mis ronquidos y a otros sonidos desagradables que emite cuando duerme mi triste humanidad.
La noche del viernes en lo del «Aquí me Quedo,» logré pasar desapercibido a mi regreso al hogar, pero me tuve que comer a mi regreso y en contra de mi voluntad una ensalada gigantesca de lechugas con zanahorias y una sopa siniestra que mi media naranja había preparado con mucho amor y que de acuerdo a un libro dicen que es muy vitamínica. La verdad es que sabía a tierra. Ese fue mi castigo por mi glotonería ya que tuve que tragarlo para guardar las apariencias a pesar de que había comido por un tubo y siete llaves en el restaurante de William Mercado.
«Ay me mato!,» dije cuando tuve que comerme todo eso en contra de mis propósitos de comelón.
Después de una semana de trabajo arduo en la municipalidad ya que ustedes se acuerdan de que venía la convención demócrata y todos teníamos labor extra haciendo llamadas telefónicas a los delegados; desperté el día sábado con una hambre intensa y marcadamente obsesiva. «Cómete el huevo duro y media manzana,» me dijo mi esposa mientras yo soñaba en la ducha con cuatro huevos fritos, seis tostadas con mucha mantequilla, papitas doradas con salsa picante, y dos tazones de café con leche sin descremar.
Para no discutir, hice lo que me pedían y me fui con las buenas intenciones de ejercitar al gimnasio Bally de la New Britain. Allí, me puse a caminar un rato en la maquinita con la cinta corredora, anduve un rato en la bicicleta fija, y levanté un par de pesas, mientras admiraba el ambiente femenino.
De regreso, y yendo por la avenida Farmington, pasado Evergreen, veo para mi mala suerte el restaurante mexicano «Montealván» que acaba de cambiar su fachada por lo que se ve más típico que un pueblo de frontera al otro lado de la muralla.
Nuevamente mi voluntad falló ya que el ser humano de por si es débil como un pétalo de alcachofa, y estacioné mi carro, me bajé, y disimuladamente entre al lugar que se ve de lo más tranquilo y donde había ya a esa hora un sinnúmero de gringos alimentándose con ahinco. Después de asegurarme que no había nadie conocido de la oficina, aunque sabía que estaban todos en la Convención donde ganó nuestro candidato Malloy gracias al esfuerzo nuestro en el tercer distrito; me senté en un lugar discreto cerca de la cocina y el mozo que ya me conoce me trajo sonriente un menú con un extenso número de platos para desayunar.
Allí mismo escogí de inmediato una orden doble de huevos revueltos con un pique especial muy fuerte llamado «Huevos Rancheros Zacatecas» que dicen que comía Pancho Villa antes de las batallas para darse ánimo y coraje; y un burrito de pollo mañanero apodado «Superdiablo,» o también conocido como «Aliento de Satanás.» Como me estoy cuidando, les solicite en voz baja dos vasos grandes de jugo de parcha que dicen que es bueno para la presión alta y baja el colesterol, y un café grande gastronómico con leche normal para hacer la digestión.
El lugar es muy agradable, limpio y ahora en el verano sacan las mesas al patio del frente desde donde usted se puede deleitar viendo a los títeres de la avenida Farmington hablando acerca de nada en las esquinas. El sitio es muy visitado por los nativos de gringolandia que en vez de comer los aburridos panqueques y los insulsos chocolates de la dieta de la Nueva Inglaterra; cambian ésta por un desayuno de puro macho típico de Montealván.
En cuanto a la comida, es una de las mejores y entiendo que los propietarios están estrechamente asociados con el no menos famoso restaurante «Sarape,» que está en la calle Broad y al que visitaré uno de estos días para recuperarme de la dieta.
En cuanto a los costos no me parecieron mal los precios y apenas pueda, durante estos meses previos a las primarias donde tenemos que fajarnos ayudando a Frank y a Kelvinme escapo para allá. Andale, andale.
Clasificación de 1 a 5
Tres estrellas |