ARTE CULINARIO
«The First and Last Tavern»
Por FRANK GORDILLO
Iba guiando apresuradamente por la calle Maple pensando en esta cosa del Centro de Convenciones que tiene al alcalde más nervioso que entrenador de equipo de fútbol en Alemania; cuando repentinamente me dio un hambre inmisericorde que trate de combatir con fuerza por tres segundos con técnicas terapéuticas diciéndome, «no, no, no...» Gracias a Dios que no soy dama ya que tengo un carácter muy débil y los apetitos corporales en mi caso deben tener satisfacción inmediata. Por eso es que estoy arriba de las 280 libras y el colesterol en los 250. La presión, por las nubes.
Para bien o para mal y olvidándome de las promesas a mi querida esposa de seguir a toda costa la famosa dieta de papas cocidas y estofados de repollo que consigue en Hall Food, una fuerza sobrehumana me hizo estacionarme frente al legendario restaurante «The First and Last Tavern.» Craso error.
Ahora en verano y cuando no cae esta dichosa lluvia que nos tiene más mojados que unos muchachos cuates que conoci en Willimantic, ponen unas mesitas en la parte del frente que nos hacen sentir como en Europa, y de inmediato salen unas señoritas muy simpáticas a traerle a usted el menú y un plato con diversos tipos de panes sicilianos que con mantequilla saben al Paraiso, perdonando la comparación.
Me senté bien apegado a una pared y me puse las gafas para que no me viera mi jefa que tiene una obsesión con los atrasos, o alguna amiga de mi cónyugue que después le inventa cosas. «Ay mira, Panchito estaba con alguien...»
Como en los viejos tiempos, pedí de inmediato una ensalada doble que trae garbanzos, lechuga, tomate, ají y que ellos la condimentan con un aceite de oliva de la tierra de Corleone. Como lo del vino no es la especialidad del restaurante (nada es perfecto), me pedí una de las variedades de cerveza que tiene mucho cuerpo y sabol. Terminé con la ensalada en menos que canta un gallo.
La señorita pensando que había concluido me iba ya a traer la cuenta, pero como es nueva y yo había estado por un tiempo en Puerto Rico, no sabía que después de la super ensalada pido siempre una pasta primavera doble con salsa picante de la casa que acompañada por el pan, sabe mejor que un mofongo de dos pisos con salsa de carne guisada de ese que sirven todos los días en el Comerio.
Sinceramente, este restaurante que está muy bien adornado y con un aspecto hogareño, es uno de los mejores en el sur de Hartford. Era muy frecuentado por el alcalde Mike Peters, antes de que comprara el bar; y cuya foto acompañando a Al Gore aparecía en las paredes con otros retratos de políticos famosos, incluida la de Rowland y una de verdadera colección del alcalde cuando éste usaba mostachos y gafas.
Del menú, les recomiendo la famosa «Putanesca» que no tiene nada que ver con esas muchachas que caminan sonriendo como a las diez de la noche por la Washington (a mi me lo han contado), y un pollo picante que además de la amplia variedad de pizzas, son la especialidad de la casa. Yo como viví un tiempo en Nueva York, siento que este restaurante tiene un aire parecido a otro famoso que esta cerca de la Quinta Avenida que también cuenta con una selección de fotos de edificios antiguos y personajes del siglo pasado, tales como Al Capone y Frank Sinatra.
Para despedirme y como me encanta el pan, me llevé un bollo gigantesco que me fui comiendo con lentitud y sin ajoro en el carro, pensando con melancolía en como será el final de la pelea entre las uniones y los dueños del Centro de Convenciones que se ve más enredada que un plato de linguini. En la próxima les cuento de otro restaurante de México Lindo localizado frente a la corte juvenil donde los burritos pollo son de antología.
Chiao caro amico |