La libertad de prensa en crisis
Por MIGUEL GARCIA
El articulo 19 de la Declaración de Derechos Humanos de las Naciones Unidas dice: «Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y expresión, el mismo incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras cualquier medio de expresión»
Pero en estos momentos esta declaración se encuentra en peligro, la libertad de prensa está pasando por una de las mayores crisis en Latinoa-mérica, desde la época de las dictaduras de derecha y los golpes de estado, que eran típicos de esa región. A pesar de que todos los gobiernos latinoamericanos, con la excepción de Cuba, son legítimos, elegidos democráticamente por los pueblos, no reconocen que una prensa libre, pluralista e indepen-diente es un componente esencial de toda sociedad democrática.
La más flagrante violación a la libertad de prensa la acaba de cometer el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, quien de un plumazo e ignorando el deseo del pueblo, sacó del aire a Radio Caracas Televisión, uno de los medios de comunicación más antiguo de Venezuela, por el solo hecho de que diferían de su política, de sus ideas y de su forma de actuar. Esto es de entender, Chávez no es un socialista, es un dictador que usó una doctrina popular para llegar al poder, los gobiernos socialistas del mundo moderno, no usan esos métodos.
Pero el peligro para la libertad de prensa traspasa las fronteras de Venezuela, el último estudio del grupo Reporteros sin Frontera reveló que solo dos países de Latinoamérica, Costa Rica y Bolivia, se encuentran entre los primeros 50 países que verdaderamente tienen libertad de prensa, aunque en el caso de Bolivia la libertad de expresión también se ha deteriorado desde que se hizo este estudio el año pasado. No se encontró correlación entre el desarrollo económico, o el nivel democrático y la libertad real de su prensa.
Con algunas excepciones, la mayoría de los gobiernos latinoamericanos no creen en la libertad de expresión o sencillamente tratan de controlarla en una forma muy discreta y disfrazada, tal es el caso del presidente de Argentina Ernesto Kirshner, legítimamente elegido por su pueblo en una forma democrática, se niega a conceder conferencias de prensa, alegando que él no necesita intermediarios para comunicarse con su pueblo, pero al mismo tiempo asigna $ 80 millones de dólares anuales para subsidiar los medios de comunicación adeptos a su gobierno y su persona.
El presidente de Ecuador, Rafael Correa, demandó judicialmente al editor del periódico La Hora de Quito porque lo criticó públicamente, lo cual es precisamente la función de un medio de comunicación, criticar o aplaudir según sea el caso, la actuación de un gobernante
De Cuba no vale la pena hablar, todos saben que en ese país no existe la prensa independiente, ni radial ni escrita, en estos momentos hay 27 periodistas presos por escribir artículos en la Internet, criticando el gobierno de Fidel Castro.
En Estados Unidos, la libertad de expresión se ha visto opacada después del atentado terrorista del 11 de septiembre, 2001, cada día vemos mas jueces y fiscales dictando ordenes para que los periodistas revelen la fuente de información, algo que siempre se ha considerado «sagrado» en el periodismo. El caso de la periodista del New York Times, Judith Miller, que fue enviada a la cárcel por negarse a revelar la fuente de información de un articulo sobre un caso que involucraba a miembros de la oficina del vice-presidente es un buen ejemplo de lo que está sucediendo.
Además de los dictadores elegidos, los periodistas se enfrentan a otro peligro aún peor, la represión de la libertad de prensa por parte de de los narcotraficantes. Todos los años son cientos los periodistas que mueren, miles los que tienen que abandonar los medios donde trabajan y otra gran mayoría tienen que abandonar sus países, marchándose a un exilio incierto.
Tanto en México como en Colombia los periodistas, especialmente los de regiones remotas del país, viven en acoso constante por parte de los narcotraficantes y las autoridades corruptas que cooperan con los criminales, muchos de ellos han perdido la vida en el ejercicio de su profesión. En México, por ejemplo, el gobierno no puede garantizar la seguridad de los periodistas, especialmente los de provincia, mientras que el gobierno se ha debilitado, el cartel de las drogas ha aumentado su poder.
Los buenos periodistas saben más de lo que pueden escribir. El problema es que los buenos periodistas apenas están escribiendo.
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