No culpemos a Evo
Bolivia, acaba de cumplir su aniversario número 183 como nación independiente y solo está a unas horas de celebrar un referéndum revocatorio, que decidirá el futuro del presidente Evo Morales y varios prefectos (gobernadores) de las provincias más importantes de Bolivia, pero todo esto sucede en medio de un ambiente hostil, violento y peligroso que tiene a dicha nación al borde de una guerra civil.
Bolivia se ha caracterizado a través de su historia por los golpes de estado, ha tenido más presidentes que ninguna otra nación de América del Sur, solo una minoría de los presidentes llegó a cumplir el periodo para el cual había sido elegido, el promedio de gobernación de un presidente es menos de un año, muchos de ellos solo llegaron a gobernar meses.
En el 2006, el pueblo boliviano eligió a Evo Morales como presidente por amplia mayoría, quien llegó al poder con una maleta llena de sueños e ilusiones, que nunca ha podido convertir en realidad. Bolivia sigue siendo el país más pobre del continente; con una inflación que acaba de alcanzar 9.35% y está pronosticado que llegará al 12 % a finales de este año; el fluido eléctrico brilla por su ausencia en una gran parte de Bolivia y la carencia de escuelas es otro gran problema en las zonas rurales.
Tuvimos la oportunidad de hablar con Evo en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia cuando estaba en la campaña electoral que lo llevó a la presidencia, nos dio la impresión que estábamos hablando con una persona sencilla, noble, de buenas intenciones, pero también lo vimos como un niño soñador que ansiaba tener un juguete, en este caso la presidencia de la república. Nos dimos cuenta que su mente se había quedado estancada en la época de las revoluciones románticas como la de Cuba. Evo es más que admirador de Fidel Castro es fanático de su fracasada doctrina. Su español es precario, porque no es su idioma principal y su falta de preparación académica, también es notable.
Los últimos acontecimientos, donde fallecieron dos mineros han hecho que la situación en Bolivia se haya deteriorado más. Los enfrentamientos y la violencia han llegado a la capital, en un incidente 200 esposas de mineros interrumpieron el desfile escolar tradicional del Día de la Independencia, lo cual despertó la ira de los padres cuyos hijos participaban en el desfile, ambos bandos se enfrentaron dándose golpes con palos, cuchillos y todo lo que encontraban a mano; este tipo de incidente se repite en otras regiones de Bolivia, el líder de la Central Obrera, Jaime Solares se declaró en la clandestinidad, porque según él era seguido por las fuerzas del gobierno.Lo que estamos viendo en Bolivia no es más que el reflejo de su historia, cuando algo está mal se resuelve con violencia.
Estamos seguros que Evo Morales ganará el referéndum revocatorio y al mismo tiempo eliminará algunos prefectos que no están de acuerdo con él. Evo mantiene una gran popularidad entre la población indígena, que representan la mayoría de la población boliviana, aunque muchos de estos indígenas le han dado la espalda a Morales, porque no han visto los resultados que ellos esperaban.
La realidad es que cualquiera que sea el resultado del referéndum no cambiará la situación en Bolivia, el mayor problema que allí existe es el racismo de ambas partes. Por una parte, los indígenas odian a los blancos de Santa Cruz, Beni, Pando etc., estos blancos, la mayoría provenientes de familias europeas que emigraron a Bolivia en busca de una mejor vida, detestan a los indios, a quienes explotan de una forma feroz. En Santa Cruz hay más croatas que en ninguna otra nación del mundo, excepto Croacia.
La economía de Bolvía es un verdadero desastre, pero de esto no podemos culpar el gobierno de Evo, el plan de privatización de empresas en las dos últimas décadas, enajenó el patrimonio nacional, los resultados fueron peores que la enfermedad.
La desigualdad social es la peor de Latinoamérica, en cuanto a los niveles de educación, Bolivia está a la zaga de América Latina y peor aún en la salud. La desigualdad de ingresos es alarmante, la diferencia entre el 10% mas rico y el 10% mas pobre es de 168.1 %; en Brasil es de 57.84 %; en Estados Unidos es de 15.9 %. Lo cual coloca a Bolivia como el país más desigual de Sudamérica, pero de esto tampoco podemos culpar a Evo.
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