
¿Nacer Para Morir?
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Quiero agradecer a todas las personas conocidas tanto como desconocidas su incondicional apoyo y palabras de ánimo que aún hasta hoy seguimos recibiendo. Gracias por acompañarnos en momentos de gran dolor ante la pérdida de nuestra madre. Aunque una gran pérdida desde la perspectiva humana, ha sido una gran ganancia a nuestra vida espiritual. Por eso hoy nos sentimos mas fortalecidos.
También, a todos aquellos lectores que nos compartieron sus impresiones sobre artículo anterior les queremos dar las gracias. Y en respuesta a algunos, deseamos continuar hablando sobre el tema de la muerte.
¡No hay cosa más temible para el ser humano que el tema de la muerte! Desde los tiempos antiguos el ser humano se ha mostrado inquieto con este fenómeno tan anti-natural. Y digo así por muy adentro de cada uno de nosotros sabemos que nosotros fuimos credos para vivir y no para morir. El ser humano fue creado a imagen y semejanza de Dios. A Su imagen significa que poseemos tanto la apariencia corporal y estructura emocional y de personalidad. A Su semejanza significa que fuimos creados con Sus propios atributos, entre ellos el ser eternos. Esto implica que poseemos las características del Dios eterno en nosotros.
Aunque el cuerpo se deteriora y eventualmente muere a causa de nuestra naturaleza terrenal, nuestro ser interior, nuestra alma, nuestro espíritu son eternos. Aunque el propósito de este artículo no es hablar del destino eterno del alma y/o espíritu cabe señalar que todos tendremos que presentarnos delante de nuestro creador algún día.
Pienso que a todos se nos enseña a como prepararnos para la vida adulta, la vida laboral o profesional. Se nos enseña muchas cosas pero no se nos enseña a prepararnos con ese encuentro eventual pero definitivo con nuestro creador. Aún muchas religiones y algunas iglesias fallan en preparar a sus feligreses para su encuentro con el Eterno.
¡Para un buen morir, lo mejor es un buen vivir! La vida es corta, y para algunos es demasiado corta. Hay muchas razones por las cuales la gente tiene miedo de morir. Algunas de ellas son el vivir una vida llena de muchos problemas y muchas complicaciones y nunca haber tenido la dicha de ser feliz. Otros tienen tantos planes que desean realizar que en realidad necesitarían dos o tres vidas para poderlos cumplir. Otros temen morir si haber resuelto algún conflicto personal, familiar o ver que se haya hecho justicia en tal o cual situación.
Otras personas le tienen miedo al más allá. Otros sencillamente tratan de ignorar el tema y no hablar de cosas como esas. Nuestra actitud juega un papel bien importante en todo esto. Y de eso es que se trata cuando decimos que lo que es verdaderamente importante en la vida es poderla vivir a plenitud, no en desorden, con una conciencia limpia y asegurarnos que no guardamos ningún rencor o conflicto en nuestro corazón que nos causa mucho dolor y sufrimiento a nosotros y a los que conviven con nosotros.
Hay actitudes que son incorrectas pues le añaden un toque de “sentimiento trágico” a la vida. La vida no es una tragedia. La actitud existencialista lo ve todo catastrófico, caótico y sin remedio. Ellos declaran que el ser humano es un ser para la muerte. Y cada día uno se va muriendo y después de todo no hay esperanza. Todo está perdido. No conozco a ningún existencialista que sea empresario y millonario, pues con una actitud tan fatalista nada positivo les puede acontecer.
La actitud correcta es la de vivir cada con mucha inspiración. Disfrutar de cada momento, ya sea en el trabajo, en la escuela, en el hogar, con la familia, con los amigos. Cultivar los aspectos espirituales de nuestro ser interior. Procurar la paz con todos. Aprender a conformarse con lo que se tiene. No estamos hablando de que seamos conformistas. Sino conformes con el fruto o resultado de nuestro esfuerzo y cobrar ánimo para seguir luchando.
Vivir con una conciencia tranquila, poder disfrutar del aire que respiramos, poder contemplar la luz del día o la claridad de la noche. Observar a la creación y a todos los animales y ver como ellos a veces nos pueden enseñar cosas muy útiles para nuestra convivencia y nuestra sobrevivencia.
¡Sí; yo pienso que vale la pena vivir! A veces pienso que nuestra vida en esta tierra es tan solo un ensayo de lo que será nuestra vida en la eternidad. Si aprovechas bien el tiempo en esta vida, si haces lo que es correcto y le das a Dios el primer lugar en tu corazón de seguro te irá bien en aquél día.
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Las opiniones vertidas por Waldemar Gracia no reflejan la posición de la Voz Hispana. Nombres, lugares y circunstancias han sido alterados para proteger la identidad de los personajes citados en la historia.
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