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EL PERIÓDICO SEMANAL DIGITAL DE LA VOZ HISPANA DE CONNECTICUT

 
 

¡Cosas en que Pensar!

En estas últimas semanas he recibido muchas historias y cuentos cortos de parte de varios lectores. Aprovecho para darles las gracias por rodo su apoyo y por las ideas que comparten con éste su servidor. He decidido publicar algunas de estos cuentos que no sé si son originales o son de alguien más, pero de todos modos estas historias tratan de cosas en que pensar. Veamos:


El Ateo y el Oso
Un ateo estaba paseando en un bosque, admirando todo lo que aquel “accidente de la  evolución” había creado. “- Pero qué árboles majestuosos! Qué poderosos ríos! Qué bellos animales!”  El iba diciendo. A medida que caminaba, a lo largo del río, escuchó un ruido en los arbustos, tras de sí. Se volteó para mirar. Fue entonces cuando vio un corpulento oso pardo caminando en su dirección. Se puso a correr lo más rápido que podía. Miró, por encima del hombro, y reparó que el oso estaba demasiado cerca. ¡Aumentó la velocidad!
Era tanto su miedo que algunas lágrimas le vinieron a los ojos. Fue entonces cuando tropezó y cayó de bruces. Rodó por el suelo rápidamente e intentó levantarse. Pero el oso ya estaba sobre él, procurando agarrarlo con su fuerte pata izquierda y, con la otra pata, intentando agredirlo ferozmente. En ese preciso momento, el ateo clamó: - ” Oh mi Dios !”.
Entonces el tiempo se paró. El oso quedó sin reacción. El bosque se sumergió en un silencio sepulcral. Hasta el río dejó de correr. A medida que una luz clara brillaba, una voz venía del cielo diciendo: - “Tú negaste mi existencia durante todos estos años, enseñaste a otros que yo no existía,  y redujiste la creación a un accidente cósmico.  Esperas que yo te ayude a salir de este apuro? ¿Debo yo esperar que tengas fe en  mí?” El ateo miró directamente a la luz y le dijo: “Sería, de hecho, hipócrita por mi parte,  pedirte que, de pronto, me  pases  a tratar como un cristiano! Mas tal vez…  ¿No podrías convertir al oso en cristiano ?” - “Muy bien”, dijo la voz. La luz despareció. El río volvió a correr. Y los sonidos del bosque retornaron. Y, entonces, el oso juntó sus patas, hizo una pausa, bajó la cabeza y dijo: “Señor, bendice este alimento que ahora voy a comer. Amén”.

El Gato
Un señor odia al gato de su mujer y decide hacerlo desaparecer. Lo mete en una bolsa y lo lleva en el coche a 20 kilómetros de su casa. Cuando vuelve, el gato estaba sentado en el portón de la casa. Nervioso, el tío repite la operación, pero ahora lo abandona a 40 kilómetros de su casa. Cuando vuelve, el gato otra vez estaba esperándolo en el portón. Ahora el hombre estaba furioso; agarra el gato, lo pone en el coche y anda 10 kilómetros a la derecha, 20 a la izquierda, 30 hacia el norte, y 25 hacia el sur. Suelta el gato y emprende el regreso a casa. Al cabo de un rato, llama a su mujer por el móvil y le dice: - Querida, ¿el gato está por ahí? - Acaba de llegar, ¿por qué querido?
- Pon el gato al teléfono, que me he perdido.
Compartiendo todas las Cosas
Una pareja de ancianos entró en un McDonald’s una noche de invierno y buscaron una mesa libre entre todos los jóvenes que estaban allí cenando esa noche. El anciano se acerco a la caja y pidió su comida, sin dudar, y seguidamente la pagó. El anciano desenvolvió la hamburguesa y cuidadosamente la partió por la mitad, y puso una mitad junto a su esposa, luego con mucho cuidado contó todas las papitas fritas y las dividió en dos montones y colocó un montón junto a su esposa.
Igualmente, metió dos pajillas dentro del refresco y lo puso entre él y su esposa. Cuando el anciano empezó a comer su mísera media hamburguesa, la gente de alrededor, se los quedó mirando con compasión. Un joven se les acercó, y educadamente les dijo, que les compraría otra ración de comida. Él anciano, respondió, que no se molestara, que estaba bien así, que estaban acostumbrados a compartirlo todo entre los dos. La gente de alrededor, se dio cuenta de que la anciana, no había probado bocado, sólo miraba como comía su marido, y de vez en cuando, cuando era su turno, bebía un poquito del refresco. El joven se acercó otra vez y les suplicó que por favor dejara que les invitara a algo para comer. Esta vez fue la anciana la que le explicó que no, que ellos estaban acostumbrados a compartir siempre todo juntos. Cuando el anciano terminó de comer su parte y se limpiaba con la servilleta delicadamente, el joven que ya no podía continuar viendo esa situación, volvió por tercera vez a intentar invitarles a algo de comer. Después de que la pareja de ancianos, rechazara otra vez la invitación, el joven le preguntó a la anciana:
- ¿Y usted señora, que es lo que está esperando para empezar a comer…?
La anciana contestó:…….
- “QUE EL TERMINE DE COMER Y ME PRESTE LOS DIENTES MIJO, SI LOS DIENTES…!!!


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Las opiniones vertidas por Waldemar Gracia no reflejan la posición de la Voz Hispana. Nombres, lugares y circunstancias han sido alterados para proteger la identidad de los personajes citados en la historia.
Nota : Si has encontrado esta columna útil o interesante, o si tienes alguna pregunta, puedes comunicarte con el autor por correo electrónico a : wallygracia@yahoo.com

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