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EL PERIÓDICO SEMANAL DIGITAL DE LA VOZ HISPANA DE CONNECTICUT

 
 

¡La Leyenda de La Muchacha del Baile!

Durante esta última semana he recibido cerca de 17 correos electrónicos de lectores que desean más información acerca de los cuentos y leyendas de Puerto Rico. Al publicar algunas de ellas (que encontré en un pequeño libro y son de autores anónimos) nunca pensé que iban a ser de impacto para otros que al igual que yo nos sentimos embargados por los recuerdos de nuestra infancia cada vez que oímos o leemos algo que nos conecta con aquél pasado que tanto añoramos.
Les recomiendo que busquen en las bibliotecas y centros de información cuentos, historias y leyendas y se las lean a sus hijos, nietos o sobrinos. El poder de la imaginación es inmenso. Recuerdo aquellos años en los que no teníamos televisor, y el oír estos cuentos nos hacía imaginar y transportarnos a un mundo donde todo era mucho mejor.
Cada cuento o leyenda portaba una enseñanza muy importante para la vida. Aún me parece oír la voz de mi abuela cuando me decía: “estoy segura de que esta historia jamás la vas a olvidar”… y así ha sido. Espero que les guste la Leyenda de la muchacha del baile.


Don Emilio y doña Cecilia Cañadas formaban un matrimonio muy feliz. Vivían en las afueras del pueblo de Aibonito. Les habían nacido 3 hijos varones y por último una preciosa niña. La llamaron Marisol Perla por lo hermosa que era.
Aparte de sus atributos físicos Marisol creció llena de inteligencia y de bondad. Tan pronto terminó la escuela superior entró en la Universidad. Allí se preparó para trabajar como Trabajadora Social.
Al terminar sus estudios regresó a su pueblo. Su vida transcurría tranquila. Iba al trabajo, a la iglesia ,a la Plaza del pueblo y cuando había baile en el Club Social, no se lo perdía.
Una vez hizo una visita a unos parientes en un pueblo cercano y allí conoció a quien sería el causante de su viaje a la eternidad a temprana edad:…. ABELARDO.
Desde ese momento los jóvenes quedaron impresionados uno con el otro. Se hicieron novios y se formalizó la boda. Abelardo y Marisol eran muy diferentes. Él era un joven campesino, no estudió mucho y a temprana edad se dedicó a trabajar con su padre en la finca que poseían.
Todo parecía ir por buen camino pero no fue así. Este noviazgo no duró mucho. Abelardo había tenido una novia de varios años pero se habían separado. Para desgracia de Marisol la muchacha regresó al pueblo.
Y la realidad abrió sus ojos. Su adorado Abelardo no la amaba. ¡Mientras ella se desvelaba por él....Él se desvelaba por otra!
Se enfrió la amistad. Se acabó el noviazgo. Se dejaron de ver. Dos hondos sentimientos: el dolor del desengaño y un amor puro no correspondido hicieron honda huella en la propia estimación de Marisol. Se sintió tan sola, tan triste, tan angustiada que optó por quitarse la vida. Su muerte conmovió al pueblo.
El fin de semana en que se cumplían 7 años desde aquel día fatal. Se celebraba un baile en el Club Social del pueblo. Comenzó el baile y a eso de las once de la noche llegó el joven ingeniero Leandri Sotamante. Sotamante notó que todos estaban bailando excepto una hermosa mujer que permanecía sola.
Sin pensarlo, se dirigió a la mesa donde estaba la joven, La saludó y la invitó a bailar. Siguieron juntos durante todo el baile. Era de madrugada. El baile finalizaba. Leandri estaba tan impresionado con la joven que se ofreció para llevarla hasta su casa. Hacía mucho frío por lo que el joven cubrió los hombros de la muchacha con su gabán. Iría a recogerlo al día siguiente.
Al otro día Leandri fue a recoger su gabán. Tocó a la puerta y fue recibido por doña Cecilia Cañada. Le explicó su razón de estar allí y lo que había sucedido la noche anterior. La reacción de doña Cecilia fue de sorpresa e incredulidad. __¿Qué conoció a mi hija Marisol Perla? ….Déjeme decirle ingeniero Sotamante que usted se ha equivocado puesto que mi hija Marisol murió hace 7 años.
—»Usted me está ocultando algo, señora Cañada».__Dijo malhumorado Leandri __»Fue por esta puerta que la vi entrar esta madrugada. No creo lo del cuento ese de que ella esté muerta. Pruébeme eso o de lo contrario aquí me quedo».
Doña Cecilia llamó a su marido y le explicó lo que sucedía. —¡Bien , joven ! ¡Sígame!
Entraron al cementerio. Pronto se encontraron frente a una tumba blanca cuya lápida leía: “Marisol Perla Cañadas. Muerta a los 22 años”. Y sobre la cruz, en la parte de arriba, Leandri vio su gabán.
Ambos hombres se arrodillaron. “Rezaron el Santo Rosario” por el alma de quien en vida fue, Marisol Perla Cañadas. Muerta hacía 7 años por un desengaño amoroso.


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Las opiniones vertidas por Waldemar Gracia no reflejan la posición de la Voz Hispana. Nombres, lugares y circunstancias han sido alterados para proteger la identidad de los personajes citados en la historia.
Nota : Si has encontrado esta columna útil o interesante, o si tienes alguna pregunta, puedes comunicarte con el autor por correo electrónico a : wallygracia@yahoo.com

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