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EL PERIÓDICO SEMANAL DIGITAL DE LA VOZ HISPANA DE CONNECTICUT

 
 


¡Dios y la Inmigración!

El tema de la inmigración parece no tener fin. No pasa ni un solo día en que en las noticias, especialmente las de los canales hispanos, se cuente alguna historia, se hable de una reforma o de una redada contra los inmigrantes.


Pero este tema no es nuevo. Yo pienso que la inmigración fue el primer problema con el que el ser humano tuvo que lidiar. Desde que el ser humano fue puesto sobre la tierra estuvo moviéndose o mudándose de un lugar para otro.
Primero, el ser humano fue expulsado del Huerto de Edén. Todos sabemos la razón de su expulsión. Sin embargo, a partir de ese momento el ser humano tuvo que deambular por la tierra buscando un lugar donde establecer su morada. Luego el Génesis nos cuenta que el Patriarca Abraham fue llamado a salir de su tierra a una que le iba a ofrecer mejores oportunidades para el y su familia. Tierra que fluía Leche y Miel significando a la riqueza de aquella tierra en la Dios le iba a bendecir. ¿No creemos todos los que inmigramos que Dios quiere que prosperemos en tierra extraña?
La historia bíblica continua con la inmigración de José y posteriormente su padre Jacob y su familia a la tierra de Egipto. ¿La razón de la inmigración? ¡Sobrevivencia! Había tal hambre en la tierra que sólo Egipto les podía proporcionar el alimento necesario para la sobrevivencia de toda una generación. Una vez más, Dios estaba en el asunto. ¿No es la sobrevivencia una de las razones por la que muchos inmigramos?
Cuatrocientos años después, Moisés emigró de la tierra de Egipto. Anduvo por el desierto con una multitud estimada en dos millones por 40 años, hasta que finalmente llegaron a las orillas del río Jordán. Moisés muere y le toca a Josué poseer una tierra extraña que no les pertenecía, pero como Dios estaba en el asunto él la pudo conquistar con todos los israelitas indocumentados que cruzaron el río Jordán en seco luego haciendo que las murallas de Jericó se cayeran. ¡Pero Dios estaba en el asunto! ¿No podrá Dios hacer que otras murallas que impiden el paso y el progreso de Su pueblo también se caigan?
Luego de muchas batallas y conquistas el pueblo de Dios logró establecerse en la tierra de oportunidades tal y como le fue prometido. ¡Esto fue posible por que Dios estaba en el asunto! ¿No podrá Dios luego de muchas batallas darle la final conquista y cumplir sus deseos de pan, tierra y libertad a aquellos que en Su nombre defienden este derecho?
El pueblo de Dios fue deportado de su tierra y despojado de sus derechos primero por los Asirios, luego los Babilonios y finalmente por los Romanos. Posteriormente, fueron capaces de entrar por segunda vez e instalarse nuevamente en la tierra que les fue prometida. Esto fue posible por que Dios estaba en el asunto. Si eres deportado no significa que Dios no esté en el asunto. Tal vez el quiere que te vaya mejor la segunda vez.
Poseer la tierra no es suficiente. Hay que saber luchar por nuestros ideales y nuestras convicciones. Sobrevivencia y subsistencia al igual que mejores oportunidades pueden ser factores de motivación para la inmigración. Pero una vez se ha dado el paso, una vez se esté en posesión de la tierra hay que cultivar los ideales y crear nuevas y mejores oportunidades para los que vendrán después. ¡Recuerda no fuiste el primero, pero tampoco serás el último!
Este fue el caso de Jesús. Cuando niño tuvo que inmigrar nuevamente a Egipto con el propósito de escapar por su vida por que Herodes quería matarlo por considerarlo una amenaza terrorista. Jesús permaneció en Egipto hasta la muerte de Herodes. Durante Su vida y ministerio sus enemigos querían deportarlo a la eternidad de donde El vino. Finalmente lo hicieron, pero El regresó a este mundo nuevamente al tercer día.
Jesús también fue un inmigrante. El siempre decía mi Reino no es de este mundo. Por eso el comenzó a anunciar la venida del Reino de Dios dándonos una señal y una esperanza. La señal es que la inmigración es una condición de vida que se extiende a la dimensión de lo eterno. Un buen día cada uno de nosotros tendrá que emigrar a su destino eterno. La esperanza consiste en que una vez completemos esa travesía hacia la dimensión de lo eterno, esta será la última vez que emigraremos de un lugar a otro.
¿Será la inmigración parte del propósito de Dios? El creó la tierra y puso al ser humano en ella. Nos dio la libertad de hacerla crecer a través de podernos mover libremente de un lugar a otro según la necesidad y la conveniencia. Lamentablemente, ha sido el mismo ser humano el que ha creado el problema que enfrentamos hoy en día.
Si se aprueba una reforma; ¡Qué bueno! Y si no, la inmigración ha de continuar. Este no hay quien lo pare. ¿Sabes por qué? ¡Por que Dios está en este asunto!.

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Las opiniones vertidas por Waldemar Gracia no reflejan la posición de la Voz Hispana. Nombres, lugares y circunstancias han sido alterados para proteger la identidad de los personajes citados en la historia.
Nota : Si has encontrado esta columna útil o interesante, o si tienes alguna pregunta, puedes comunicarte con el autor por correo electrónico a : wallygracia@yahoo.com


 

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