
El Ticket de la Lotería
Todos soñamos con un día poder vivir felices y sin deudas. Vivir sin compromisos financieros que nos obliguen a trabajar y pagar, para luego seguir trabando y seguir pagando. Muchos nos enfrentamos cada día con muchas ofertas tentadoras que nos prometen una manera rápida de hacer dinero. Siendo seducidos por estas ofertas impresionantes, muchos terminan más endeudados de lo que se encontraban antes de responder a ellas.
Pero no todos los casos terminan de la misma manera. Recuerdo una familia muy pobre que vivía cerca del vecindario donde me crié. Una familia humilde, con muchas necesidades, pero muy trabajadora. Algunos de sus niños eran alimentados y vestidos por algunos de los vecinos. En nuestro vecindario los problemas y las necesidades eran compartidas por todos. Todos se ayudaban entre si, porque todos se consideraban del mismo nivel. Un buen día don Miguel (todos los nombres utilizados son ficticios) llegó más temprano del trabajo que de costumbre. Era miércoles temprano en la tarde, cuando el periódico El Imparcial publicaba la «lista». Don Miguel compró el periódico por que quería revisar el ticket de la lotería. «¡Carmen…Carmen...tu no sabes lo que me ha pasao!» ….»¡Que pasa Miguel,…que te pasa!». «¡Tu no me va a creer…me he pegao en la lotería!»…»¿Que qué? ¡Ay Dios mio, que bueno…que bueno!»
De la noche a la mañana esta humilde familia ya se consideraba una familia de «riquitos». Pues don Miguel se había sacado la lotería con $25,000.00 con el cuarto de billete que don Luis «el bolitero» le había vendido. Todos en el barrio nos alegramos y comenzamos a celebrar con ellos. Durante el alboroto, la comida, las bebidas y la fiesta también se allegaron gente que ni siquiera eran del barrio. Pero eso no importaba. Lo que importaba era que todos estábamos contentos y haciéndonos de la idea de que los Rivera, luego del jorgorio cambiarían el billete en la colecturía y nos darian «algito», aunque sea un «regalito».
En cosa de un par de semanas esta familia «desapareció» del barrio. Todos se preguntaban a dónde se habían ido con tanta prisa. Ya el chisme empezaba a circular. Algunos vecinos «preocupados» comenzaron a reflexionar y se daban «decuenta» que los Rivera no habían puesto ni un «chavo» para la fiesta que se les hizo. Rumores de aquí y rumores de allá se escuchaban por doquier. Una tarde, en el bar de Cheo, donde Miguel se la pasaba mas tiempo que en su casa, alguien dijo que los Rivera se encontaban en el Bronx. «Mi cuñao me escribió y me dijo que se los encontró en la marketa».
Pasaron cerca de diez meses y se acercaba la época de Navidad. El apartamento que ocupaban los Rivera ya se le había alquilado a «otra gente». El dueño se había ocupado de regar el chisme de que los Rivera se fueron sin pagarle el último mes y debiéndole a cada santo una vela. Cuando el asunto parecía asunto ya olvidado nos enteramos de que los Rivera habían llegado de noche a casa de la hermana de doña Carmen, una calle mas abajo de donde vivían antes. Esta vez no hubo celebración ni fiesta. Los Rivera llegaron «pelaos y sin un chavo». Sus niños comenzaron en la escuela donde todos los días los otros niños hacían burla de ellos.
Don Miguel nunca renunció a su trabajo y terminaron botándolo. Ahora se la pasaba haciedo «chiripitas» y siempre cabizbajo. Aunque cuando se daba el trago le daba por contar de lo bien que le iba por los «nuevayores» y que se vinieron porque a su mujer no le gustaba el frio.
Esta vez los Rivera no fueron del todo bien recibidos por la gente. La actitud de muchos vecinos fue muy fuerte con ellos, aunque hubo siempre quien le extendiera una mano. Cuentan que doña Carmen con mucho sollozos se lamentaba y decía que Miguel era el que tenía siempre en la cabeza irse de ese vecindario. Ella era la única que parecía darse cuenta de que lo que al principio parecía ser la solución a todos sus problemas, ahora era su peor pesadilla. Ahora los Rivera estaban sin casa, sin trabajo y sin el apoyo de la cominidad que siempre estuvo allí por ellos.
Lo sucedido a esta familia le puede suceder a cualquira. El tener dinero no es problema. Todos debemos esforzarnos por mejorar nuestra calidad de vida. El dinero sirve para solucionar muchos problemas y nos permite dar de lo mejor a nustros hijos. Pero si no sabemos como manejar la prosperidad eventualmente seremos arrastrados a la miseria. El amor al dinero es el principio de todos los males.
El dinero no debe controlar tu vida y hacerte cambiar lo que tu eres como persona. El dinero nos da la oportunidad de ayudar a otros en necesidad, recordando que en algún momento alguien tal vez nos ayudó también con su dinero.
_____________
Las opiniones vertidas por Waldemar Gracia no reflejan la posición de la Voz Hispana. Nombres, lugares y circunstancias han sido alterados para proteger la identidad de los personajes citados en la historia.
Nota : Si has encontrado esta columna útil o interesante, o si tienes alguna pregunta, puedes comunicarte con el autor por correo electrónico a : wallygracia@yahoo.com |