YOUR WEEKLY SPANISH NEWSPAPER Contactenos
PORTADA
 
EL PERIÓDICO SEMANAL DIGITAL DE LA VOZ HISPANA DE CONNECTICUT

 
 


El problema de Tuto Pérez…

“Ya estoy cansado de que me trates de decir lo que tengo que hacer…Yo puedo resolver mis problemas por mi cuenta y no necesito de nadie…y mucho menos de tí…”, decía un amigo a su compañero de trabajo. Tuto Pérez era un joven muy destacado y sobresaliente pero tenía una forma un poco ruda de contestar a la gente. Cuando llegó la oportunidad de obtener una promoción en su trabajo la misma le fue negada a pesar de estar muy cualificado para el puesto. Juan fue el que obtuvo la posición de Gerente de Servicios al Cliente. Juan no tenía la preparación académica de Tuto Pérez, pero en cambio era muy educado y respetuoso, siempre dispuesto a escuchar a los clientes y siempre presto a solucionarles cualquier problema. Juan nunca se vio envuelto en ningún chisme o “bochinche” dentro de la compañía. En cambio Tuto Pérez siempre estaba en boca de los demás.


El problema de Tuto Pérez es muy similar al de muchos de nosotros. A veces, sin querer con nuestras palabras y comentarios ofendemos a los demás. Expresiones como la citada arriba puede ser muy cierta,…el que uno tenga la capacidad de resolver los problemas por si mismo es algo digno de admirar. Pero que uno lo diga en un tono que desmerece y desvalora las buenas intensiones, hiere y lastima a los demás. Expresiones tales como: “Que me importa lo que diga de mí la gente…ninguno de ellos me da nada para vivir…”, puede ser interpretada como terquedad y arrogancia. Al decir que no nos importa lo que diga la gente estamos diciendo que no respetamos las opiniones, ni mucho menos le reconocemos la autoridad moral que tienen nuestros amigos, familiares y vecinos. No nos gusta que nos juzguen pero ya nosotros hemos emitido la sentencia en contra de la sociedad.
Nadie quiere ser y mucho menos catalogado como un arrogante. Muchas de nuestras hirientes expresiones son “inconci-entes”. Y en otras ocasiones pensamos que somos muy “honestos” y que le hacemos honor a la verdad cuando nos presentamos y proyectamos como superiores, independientes, y mucho más inteligentes que los demás. Ofendemos y somos tercos y arrogantes cuando criticamos o señalamos a personas por ser de tal o cual nacionalidad, por ser de tal o cual religión, o por ser de tal y cual partido político.
Nuestra actitud terca y arrogante hace que las personas nos eviten y se aparten de nosotros. El precio que se paga es demasiado alto. El arrogante termina solo en la vida. Tarde que temprano su esposa termina dejándolo solo, pues la mujer se cansa de vivir con un hombre que la ve solo como un objeto, que no valora ni la respeta ni como persona ni como mujer. Los hijos del arrogante no quieren saber de él. Tan pronto les llega la hora de partir del hogar se alejan y no lo quieren visitar y mucho menos llevarle a los nietos. Luego se pregunta,…”¿Por qué serán tan mal agradecidos los hijos?”.
Tuto Pérez no pensaba que tal vez pudiera haber algo malo con el. Al contrario, sus pensamientos trataban de convencerlo de que sus jefes a parte de ser racistas le tenían miedo y envidia. Por que si alguien con su preparación tomaba el puesto de Gerente, seguramente sus jefes lo verían como una amenaza. De esta manera Tuto Pérez trató de bregar con su decepción. Entonces Tuto Pérez comenzó a criticar todo lo que hacia Juan diciendo que la única razón por la que Juan había obtenido el puesto fue por ser “lambe ojos” y una “perfecta marioneta de los gringos”.
La terquedad y la arrogancia nos hunden cada vez más y más en si mismas. Caer en ellas es como caer en un pozo sin fondo. El único destino para el arrogante es seguir siendo cada vez más y más arrogante. La terquedad y la arrogancia son los únicos defectos de nuestro carácter que nos engaña diciéndonos que nosotros somos los únicos que estamos bien. El terco y arrogante jamás leerá este artículo. Por el contrario pensará que se esta refiriendo a otra clase de persona…pero no de él. La terquedad y la arrogancia nos hacen pensar que lo sabemos todo y que no tenemos nada que aprender de los demás. La arrogancia nos hace considerar a los demás como ignorantes y faltos de las habilidades que por fortuna “solo nosotros tenemos”.
Salir de la arrogancia no es fácil, pero es posible. Requiere el que reconozcamos que somos tercos y arrogantes y que nuestra única salida es confesar nuestra incompetencia e incapacidad para dominar la misma. Necesitamos aceptar el consejo y por que no…también la critica de los que están a nuestro alrededor,…de aquellos ya quienes hemos herido y ofendido y pedir perdón. Y tan pronto como nos comencemos a sentir bien con nosotros mismos otra vez….tal vez es por que hemos sufrido una recaída.

_____________
Las opiniones vertidas por Waldemar Gracia no reflejan la posición de la Voz Hispana. Nombres, lugares y circunstancias han sido alterados para proteger la identidad de los personajes citados en la historia.
Nota : Si has encontrado esta columna útil o interesante, o si tienes alguna pregunta, puedes comunicarte con el autor por correo electrónico a : wallygracia@yahoo.com


 

LA VOZ HISPANA DE CONNECTICUT
Your Weekly Hispanic Newspaper
_______________________________________
Prohibida su reproducción total o parcial, sin autorización escrita de su titular.
Reproduction in whole or in part, without written permission, is prohibited.
USA - CONNECTICUT