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EL PERIÓDICO SEMANAL DIGITAL DE LA VOZ HISPANA DE CONNECTICUT

 
 


Por: Armando Caicedo

La Palabrita Obscena


Durante los últimos meses he sentido que -aquí- a la altura del bajo vientre, se me atoró una palabrita políticamente incorrecta.
Aunque cada semana sentí la tentación de escribir sobre ella, jamás me atreví.
Pero todos los días revisé la prensa y el Internet y sintonicé la tele con la esperanza de conocer a ese primer valiente de la Administración que osara pronunciarla.
La inquietud empezó cuando me percaté que en el supermercado pago lo de siempre, pero llego con menos alimentos a la casa. Ahora necesito más dinero para echarle gasolina a mi carro. Cada vez que abono a una tarjeta de crédito descubro que entre más pago, más debo. Y cada vez que intento saber cuánto vale mi casa, me doy cuenta que ella vale menos, pero que yo debo más.
De tanto esperar a que alguien pronunciara la obscena palabreja, ésta se me indigestó. Sentí que me subía y me bajaba, al ritmo loco de la fluctuación de las acciones en la bolsa.
Pero hace unas horas se terminó este estreñimiento informativo. ¡Mi madre! ¡Por fin! ¡Qué descanso! La palabra más atorada de los últimos tiempos la acaba de pronunciar Ben Bernanke, el mero mero de la Reserva Federal:
¡Recesión!
Ahora sí podemos escribir sobre la recesión, sin que nos señalen como antipatriotas.
La palabra recesión acaba de eclipsar la celebración de los diez años del Viagra.
La recesión es hoy más importante que el “aló presidente” del Chávez.
La recesión desplazó de la primera página de los diarios las infidelidades de los gobernadores de Nueva York.
De la recesión se habla en los antros, en los cafés, en los boliches, en el autobús.
La recesión es tema de conversaciones entre comadres, desde Los Ángeles hasta Bagdad, desde Buenos Aires hasta Moscú, desde Santo Domingo hasta el DF.
¿Y qué diablos es la recesión?
Gracias a esta cara de economista despistado que mi madre me regaló, el editor de nuestro periódico me asignó la difícil tarea de explicarles a los lectores, el alcance y los efectos de tan grosera palabrita:
Va la primera lección. Diez indicadores que podrían sugerir que estamos consumidos -hasta las anginas- en una recesión:
1. Te resulta más barato tanquear el carro con diez galones de Tequila Cuervo, que con seis de gasolina regular.
2. El único que come bien en tu casa es el canario
3. Se dispara la venta de escaleras en Arizona, para saltar el muro, de regreso a casa.
4. Los economistas no se ponen de acuerdo, si la recesión ya viene, ya llegó, ya pasó, o nunca apareció.
(Es más, ni siquiera se ponen de acuerdo sobre qué diablos es la recesión)
5. Si con la ayuda de un microscopio examinas cualquier billete de un dólar, descubrirás que mister Washington ya bizquea de la debilidad.
6. Decenas de balseros cubanos se embarcan en el sur de la Florida para regresar a la isla.
7. Está de moda la reunificación familiar. Millones de adultos retornan a las casas de sus padres, cargando con sus parientes políticos.
8. Cuando las autoridades económicas insisten en que no ven signos de recesión, tú tienes que asegurarte que no estás viendo “La Hora de la Risa”.
9. Tú o alguien de tu familia están planeando vender un riñón.
10. Todas las semanas anuncian otro recorte en las tasas de interés (pero como eso jamás te alivia, descubres que tú -aquí- no despiertas el menor interés)
Segunda y última lección. Estas son las tres definiciones básicas que debes aprender para comprender la marcha de nuestra economía:
- Recesión: Es cuando tu vecino pierde su empleo.
- Depresión: Es cuando tú pierdes tu empleo.
- Recuperación: Será cuando los economistas de ésta Administración pierdan sus empleos.

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VERBATIM

La Recesión ocurre cuando
el gobierno ya no puede
bajar más las tasas de interés
y uno ya no puede apretarse
más el cinturón.

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