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Por: Armando Caicedo
La Verdad Desnuda

Mi primera visión sobre el Jardín del Edén fue Adán y Eva, sin asomo de ropa, prejuicios, ni vergüenza, disfrutando del paraíso terrenal.
Los grandes maestros del Renacimiento interpretaron con sus pinceles los textos del Génesis. En lienzos y murales se pintó a Adán y a Eva, “tal como mi Dios los trajo al mundo”: en pelota.
Ahí está el fresco pintado por Masaccio en 1425, en la capilla Brancacci de la Iglesia de Santa María del Carmine, en Florencia, Italia, donde se recrea la expulsión de Adán y Eva del paraíso. Nuestros primeros padres aparecen en almendra, con la expresión de indocumentados en vísperas de deportación, fulminados por la mirada de un ángel a cargo del “homeland security” del paraíso.
El fresco ajustaba 245 años exhibido, cuando algunos lunáticos se arrogaron el papel de dueños y señores de la moral y sentenciaron: los cuerpos desnudos de Adán y Eva son pecaminosos. Cayó entonces la censura sobre el fresco, con toscos brochazos de pintura.
En esa nueva versión del Génesis -”políticamente correcta”- Adán conservó su cara de indocumentado, y Eva, su pinta de pecadora arrepentida, pero la dotación original de Adán la escondieron detrás de un arbusto, mientras que a Eva le cubrieron sus vergüenzas delanteras con hojas de alguna enredadera.
La censura duró tres siglos, hasta 1990, cuando el fresco fue restaurado y recuperó su estado original.
Desde esa época nos obligaron a avergonzarnos de nuestro propio cuerpo. Con la censura nació la malicia. Con la prohibición, el apetito.
Si a algún moralista le diéramos hoy licencia para volver a censurar el célebre fresco, Adán aparecería vestido con calzoncillos Calvin Klein, camisa Polo, zapatos Reebok y jeans Tommy, mientras que Eva exhibiría portasenos y calzones Victoria Secret, blusa Gap y minifalda de Banana Republic.
La visión más patética a la que algunos mortales nos enfrentamos todas las madrugadas es el reflejo de nuestra anatomía sobre el espejo del baño. En mi caso es tenaz. Cara de amanecido. Pelo en desorden cual gallina espantada a escobazos. Y, de encime, este penoso físico de jugador de dominó.
Por esa razón estética no me apunté a posar desnudo en el Zócalo de Ciudad de México, al lado de las 20 mil personas que madrugaron a encuerarse gratis, frente a la cámara del fotógrafo estadounidense Spencer Tunick, para demostrarle al mundo que el cuerpo humano es bello y que lo único que nos debe causar vergüenza es la hipocresía.
Lo de posar gratis fue muy inteligente, porque no me imagino, uno en canicas, en plena calle, pensando ¿ahora dónde diablos me meto el cheque para que no me lo roben?
Esta empelotada masiva de los mexicanos -que no recibió censuras, ni siquiera de la rancia curia mexicana- contrasta con el sonado escándalo del “Super Bowl”, cuatro años atrás (febrero 2003) cuando la cantante Janet Jackson exhibió -durante un “do” de pecho- una de sus glándulas pectorales, hecho y pecho que desencadenaron la ira santa de las autoridades estadounidenses.
Lo que no cuadra en este análisis es que mientras la gente se escandaliza -con todo su derecho- por la súbita aparición del insignificante pecho de la Jackson (pido perdón a la cantante por lo de “insignificante”) la pornografía en Internet se cultiva silvestre.
En la revista “Good” se publicaron estos hechos:
Existen 372 millones de páginas de pornografía en Internet.
El 3% es producida por los ingleses. El 4% por los alemanes y el 89% por los estadounidenses.
En sólo Estados Unidos, el porno por Internet deja ganancias por $2.840 millones de dólares
Después de ver estas cifras, ¿seguiremos escandalizados por la “boobie” de la Jackson?.
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VERBATIM
A Marilyn Monroe le preguntan
si ella tenía algo puesto
cuando posó para el calendario.
- Sí. Tenía el radio puesto.
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