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EL PERIÓDICO SEMANAL DIGITAL DE LA VOZ HISPANA DE CONNECTICUT

 
 


Por: Armando Caicedo

La Verdad al Desnudo


Qué acto ingenuo decretar que un órgano, glándula, miembro o protuberancia de nuestro cuerpo, es vergonzoso.
Y proceder a aplicarle la censura, en nombre de la moral pública.
Para la muestra, un botón: (o mejor, dos botones)
La satanización que los moralistas hacen de los senos femeninos.
Se necesita tener una mente recalentada para convertir al símbolo de la maternidad en motivo de vergüenza, y declarar que esas glándulas tan inocentes hacen parte del mismísimo eje del mal (junto con Irán, Irak y Corea del Norte)
En pleno Siglo 21, parecemos súbditos de la Reina Victoria, y su obsesivo régimen moralista. La vieja desapareció hace más de un siglo y nosotros continuamos satanizando nuestro propio cuerpo con subalterna hipocresía.
Van dos recientes sucesos:
Allá en Italia, en el Palazzo Chigi, el Primer Ministro Berlusconi ordenó decorar su sala de prensa con la copia de un cuadro clásico, pintado en 1743 por Giambattista Tiepolo. Sobre el lienzo aparece una mujer -con cara de aburrida- exhibiendo uno de sus senos fuera del corpiño.
El problema es que cada vez que el ministro enfrenta a los chicos de la prensa, las cámaras registran su imagen con al travieso seno asomándose curioso a sus espaldas.
Para resolver el estético problema han debido cambiar de lugar el asiento del ministro. O cambiar el ángulo de las cámaras. Pero no. Optaron por censurar al despistado seno, y le aplicaron brochazos de pintura para simular un velo.
El subsecretario de la Presidencia explicó sin sonrojarse: «el pezón siempre aparece encuadrado al lado del ministro y consideramos que esa visión podía herir la sensibilidad de los televidentes».
Señor Bonaiuti: lo que hiere al televidente no es el pezón, sino la hipocresía, más cuando el «escandaloso» cuadro se titula: «La Verdad».
Una versión similar de esa comedia italiana se vivió aquí, en Estados Unidos, en 2002, cuando el señor Ashcroft, era el fiscal general.
El problema era idéntico.
En el hall del Departamento de Justicia en Washington D.C., donde el inmaculado señor Ashcroft solía hacer sus declaraciones a la prensa, estaba instalada una estatua de bronce conocida como «El espíritu de la Justicia».
El problema se originó por que la escultura también mostraba un indisciplinado seno fuera de la toga, y en las fotos de prensa, el metiche pezón siempre resultaba asomado detrás del funcionario.
Solución radical: Compraron una costosa cortina y taparon el «espíritu de la justicia», para que no continuara escandalizando a tantos ciudadanos inmaduros.
Por lo visto, los senos se volvieron importantes en la administración de justicia.
Para demostrarlo, me remonto al 1 de febrero de 2004, cuando la Comisión Federal de Comunicaciones FCC, le impuso una multa de $550.000 a la Cadena CBS por la indecente exposición de un seno de la cantante Jackson, durante la transmisión por la tele del Super Bowl XXXVIII.
¡Mi madre! ¡Qué escándalo! Ni que el inquieto pezón nos hubiera hurgado un ojo a cada uno de los 90 millones de televidentes, que veíamos el partido.
Me imagino a los burócratas -cronómetro en mano- haciendo cuentas de los nueve dieciseisavos de segundo que el criminal pezón se asomó sonriente a la pantalla.
Sólo faltó que ordenaran la detención del seno de la diva y lo deportaran a Guantánamo para ser sometido a intensos interrogatorios, hasta que cantara.
Pero al final, la justicia brilló.
Luego de cuatro años de alegatos, la Corte de Apelaciones de Philadelphia sentenció, en un documento de 102 páginas, que la multa de la FCC fue «arbitraria y caprichosa».
El famoso seno quedó exonerado de culpa y, por tanto, ya puede recuperar su honor mancillado.
Desde esta modesta columna invito a un homenaje nacional de desagravio, al ya famoso seno, como forma de demostrar lo cómico e inútil de estas demostraciones fanáticas de un moralismo trasnochado.

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VERBATIM

A los viejos les gusta dar buenos consejos,
para consolarse al no poder dar malos ejemplos.
François de La Rochefoucauld

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