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De regreso a Irak, sin ataduras
Por Melinda Tuhus
En ocasión de su séptimo viaje al Irak en guerra, un participante tuvo una pregunta para el intrépido reportero grafico de New Haven Daniel Smith: ¿Qué quiere un iraquí común que los norteamericanos sepan sobre ellos?
Para esa pregunta, Smith, quien estaba mostrando su trabajo mientras recolectaba dinero para su viaje durante un evento el viernes en la noche en la United Church del Green, ofreció una respuesta en dos partes.
Dijo que primeramente, la mayoría de los iraquíes sí sabe distinguir entre el gobierno de Estados Unidos (al cual muchos detestan o por lo menos quisieran ver irse de su país) y los norteamericanos como individuos.
En segundo lugar dijo, “ellos quieren que los norteamericanos sepan cómo es su vida realmente, sus temores, cuan poco poseen”.
Dijo, “No tienen energía, no hay agua potable. Lo mismo de antes. Sólo que es peor y se prolonga más”.
El reportero, que no tiene ataduras porque trabaja totalmente por su cuenta y riesgo, explicó que con frecuencia es difícil llegar a Irak, ya que no tiene respaldo de ninguno de los medios informativos. Dijo que una vez que supera esa dificultad, sus emociones son confusas. Pero al menos puedo decir, cada vez, “Por fin, ¡ya entré!”
Smith se paga todos sus gastos afinando y arreglando pianos. Recauda dinero para poder donarlo a organizaciones de ayuda a Irak y a grupos de mujeres, y también a cualquier iraquí que él considere que lo merezca. Dijo que su método no es usual, pero entiende que crea buena voluntad entre norteamericanos e iraquíes.
También lleva suministros médicos recolectados a través de Remedy, una organización sin fines de lucro iniciada por Will Rosen (en la foto) en la Escuela de Medicina de Yale, la cual alcanza ahora a todos los hospitales del país.
Una mujer preguntó a Smith cómo él se prepara, emocional o espiritualmente, para sus viajes a una zona de guerra. Respondió que no hace nada especial, a no ser concentrarse más y más en el pueblo de Irak.
En la foto al inicio del artículo, demostró cómo con frecuencia, la falta de conocimiento cultural de los soldados norteamericanos ha conllevado a una tragedia, cuando le hacen señas a los iraquíes para que se detengan ante los puntos de chequeo. Los iraquíes utilizan una señal completamente diferente con la mano para indicar “deténgase”. En consecuencia, con mucha frecuencia no se detienen (o no se detuvieron) ante los puntos de chequeo.
Smith dijo que la vida de las mujeres tiene mayores restricciones desde la invasión de 2003. “No había seguridad, por tanto las milicias comenzaron a tomar control de vecindarios enteros, y muchos de ellos están afiliados religiosamente. Mujeres que toda su vida habían usado franelas y jeans y llevaban sus cabezas al descubierto, de repente tenían que cubrirse. Dependiendo de la milicia que controle tu vecindad, tienes que usar el atuendo que apruebe esa milicia en particular. También, cientos de mujeres estaban siendo secuestradas y vendidas como esclavas sexuales dentro del país”. Smith respalda a la Organización para la Liberación de la Mujer en Irak, y el otoño pasado trajo en gira a Connecticut a Yanar Mohammed, una de sus cofundadoras.
Carolyn Baltazar, una amiga de Smith quien trajo comida para el evento del viernes, dijo sobre sus viajes, “es una locura que él esté poniendo su vida en riesgo, pero es increíble su buen corazón, y es sorprendente lo que está haciendo por su cuenta. En cierto modo es bastante heroico. Aprecio el trabajo que hace, por eso trato de ayudarle de la mejor manera posible”.
Diana Mlynarski dijo que conoció a Smith el viernes en la noche. Recordó que hace tres años tomó una postal de “un fotógrafo que estaba repartiendo postales en la calle—un fotógrafo que fue a Irak”. Entonces recibió un correo electrónico de su amiga Baltazar sobre el evento del viernes, y se dio cuenta que todo el tiempo tuvo la postal de Smith en su refrigerador. Ella dice, “es sorprendente y agradable tener una perspectiva personal sobre lo que está ocurriendo allí”. |