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Los federales rescatan a “esclavos de panadería”
Por Melissa Bailey
Los federales retornaron a Fair Haven un año después de acorralar a inmigrantes para deportación, pero esta vez lo hicieron para salvar a ecuatorianos indocumentados que trabajaban en alegadas condiciones de esclavitud en una reconocida panadería italiana.
En lugar de enfrentar la deportación, los seis ecuatorianos están siendo escondidos y protegidos. Este mes ellos incoaron una demanda contra los propietarios de la panadería.
La querella se centra en la Panadería Rocco, en Ferry Street, donde la familia de ecuatorianos trabajaba. Alegan que los propietarios dejaron de pagarles por tiempo de trabajo extra obligado, les mantuvieron recluidos en apartamentos en los altos de la panadería, les amenazaban con regularidad, y acosaban sexualmente a las mujeres del grupo.
Su camino hacia la libertad se inició cuando una de las inmigrantes llamada Mercedes, decidió hablar sobre los años vividos de labor forzada y abuso sexual. Ella se dirigió a su iglesia, dirigida por el Padre Manship
En junio pasado, al perder su empleo, Mercedes acudió a su iglesia. Ella fue parte de una docena de personas que buscaron ayuda en la iglesia del padre Manship, la Sta. Rosa de Lima, en Fair Haven, poco después de que en el pasado verano, la agencia de inmigración y aduanas (ICE), hiciera redadas en New Haven. (Manship, en la foto) estaba ayudando a las aterrorizadas familias a indagar qué había sucedido con sus esposos y padres luego que la ICE llevara a cabo redadas en sus hogares.
Pero Mercedes no estaba allí por las redadas sino por Rocco.
Y su caso tuvo un final diferente.
La iglesia Santa Rosa contactó a los abogados de ayuda legal de New Haven. Estos se dirigieron al gobierno. La ICE ayudó a Mercedes y a su familia a esconderse en un sitio seguro.
Escondidos ahora un en sitio seguro, en un lugar no determinado, la mujer y su extendida familia, han entablado una demanda federal contra Rocco, a través de la Asociación de Asistencia Legal de New Haven. Rocco es una bien conocida panadería familiar en el 432 de Ferry Street, en lo que fuera una vez el corazón de la comunidad italiana de la ciudad, y actualmente muy poblada por hispanos. La demanda procura por lo menos el pago de $38,000 en sueldos atrasados, y una orden de restricción contra el dueño de la panadería, Antonio “Tony” DiBenedetto, su esposa Anna, y sus hijos Ferdinando y Giovanni.
Hugh Keefe, el abogado de los DiBenedetto dijo el miércoles que “La demanda está basada obviamente en una sola cosa y solo en eso: dinero”. Keefe negó los alegatos de abuso y dijo que tiene “numerosas” fotografías de las dos familias celebrando juntas, incluyendo asistiendo a las bodas de sus miembros.
Keefe describió la demanda como el intento de enfrentar una familia de inmigrantes contra la otra: Tony y Anna DiBenedetto son inmigrantes de Italia; sus hijos nacieron en Estados Unidos.
“La familia italiana ha contribuido de manera tremenda con esta comunidad, y ha sido extremadamente generosa con la familia ecuatoriana, quien, por cualesquiera que sea la razón, ha decidido darles la espalda”, dijo Keefe. Se preguntó también el porqué los demandantes tomaron tanto tiempo en presentar la queja.
El martes, una mujer que trabaja en la repostería dijo que la familia no tenía comentarios.
”Tráfico Humano”
La familia ecuatoriana dice que Tony DiBenedetto les atrajo a los Estados Unidos prometiéndoles trabajo, y entonces les mantuvo bajo una forma de esclavitud moderna, forzándoles a trabajar largas horas con un sueldo mínimo y exigiendo favores sexuales de las mujeres como pago por la casa. Los trabajadores dicen que mantuvieron silencio porque se les dijo que serían despedidos, desalojados y deportados si informaban a alguien sobre su situación.
La demanda fue incoada en nombre de Mercedes y su hija, así como de María, la hermana de Mercedes, su esposo Néstor y sus dos niños (cuyos nombres no se publican). La demanda detalla las deplorables condiciones de trabajo tras bastidores en la muy formal panadería, famosa por su cannoli y sus pasteles. La demanda describe condiciones donde las mujeres y los niños fueron traídos a Estados Unidos, forzados a cargar bolsas de harina durante 12 horas al día sin descansar para ir al baño; condiciones donde las mujeres soportaron el acoso sexual y agresiones mientras trabajaban; todo bajo el temor de castigo si hablaban.
En una declaración de prensa, Jennifer Mellon, una de las abogadas de los demandantes escribió, “No importa lo que pensemos sobre el tema de la inmigración ilegal, todos podemos coincidir en que nadie debe ser forzado a trabajar bajo temor de daño físico o asalto sexual, o temor de que será castigado si que queja sobre las condiciones de trabajo”.
La demanda fue entablada bajo el Acta Federal de Protección a las Víctimas del Tráfico, la cual fue aprobada en el año 2000, para combatir el trabajo forzado; trabajo realizado con frecuencia por muy poco o ningún dinero, bajo amenaza de violencia, abuso o abuso de la ley.
En lugar de ser deportados, Mercedes y su familia han sido protegidas por las autoridades federales de inmigración. Un vocero de ICE no quiso comentar sobre el caso, alegando que se trata de un litigio pendiente. Los abogados de los demandantes dicen que la familia tiene derecho a esa protección, porque son víctimas del tráfico humano.
“El objetivo de los traficantes de humanos son trabajadores vulnerables como estos, quienes son de un país extranjero, y hablan poco o ningún inglés”, escribieron los abogados en su declaración.
Se mantiene la posibilidad de un proceso criminal contra los DiBenedetto. Un vocero de la oficina del abogado del Estado de Connecticut mantuvo silencio sobre si se formularan cargos o no.
El camino hacia donde Rocco
Néstor comenzó primeramente a trabajar donde Rocco hace unos 14 años. Según la demanda, el propietario, Tony DiBenedetto, prometió empleos para los miembros de la familia si les traía a los Estados Unidos. Aceptaron la oferta, y llegaron a New Haven hace alrededor de 10 años. Cuando llegaron a la ciudad, la familia DiBenedetto les alojó en dos apartamentos, uno en los altos del negocio y otro en una casa adyacente al mismo.
De acuerdo con la demanda, la familia dice que se les dijo que nunca deberían abrir la puerta a nadie. Tony DiBenedetto les amenazó que si le decían a alguien donde trabajaban, serían desalojados, despedidos de su trabajo y deportados.
La familia dice que DiBenedetto, un inmigrante de Italia, luchó en contra de sus esfuerzos para cumplir con la ley y formar parte de la sociedad de Estados Unidos.
Dos de los hijos comenzaron a trabajar a las edades de 13 y 14 años, durante el día, cuando según la ley estaban supuestos a asistir a la escuela. Alegadamente DiBenedetto dijo a la familia que como inmigrantes indocumentados, no les estaba permitido asistir a la escuela.
Dice la demanda que la familia solicitó contrato de alquiler y recibos de renta por escrito y DiBenedetto rehusó,. Cuando Néstor, procurando cambiar su estatus migratorio solicitó prueba de trabajo, alegadamente DiBenedetto también se negó.
La situación empeoró. Hace varios años, los dueños de la panadería dividieron a los hombres y mujeres, cambiándoles a la tanda nocturna, una decisión dirigida a facilitar el abuso sexual, conforme a los demandantes.
Aisladas en la instalación de la panadería de Meriden, las mujeres alegan que eran llamadas “prostitutas”, manoseadas, y obligadas a ver a Tony DiBenedetto pasearse desnudo. Las mujeres dicen que si no podían pagar el alquiler de la casa, DiBenedetto pedía favores sexuales a cambio, o les ofrecía prestarles dinero si tenían relaciones sexuales con él. Un día, una de las hijas fue empujada hacia una oficina, donde DiBenedetto trató de quitarle la ropa y atacarla sexualmente, sostiene la demanda.
Las mujeres dicen que en algunas ocasiones temían por su seguridad en la factoría, especialmente cuando Ferdinando DiBenedetto usaba drogas en el lugar de trabajo y se tornaba violento, tirando un cuchillo en una ocasión. El otro hijo, Giovanni, arrojó un carro a una de ellas. Durante mucho tiempo no hablaron sobre el abuso, dicen, porque se les dijo que si se quejaban, serían desalojadas o deportadas.
El colmo
Un día, Mercedes ya no aguantó más.
Fue cuando la ciudad estaba promoviendo la tarjeta de identidad para el inmigrante. Mercedes fue a la alcaldía, a una reunión del Concejo Municipal un 4 de julio, para respaldar la tarjeta, la cual fue diseñada para ayudar a los inmigrantes que no tenían otra forma de identificación, y que pudieran así abrir cuentas bancarias o utilizar los servicios de la alcaldía.
Al día siguiente, su rostro apareció en el New Haven Register, en la periferia de la foto acompañando un artículo sobre la tarjeta de identidad en la portada. Cuando se presentó a trabajar, encontró a su jefe, Tony DiBenedetto, furioso, dice ella. Agarraba el periódico y había marcado su rostro en la fotografía.
Alegadamente le gritó, en una mezcla de español, italiano e ingles ¡la tarjeta de identidad es una mierda! Tú quieres papeles, pero estos papeles no tienen valor. Te daré papel de inodoro en su lugar”. Ella dice que DiBenedetto la despidió en el acto.
“Usted no tiene que sufrir”
No teniendo a donde dirigirse, y con un esposo sin trabajo debido a problemas de la espalda, se dirigió a su iglesia.
El martes, en una entrevista, Manshhip recuerda que en ese momento, “se desató el caos en la iglesia”. Familias llorosas buscaban a sus seres queridos: treinta de los feligreses habían sido recogidos en una serie de redadas que comenzaron en Fair Haven la mañana del 6 de junio.
Mercedes y su esposo se sentaron con Nadia Minor, líder de la iglesia. Nadia escucho su relato y corrió a contarlo al pastor.
“No podía creer lo que estaba escuchando”, dijo Manship. “Era muy triste creerlo, triste que fuera un inmigrante que hiciera esto a otro inmigrante”.
Manship y Minor ayudaron a Mercedes a buscar ayuda legal. La familia decidió iniciar una demanda, aún cuando el resto de la familia continuaba trabajando en la panadería.
En mayo de 2008, DiBenedetto se enteró de la intención de la familia de demandarle. Los demandantes llamaron a ICE a pedir ayuda, diciendo que temían que los dueños de la panadería arremetieran contra ellos en represalia.
En lugar de deportarles, ICE ayudó a la familia a escapar. En medio de la noche del 21 de mayo, en carros del gobierno sin identificación proporcionados por ICE, las mujeres y sus hijos escaparon hacia la seguridad. Trabajadores sociales del Instituto Internacional de Bridgeport les han ayudado a reubicarse. Desde que la familia salió de la ciudad, los DiBenedetto han intentado contactarles y amenazarles a través de intermediarios, dicen los demandantes.
Manship dijo el martes que él está en contacto con los miembros de la familia, y que están a salvo. En la misa del domingo, dijo a su congregación que sus amigos feligreses habían salido bien. Exhortó a otras gentes a salir de las sombras también y a hablar contra los empleadores que se aprovechan de su vulnerabilidad.
“Usted no necesita sufrir tales afrentas contra su dignidad”, les dijo. “Usted no tiene que sufrir en silencio”. |