EL SOL LATINOAMERICANO
Augusto Roa Bastos:
El paraguayo desterrado
Por Washington Canal Astete
Augusto Roa Bastos nació en Asunción en 1917. Su infancia en el pueblo de Iturbe marca casi constantemente el escenario de su mundo novelístico. Su vida y obra constituyen un símbolo de la lucha contra el autoritarismo y el conservadorismo que aún subsiste en muchas naciones de Latinoamérica. Y la escritura es un desfogue del exilio, que en su caso se extendió por más de cuarenta años. Su obra más importante, la atrevida novela Yo el Supremo, describe con maestría, desde el punto de vista de los opimidos, la dictadura de José Gaspar Rodríguez de Francia.
Augusto Roa Bastos, el más importante escritor paraguayo, sufrió el destierro cruel que marcó de un modo doloroso y creativo su obra. En ella destacan con nitidez, una novela Yo el Supremo y una colección de cuentos El baldío (1964). Roa Bastos versátil y valiente no se conformó con ser un exponente notable de la estética regionalista que muestran los cuentos de El trueno entre las hojas (1952) sus novelas Fulgencio Miranda (1941) e Hijo de hombre (1960). Años después renovaría con Yo el Supremo (1974) la ficción histórica y, en especial el sub-género de la “novela de dictador” que es una de las obras más audaces y políticamente más críticas que haya producido la literatura latinoamericana del siglo XX.
Roa Bastos ingeniosamente definió al Paraguay como una isla a la que rodeaba la tierra por los cuatro costados. Para la imaginación europea el Paraguay ha sido un refugio exótico y aislado, es así que el doctor Mengele, uno de los peores criminales de guerra nazis se escondió en la selva del país que regía con mano dura Alfredo Stroessner, cuya dictadura duró desde 1954 hasta 1989.
Es muy claro que para los paraguayos es otra la imagen del país. En 1870 cuando la Triple Alianza, formada por Argentina, Brasil y Uruguay, con el apoyo de Gran Bretaña, perpetró la invasión del Paraguay, ya casi no quedaban varones adultos en edad de pelear. Era el resultado de los cinco años de guerra encarnizada. Terminaba así un experimento político y social que empezó en 1814, cuando una asamblea de mil delegados eligió “Dictador Perpetuo” al doctor José Gaspar Rodríguez de Francia, cuyo régimen autoritario, nacionalista y progresista duraría treinta años. “El Supremo” murió en 1840, pero su modelo, un capitalismo de estado que, resguardaba los recursos del país continuó con los gobiernos de Carlos Antonio López y Francisco Solano López.
En Yo el Supremo, Roa Bastos describe al Dr. Rodríguez de Francia como a un personaje enigmático e interiormente recortado, al cual obsesionan tanto el poder político como la literatura. Es importante notar que la novela se inicia con un bando anónimo y de intención oculta. El Supremo habría ordenado la degradación final de sus restos y su memoria. En realidad es un mensaje que viene del más allá aludiendo a la vieja creencia guaraní en los “huesos habladores.”
Los efectos y los ecos son de varias fuentes en el duo que forman el Supremo y que Secretario, el extravagante Patiño hay una muestra del humor áspero que usa Roa Bastos y que los dos complementan el objetivo del relato cual es el destino del propio país, hecho que engloba su total atención.
La categoría y la intensidad del Supremo hicieron que el autor se exigiera totalmente: la novela es a la vez, un duelo y un recorrido a la fuerza. Por otra parte, el dictador Stroessner no era de la misma dimensión que el doctor de Francia. Quizá por eso, la novela en la cual Roa Bastos lo enfrenta El fiscal (l993) resulta una obra menor aunque existan pasajes perturbadores. Por ejemplo el que narra la danza suicida de una joven ex amante del tirano, hay una atmósfera masoquista que también está presente en Madama Suy (1995), donde se muestra la miseria moral de la dictadura de Stroessner.
El tema constante de las novelas de Roa Bastos es la violencia nacional, que se entreteje con la esperanza de un cambio profundo y una esperanza tan sincera en Hijo de hombre (1960). Entre los varios logros de la primera novela de Roa Bastos se cuentan la descripción excepcionalmente vívida de la guerra del Chaco, en la cual lucharon Bolivia contra Paraguay entre 1932 y 1935. Y la incorporación del mundo popular guaraní.
La obra completa de Roa Bastos donde hay un roce de dos extremos, la violencia con la compasión, es una revelación inquietante y problemática Muestra que hay más de un ser en cada humano. El escritor desterrado volvió en 1989 al Paraguay, cuando el tirano Stroessner huyó apresuradamente. Ese fue el premio mayor de ese año. El otro fue el Cervantes que corroboró la valía de este literato universal. |