EL SOL LATINOAMERICANO
“Horas de Lucha” de
Manuel González Prada
Por: Washington Canal Astete
Manuel González Prada Ulloa, ensayista, virtuoso de la prosa y además, poeta de renombre, nació en Lima el 6 de enero de 1848. En sus obras más importantes: Páginas Libres, Bajo el Oprobio y Horas de Lucha, sus ideales y pensamientos permanecen vigentes después de ochenta y ocho años de su muerte, acaecida el 22 de julio de 1918.
Sus escritos siguen conservando su vigor y validez a punto que si hoy se publicaran artículos como “Nuestro periodismo” o “Nuestros magistrados”, causaría desvelos a más de un escurridizo abogado o algún editorialista sin bandera.
González Prada es un escritor cuya fama se acrecienta por las acciones de una sociedad cada vez más violenta y cuyos males atacó incesantemente y que no se han extirpado aún. Fue un gran representante del realismo peruano. Su expresión naturalista se caracterizó por el énfasis en el tema social, político, anticlérico. Además, fue vocero en favor del indio y el predominio de la prosa sobre el verso.
Horas de Lucha
Este libro conformado por dos partes, empieza con una conferencia dada el 21 de agosto de 1898 sobre “Los Partidos y la Unión Nacional”, movimiento al cual él pertenecía. Comienza criticando a los partidos de la época: el Partido Demócrata, el Partido Constitucional, el Partido Civil, a los que califica de sindicatos de ambiciones malsanas, clubes eleccionarios, sociedades mercantiles y soldados ambiciosos que vieron en la Presidencia de la República el último grado de la carrera militar.
Critica por igual a los presidentes Andrés Avelino Cáceres y Nicolás de Piérola. Para él, el primero es un Constitucional ilegal y despótico; el segundo es un Demócrata clerical y autocrático. Ambos tienen el mismo espíritu de arbitrariedad y la misma manía de grandezas.
En oposición, la Unión Nacional intenta formar un sólo frente, el de todos los hombres decididos a convertir las buenas intenciones en una acción eficaz, enérgica, y purificadora. En el discurso “El intelectual y el obrero”, dado en la Federación de Obreros y Panaderos el 1 de mayo de 1905, afirma que no hay diferencia de jerarquía entre el pensador que labora con la inteligencia y el obrero que trabaja con las manos, que en vez de marchar separados deben caminar unidos, ya que no existe una labor puramente cerebral ni un trabajo exclusivamente manual.
La segunda parte se inicia con “Nuestro periodismo,” artículo que resalta su pensamiento clave y revelador: “En el campo de las ideas y aún de los hechos, no hay tal vez una acción tan eficaz ni tan rápida como la del periodista; mientras el autor de libros se dirige a un reducido número de lectores y quizás de refinados, el publicista vive en comunicación incesante con la muchedumbre.”
En el artículo “Nuestros magistrados,” González Prada critica rigurosamente a los magistrados. Dice que la abogacía es un sepulcro voraz e insaciable donde se han hundido muchas inteligencias. Don Manuel expresa: “Como un solo vaso de vinagre es más que suficiente para avinagrar un tonel de vino, así la lengua de un abogado basta y sobra para introducir el antagonismo en una sociedad donde reina la armonía.”
Gonzáles Prada fue el gran representante del movimiento del realismo, escuela que surgió en Francia a mediados del siglo XIX. El realismo tuvo como ideal la objetividad y fue racional en su análisis. En Rusia lo representaron Dostolevski, Gorki y Tolstoi; en España José María de Pereda. En el Perú se pasa de la crítica complaciente (costumbrismo) a la crítica violenta de los males nacionales, de la literatura a espaldas de la realidad a la literatura de cara a la realidad.
Se denomina literatura realista a la que se genera de una experiencia directa de la realidad objetiva o subjetiva, y que trata de representarla artísticamente en forma ágil. En el siglo XIX asumió la forma de naturalismo y quienes cultivaron este género en el Perú fueron Clorinda Matto de Turner (1854-l909) y Mercedes Cabello de Carbonera (1845-1909).
Don Manuel estuvo casado con Adriana Verneuil. Fue su compañera de toda su vida y el gran aliento para los momentos difíciles como aquel en que como reacción a sus ataques se le cerraron las imprentas. Fue cuando la esposa en una máquina para imprimir tarjetas hizo imprimir un libro de las poesías de Don Manuel quien le asigna un nombre adecuado: “Minúsculas”; este libro de bibliófilo es de sumo valor porque sólo se imprimieron cien ejemplares.
Obras:
Presbiterianas (1909), Exóticas (1911), Horas de Lucha (1908), El tonel de Diógenes (1945), Trozos de vida (1933), Baladas Peruanas (1935), Grafitos (1937), Libertarias (1938), Propaganda y ataque (1939), Baladas (1939), Adoración (1946), Bajo el oprobio (1933), Anarquía (1936), Nuevas páginas libres (1937), Figuras y figurones (1938) y Prosa menudad (1941). |