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EL PERIÓDICO SEMANAL DIGITAL DE LA VOZ HISPANA DE CONNECTICUT

 
 

El Sol Latinoamericano
Rubén Darío:
El romanticismo hecho poeta

Por Washington Canales

JRubén Darío nació en Nicaragua, en la aldea de Metapa en el departamento de Nueva Segobia, el 18 de enero de 1867. Su verdadero nombre era Félix Rubén García Sarmiento y lo de Darío fue, en principio, un apelativo familiar. Al respecto, explica con sus propias palabras:
“¿Cómo llegó a usarse en mi familia el apellido Darío? Según lo que algunos ancianos de aquella ciudad de mi infancia me han referido, mi tatarabuelo tenía por nombre Darío. En la pequeña población todo el mundo le conocía por Don Darío; a sus hijos los Darío y las Darías. Fue así desapareciendo el primer apellido, a punto tal que mi bisabuela materna firmaba ya Rita Darío; y ello convertido en patronímico llegó a adquirir calor legal, pues mi padre, que era comerciante, realizó todos sus negocios ya con el nombre de Manuel Darío. En la catedral de León, en los cuadros donados por mi tía doña Rita de Alvarado, se ve escrito su nombre de tal manera.”

Prosas Profanas
En 1896, se publica la obra cumbre de Darío que está dividida en cinco partes: Varia, Recreaciones arqueológicas, Decires, Layes y canciones y Las ánforas de Epicuro. La particularidad de este libro son las combinaciones métricas, las rimas interiores, los cambios de acentuación, la asonancia, consonancia y disonancia, la simetría de las estrofas, y los audaces enlazamientos del final de un verso con el principio de otro, los que se aprecian en poemas como Margarita:

¿Recuerdas que querías ser una Margarita
Gautier? Fijo en mi mente tu
extraño rostro está,
cuando cenamos juntos, en la primera cita
en una noche alegre que nunca volverá.
Darío no estaba cómodo con la forma de vida ni la época que le correspondió vivir. Es por eso que sus obras buscan crear mundos exóticos, pasados e irreales. Estos mundos raros fueron recreados por la imaginación del poeta que convirtió los jardines griegos en unos prados versallescos.
Lo más conocido de Las Prosas profanas es el mundo de los lagos, cisnes, princesas, príncipes, góndolas, Dianas desnudas, sátiros, adolescentes. El poema Sonatinas muestra este escenario:
La princesa está triste…
¿Qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
que ha perdido, que ha perdido el color
La princesa está pálida en su silla de oro.
Igualmente se aprecia en el poema Blasón
El olímpico cisne
de nieve
con el ágata rosa del pico
lustra el ala eucarística y breve
que abre al sol como un casto abanico.
En este libro se aprecia su conocido poema Responso a Verlaine, poeta que influyó más que ninguno otro en su evolución lírica y a quien Darío llegó a conocer entre bebidas de ajenjo, en el café D’Harcourt de París.
Padre y maestro mágico, liróforo celeste
que al instrumento olímpico y a la
siringa agreste
diste tu acento encantador;
!Panida! Pan tu mismo, que coros condujiste
hacia el propileo sacro que amaba tu
alma triste,
!al son del sistro y del tambor!
La cultura griega tuvo una gran influencia en Darío, prueban sus composiciones: Coloquio de los centauros, Palimpsesto, y el extraordinario poema Friso en verso blanco (sin rima), done el endecasílabo castellano adquiere una majestad casi griega.
Cabe una fresca viña de Corinto,
que verde techo presta al simulacro
del Dios viril, que artífice de Atenas
en intacto pentélico labrara,
un día alegre, al deslumbrar el mundo
la armonía del carro de la aurora,
y en tanto que arrullan sus ternezas
dos, nevadas palomas venusianas.
Sobre rosal púrpureo y pintoresco,
como olímpica flor de gracia llena,
vi el bello rostro de la bella Eunice.
La obra de Darío muestra preocupación por el arte y el artista como formas máximas del quehacer humano, que se expresa porel estado jubiloso y exaltado de sus versos amorosos. Darío quería alcanzar el estado de paz espiritual que le eludió. Por otra parte tuvo un optimismo americanista que se refleja en sus imágenes del continente como una tierra pródiga, fuerte, inmensa llena de posibilidades. Darío sentía que pertenecía a América.
Rubén Darío fue amigo de Amado Nervo, José María Vargas Vila, Oscar Wilde, y José de Martí, a quienes conoció a lo largo de sus inumerables viajes. En Nueva York cayó enfermo de pulmonía en 1915 y suspendió muchas conferencias. Sin mejorar se trasladó a Guatemala; al llegar a León le sometieron a una operación al hígado, pero la cirrosis había avanzado demasiado. Falleció el seis de febrero de 1916.
Darío es una de las grandes voces de América y su influjo en la poesía española contemporánea es enorme. Su obra se caracteriza por la renovación del lenguaje poético y de la métrica, por las innovaciones temáticas, el el exotismo y el esteticismo.

Obras
Darío escribió además: Cantos de vida y esperanza, Azul, Los raros, El canto errante, Canto a la Argentina, Poemas de otoño, Abrojos, Canto épico a las glorias de Chile, España contemporánea, Poemas de adolescencia, Poemas de juventud, El salmo de la pluma, Epístolas y poemas, Baladas y canciones, Lira póstuma, Versos ocasionales y Poemas en tono mayor.


 

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