YOUR WEEKLY SPANISH NEWSPAPER Contactenos
PORTADA
 
EL PERIÓDICO SEMANAL DIGITAL DE LA VOZ HISPANA DE CONNECTICUT

 
 

Carta desde un exilio no muy voluntario

Por PATRICIA JUAREZ

Aunque trato de adaptarme mejor en esta segunda ocasión que vengo a vivir en los Estados Unidos, todavía no lo logro. Será porque apenas tengo dos meses y pico viviendo por acá. Será por eso que, a pesar de que sé es mejor que vea las noticias en inglés –por aquello de mejorar el idioma- lo hago en español en los dos únicos canales decentes que tengo a mi disposición en el cable básico que pago. También porque los gringos ni nos toman en cuenta –a menos que sea algo que consideren ofensivo o peligroso para ellos- y difícilmente escuchas una noticia sobre México en sus noticieros. Además, es un pequeño remedio para la nostalgia.

En CNN estuvieron cubriendo momento a momento, y repitiendo –como acostumbran- los noticieros a lo largo de la semana: Que se acerca el día del cambio de poderes en México, que la situación es extremadamente tensa, que se agarraron a golpes los diputados en el H. Congreso de la Unión (la “H” podría ser de “hincha”, el adjetivo que utilizan los suramericanos y españoles para designar “fanático” o “aficionado”); que los perredístas no van a permitirle a Calderón que tome posesión del cargo, que el país está en vilo esperando la mañana del primero de diciembre, como si fuera a ver un partido de fútbol de la selección nacional jugando –¡por fin!- por el campeonato mundial; que en el extranjero hay expectación por saber como terminará el zafarrancho congresista protagonizado por la derecha contra la izquierda -la diestra contra la siniestra-; que si habrá represión con soldados y tanquetas, como en el 68 y como en Oaxaca en estos precisos días, o que si finalmente todo quedará, como el pasado agosto, en un despliegue exhibicionista y amenazante del estulto gobierno panista.
Yo, por mi parte, a más de 4,000 kilómetros de mi amado Distrito Federal, estoy ansiosa, emocionada y con un poco de miedo. Como Otelo, “Sangre, Yago, sangre…” quisiera verla escurrir de la cabeza de Calderón o ya de perdida de la de Fox, por alguna infantil pedrada que algún infantil diputado dispare con una infantil resortera. Nada más por mi infantil deseo de fregar. Desde luego, no quiero un balazo como el que le asestaron al infortunado Colossio. Nada más algo de teatro grotesco. Total, ya a estas alturas ¿qué más da? De todos modos nuestra reputación está por los suelos.
Un analista argentino dijo que era vergonzoso y tragicómico –el ingenuo no ha de saber que todo en la vida nacional es una tragicomedia y a veces una farsa-, que cómo podía pasar eso en un país tan serio, tan formal e importante en América Latina y en el mundo como lo era México… Que quizá en uno de los paisitos de Centroamérica, o en alguno como Ecuador (pobres centroamericanos y ecuatorianos, ya los fregaron por culpa de nuestros diputados tan pelados) sería creíble lo que se estaba viendo, pero en México… ¡Por favor! Cómo va a ser…
Y fue. A pesar de que tuve insomnio la noche anterior y me aventé, después de la medianoche de acá, el pasón de banda presidencial que le hizo Fox a Calderón en Los Pinos –“los Pinoles”, como le decía nuestro ilustre ex presidente- y el mini discurso de éste último, avisando que sin falta estaría en el recinto de San Lázaro esa misma mañana, puse el despertador para levantarme a ver el show. Mira que para una búha como yo, es tremendo despertarse a las 10 de la madrugada, pero por fervor patriótico lo hice. No me quería perder lo que iba a pasar. El clímax y desenlace de la tragicomedia sexenal estaba a punto de ocurrir, y con la maravilla de la televisión iba a ser testigo, como millones más, de lo que ocurriría.
Pero nada. No ocurrió nada. Ninguna de mis fantasías infantiles u otelescas se hizo realidad. Bueno, ocurrió lo previsible y predecible: que Calderón iba tomar posesión sin ninguna duda, a pesar de las pataletas y la indignación de los perredistas, la tenacidad inédita –exasperante para muchos- de un líder como Andrés Manuel y de la frustración y rabia de millones –sí, somos millones, aunque no estuvimos en el zócalo- como yo. El fraude organizado, sórdido, inmoral y envilecido se consumaba. Como en un matrimonio de conveniencia de las novelas románticas del siglo XIX, en que casan a una jovencita con un vejete asqueroso y la viola la noche de bodas, ejerciendo su legítimo derecho conyugal.
La aparición jamesbondesca, por entre las gigantescas banderas nacionales que sirvieron como telón, de Calderón y Fox sobre el estrado -helicóptero y despiste de los medios, incluidos- en medio de un cordón de guaruras simiescos del Estado Mayor, dejó a los perredistas momentáneamente sorprendidos, ya que éstos habían puesto candados a todas las puertas de acceso frontales y laterales del recinto y esperaban, supongo, que se quedaran varados en alguno de los pasillos. Pero ¡Oh, ingenio creador del Estado Mayor! Diseñaron una estrategia digna de una película de acción hollywoodense clase B para sorprendernos a todos. Seguramente sus simpatizantes les aplaudieron su talento creativo y los equipararon a David Copperfield. Casi como en un acto de ilusionismo, los dos hombres y su escudo humano estaban frente al congreso y se disponían a realizar, en cuestión de segundos –como los agentes de Misión Imposible-un acto protocolario que usualmente lleva una hora o más.
Yo, a mi pesar, no pude evitar que el estómago me empezara a arder al mirar la sonrisa estilo payasito, de oreja a oreja, de Vicente Fox. Rebosaba alegría y satisfacción. Se sentía realizado, pleno, ¡hasta inteligente!...“Soy bien trucha, ya me los chingué”, ha de haber estado pensando en esos momentos-.
Y tal como lo había comentado el analista argentino, la insólita tragicomedia continuó. En medio de las rechiflas y gritos de los perre-distas, se volvieron a pasar la banda presidencial Fox y Calderón, como si lo de la noche anterior hubiera sido un ensayito para el acto circense –ahora sí, no se le resbaló a Fox- y apresuradamente Calderón dijo su juramento de lealtad a la patria, bla, bla. El encargado de sonido dejó caer las notas del Himno Nacional a todo volumen para acallar los incómodos ruidos y para hacer entrar en compostura – como el himno es sacrosanto- a los indisciplinados diputados. Y tan tan.
Graciosa y feliz huída. Fox al aeropuerto, para que le dieran su último viaje en avión presidencial a su rancho guanajuatense, y Calderón al auditorio, a celebrar a sus anchas su toma de posesión sin indeseables e incómodos invitados. Nadie habría ahí que lo cuestionara o le gritara. Sólo porras, aplausos, y hasta uno que otro ¡“Te amo, Calderón”!
Entretanto, sobre Reforma y “hasta donde se pudo” como él mismo dijo, López Obrador emitía su discurso apasionado –¿o pasional?- a sus seguidores. No sé si de haber estado en México aún, yo habría estado ahí. Me hubiera gustado protestar con mi presencia, pero al mismo tiempo de dan miedo las aglomeraciones y a veces pienso que no sirven para nada. No amo a López Obrador. Tampoco me convencía mucho como candidato, aunque ahora lo respeto por su terquedad de llegar hasta las últimas consecuencias y no rendirse ni negociar ante las circunstancias, cosa que harto le critican sus opositores y lo tildan de necio y enloquecido. Para mí, eso es admirable, dada nuestra apatía y conformismo histórico. ¿Cuántos mexicanos están dispuestos a reclamar un cobro o multa injustos? ¿Cuántos se toman el tiempo y la molestia de hacer una denuncia o un trámite complicado? Prefieren la mordida o el “arreglo”. Prefieren tragarse su rabia o su humillación. Prefieren perder a luchar. Y encima de eso, se atreven a señalar a quien osa hacerlo como conflictivo e intransigente.
Finalmente, en las elecciones del pasado dos de julio y ante la escasez de oferta política, opté por él en las votaciones. Definitivamente, mejor él que el corrupto Madrazo o el ultra derechista Calderón. Pero sobre todo, voté por él porque fui observando como se desarrollaba la campaña.
Con gran asombro, fui testigo cómo se gastaron millones y millones de pesos patrocinados por el sector empresarial en comerciales y mensajes absurdos, mentirosos, maniqueístas, cretinos; en llamadas amenazantes o proselitistas, en publicidad desbordada, tramposa y cínica. Y muchos se la creyeron. Les infundieron miedo e ideas absolutamente estúpidas. No tuvieron los panistas la mínima ética, el mínimo escrúpulo para emplear cualquier recurso y manipular a los electores. Se creyeron aquello de que “en la guerra y en el amor todo se vale”. Pero se suponía que eso no era una guerra. Eran unas elecciones dizque democráticas, transparentes, confiables, históricas, etc. etc.
Y a la hora de la verdad, no importaron urnas perdidas o embarazadas, ni que las autoridades electorales hubieran sido elegidas por la colisión PAN-PRI. Ni las irregularidades denunciadas, ni las impugnaciones hechas. Les valió gorro la demanda ciudadana del voto por voto. Les valió gorro todo.
La antipatía personal de Fox hacia López Obrador –“ojeriza”, hubiera dicho él- fue llevada hasta sus últimas consecuencias. La naciente democracia, niña de seis años, fue asesinada por sus propios tutores. La incipiente credulidad de los ciudadanos fue burlada. La tímida confianza, pisoteada. La precaria esperanza, deshojada.
Y heme aquí nuevamente. Me vine de mi país una vez más, para buscar oportunidades en el cacareado país de las oportunidades. Mi fallido american dream de hace 10 años, vuelve a reciclarse, cada vez con menos bríos. Mi fracasado mexican dream lo dejé allá, en mi país. La corrupción de sus políticos y el monstruoso sistema por ellos creado, el empleo ausente o con remuneración vergonzosa, mi decepción crónica y mi escepticismo histórico, me lo robaron.


 

LA VOZ HISPANA DE CONNECTICUT
Your Weekly Hispanic Newspaper
_______________________________________
Prohibida su reproducción total o parcial, sin autorización escrita de su titular.
Reproduction in whole or in part, without written permission, is prohibited.
USA - CONNECTICUT