YOUR WEEKLY SPANISH NEWSPAPER Contactenos
PORTADA
 
EL PERIÓDICO SEMANAL DIGITAL DE LA VOZ HISPANA DE CONNECTICUT

 
 

O P I N I O N


El escritor frustrado
(Parte I)

Por Carlos Riveros

Mañana cumplo ochenta y dos años. Sé que mis hijos y nietos me harán una fiesta. Lo sé porque han pasado estas dos últimas semanas secreteándose por toda la casa. Mi esposa, días atrás, y como quien no quiere la cosa, ha tratado de sonsacarme qué desearía comer ese día. Le dije que me gustaría papa rellena, mi comida predilecta, y estoy seguro que, al menos en el almuerzo, ése será el plato principal. De noche, cuando estemos todos reunidos, preparará un platillo especial. Estoy seguro que han invitado a mis viejos compañeros del trabajo (a los pocos que quedan vivos, claro) y también a algunos amigos de la familia. Me dará gusto verlos y volver a entablar esas deliciosas charlas literarias de antaño, sabrosas conversaciones que aderezábamos siempre con un pisquito. Recuerdo bien esos días. Cuando era joven solía reunirme con un grupo de amigos a escuchar música y leer los poemas que escribíamos. Éramos cuatro o cinco, raramente más, y la pasábamos bien así, sintiéndonos artistas y disfrutando de la compañía de una botella de licor, algún cigarro no precisamente de tabaco, y conversando de los libros que leíamos, comentando, analizándolos, riéndonos. Si no era en casa de alguno de ellos, nos juntábamos en algún parque solitario. Podía ser cualquiera que estuviera cerca, pero preferíamos uno en especial, el del edificio rojo. Lo hicimos nuestro. Al inicio nos daba vergüenza llegar y sacar la botella, sobre todo porque solían ir ancianos a jugar con sus nietos. Pero luego, cuando entendimos que no ofendíamos a nadie, y que nadie se metía con nosotros, simplemente llegábamos, nos sentábamos y no nos importaba nada más. Recuerdo que en una oportunidad, ebrio, les prometí a todos, muy serio, que no me moriría sin antes tener entre mis manos un libro mío. Alguno de esos amigos optaron por el arte como profesión. Rubén se convirtió en un gran músico. Alguna vez, hace mucho, fui a un concierto suyo y salí encantando. Gustavo ganó muchos premios de poesía y se encerró en un manicomio. El único que se alejó del arte fue mi gran amigo Martín, que decidió seguir Arquitectura en la misma universidad en la que yo estudié Literatura, porque, aunque me gustaba escribir cuentos y novelas, comprendí que no era tan bueno como para dedicarme de lleno a eso. Estudiar Literatura fue sólo una forma de seguir ligado a mi pasión. Años más tarde me convertí en catedrático en esa misma universidad, y dedicaba mi tiempo libre a esbozar algunos cuentos que luego no leía nadie. Pero no me sentía mal conmigo mismo: enseñaba Literatura, escribía siempre que podía, y no dejaba nunca de leer libros. Mi vida en pleno dedicada a lo único que consideraba importante: el arte de la narración. En esa etapa de mi vida logré conocer a muchos escritores y poetas, algunos desconocidos y otros de renombre, con los cuales construí grandes amistades. Era en El Cordano donde conocí a muchos de ellos, y era en ese mismo lugar donde mis colegas y yo nos reuníamos al salir del trabajo. Algunas veces, conocedores de mi afición a la escritura, me preguntaban si estaba escribiendo algo, alguna novela, y yo respondía que sí, que estaba trabajando en una pero que no me preguntasen más porque no quería hablar hasta verla terminada. Entonces uno de ellos levantaba el vaso y decía ¡Salud, por el cercano parto de nuestro amigo! Pero poco a poco el trabajo y otras obligaciones me alejaron, aunque no del todo, del placer de escribir. Escribía artículos que algún amigo periodista me pedía, claro, pero sentía que dentro de mí había una novela que pugnaba por salir y que no podía sacar. Y cuando menos lo esperaba, en un abrir y cerrar de ojos, las canas poblaron mi cabeza, un pequeñín adorable me llamaba abuelo, y dormía cada vez menos de noche y cada vez más de día. Era ya un anciano al que le cedían el asiento en los lugares públicos y que nunca había logrado escribir un libro en su vida.
Mañana será el gran día, viejo cabrón. Mañana estaremos cara a cara por fin, y podrás sentir todo mi odio, todo este rencor que guardo sólo para ti. No sabes cuánto he esperado el día en el que pueda escupirte todo lo que siento, así, de frente, por tanto daño que me has hecho, por tantas noches que he pasado perdido en la nada, como si fuera eso, nada, nadie, un ser sin importancia. Te desprecio y quiero hacértelo saber. Quiero hacerte saber que un ser como tú, un pusilánime, un cobarde que nunca se atrevió a hacer nada, sólo me inspira lástima y asco. Es gracioso que use ese verbo en ti. Inspirar. ¡Qué sabes tú de inspiración! Tú nunca fuiste un escritor; fuiste apenas un remedo, una caricatura, un miserable que se contentó con ganar algún premio por una poesía risible en su universidad, pero que a la hora de enfrentarse con sus personajes y darles el papel correspondiente huía a refugiarse en una botella, o en sus amigos, a los que les mentía diciendo que sí estaba trabajando en una novela, que sí era el escritor que todo creían. ¡Basura! ¡Pura basura! Ha llegado el momento de desenmascararte, farsante; ha llegado el momento en el que vomitaré todo mi repudio. Ha llegado el momento de que conozcas a Carlos Riveros.


 

LA VOZ HISPANA DE CONNECTICUT
Your Weekly Hispanic Newspaper
_______________________________________
Prohibida su reproducción total o parcial, sin autorización escrita de su titular.
Reproduction in whole or in part, without written permission, is prohibited.
USA - CONNECTICUT