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EL PERIÓDICO SEMANAL DIGITAL DE LA VOZ HISPANA DE CONNECTICUT

 
 

O P I N I O N


Los libros de mi vida

Por Carlos Riveros

No voy a hacer un resumen de cada uno. Sólo quiero reseñar lo que sentí al leer cada uno de ellos. Y, para ser fiel a la verdad, debo aclarar que todos los libros que he leído han dejado huella en mi vida; pero si me apresuraran a hacer una lista de los que más me han gustado, sería esta:
El Evangelio según Jesucristo: Un libro maravilloso. Lo leí de un tirón. Sin conocer a Saramago ni a su obra, un buen día me acerqué a un puesto de libros y, como no había alguno que me gustase, compré El Evangelio según Jesucristo, no del todo seguro de estar haciendo una buena compra. Era un libro gordo que pensé me tomaría muchos días acabarlo. Me equivoqué. No bien llegué a mi casa, encerrado en mi habitación, empecé a leerlo, y, ya en la noche, tenía casi medio libro leído. Dos o tres días después, lo había terminado. Me gustó la prosa de Saramago. Fue ése, sobre todo, el mayor descubrimiento. La forma en la que este señor narra la historia movió casi todos los esquemas que tenía, hasta ese momento, de la literatura. El libro, que habla de la vida de Jesús y nos presenta una figura de él mucho más humana que divina, puede, también, remover creencias religiosas o herir la susceptibilidad de los más férreos católicos. Un libro que recomiendo siempre.
La Guerra del Fin del Mundo: Con este libro rompí mi miedo a los libros grandes, gruesos. De chiquillo tenía, como casi todo muchacho, la idea de que los libros así sólo podían ser aburridos. Pero una noche, ya interesado en la literatura, fui a la pequeña biblioteca de mi padre y estuve revisando sus libros. Conocía a Vargas Llosa por Los Cachorros y por la película que hicieron de su novela La ciudad y los perros. Pero no había leído ninguna de sus novelas. Me llevé el libro y recuerdo que esa fue la primera noche que me desvelaba por un libro. Fue maravilloso encontrar esas historias, a veces crueles, a veces sensibles, pero siempre bien contadas, con personajes finamente creados. Una novela que te mantiene interesado hasta el final.
Ensayo sobre la Ceguera: Otra vez el gran Saramago. Y es que luego de descubrirlo con el Evangelio según Jesucristo me esforcé en conseguir sus libros. Éste fue el segundo, y, como el primero, no me defraudó. Este es un libro más real y más crudo también. Un libro que plasma la maldad y egoísmo a los que puede llegar el ser humano en momentos en que tiene la oportunidad. Imaginen una epidemia de ceguera. Imaginen que el Gobierno decreta aislar a todos los ciegos en un lugar dividido por pabellones. Como siempre, el olvido y la negligencia hacen que alimentos y agua lleguen cada vez en menos raciones. Imaginen ahora que ciegos de otro pabellón toman el poder y obligan a las mujeres a tener relaciones sexuales cada día para conseguir alimentos y agua. Imaginen violaciones. Imaginen muertes. Eso es lo que hallarán en esta asombrosa novela.
Baudolino: Umberto Eco es un escritor muy inteligente. Y Baudolino, una de sus mejores novelas. Conseguí el libro luego de haber leído El nombre de la rosa (otra gran novela) y me gustó incluso más. Encontré en él seres mágicos, reales, sensibles, y en Baudolino un personaje al que sólo le pude tomar cariño. Definitivamente una novela que uno recuerda siempre por lo bien narrada, entretenida, y por esa frase final que te hace creer que todo lo que has leído, todo, es real.
Abaddón el Exterminador: Novela del gran Ernesto Sábato que leí cuando contaba con diecisiete o dieciocho años. Una novela difícil. Lamentablemente la leí antes de leer Sobre Héroes y Tumbas y por eso no logré entenderla bien. O tal vez la leía siempre borracho y por eso no comprendía mucho. Quizá sean éstas sólo excusas para decir que me costó entenderla. Lo cierto es que, a pesar de todo, disfruté leyéndola.
El Obsceno pájaro de la noche: Gran novela. Imperdible. Obra cumbre del maestro Donoso. La he releído cuando he podido y ha seguido sorprendiéndome.
Rayuela: En Rayuela encontré a ese gran personaje que es la Maga. “Encontraría a la Maga”, rezan las primeras palabras del libro. Y debo confesar que esas primeras palabras hicieron nacer en mí el deseo de crear a alguien así. Me quedé pegado leyendo esa novela, y volviendo las páginas no pocas veces para entender bien lo que decía. Sólo lo he leído de forma tradicional, aunque no pierdo las esperanzas de aventurarme a leerlo según el tablero de dirección que figura en las primeras páginas del libro.
Sobre Héroes y Tumbas: Llegó a mí como un regalo. Literalmente. Fue un regalo de quien ahora es mi enamorada. Yo siempre había buscado este libro y al no conseguirlo se había convertido en una especie de mito, de deseo inalcanzable. Y sin embargo una noche lo tenía en las manos y en versión original. Increíble. El libro es buenísimo, y el Informe sobre ciegos, fascinante. Siempre voy a estar(te) agradecido por este regalo.
La Naranja Mecánica: Había escuchado sobre la película pero del libro, nada. Hasta que una noche, cuando tomaba con mi mejor amigo en un parque solitario, se presentó otro amigo, pero éste sí totalmente borracho y diciendo que quería dar “tolchocos”. No le entendimos hasta que empezó a contar (a balbucear, en realidad) que había leído La Naranja Mecánica y le había gustado tanto que quería vivir como Alex. Tuve la suerte tiempo después de conseguir el libro y leerlo en un día o dos. Y comprendí la fascinación de mi borracho amigo, aunque, claro, no salí a dar “tolchocos”.
Cien Años de Soledad: Sí, todo lo que te cuenta te lo crees. Por más mágico que suene. Te lo crees. Cuando leí el libro andaba trabajando en una empresa informática. Recuerdo que era época de mucho trabajo y salía a las nueve, diez de la noche. Y lo único que me importaba era llegar a leer a García Márquez, así sea tan tarde y yo estuviese tan cansado y la letra del libro haya sido tan chiquita. Gabo no está entre mis autores favoritos, pero está novela sí me gustó. Por eso creo que con sólo esta novela tiene bien merecido el Nóbel de Literatura.
Un mundo para Julius: Bryce Echenique es, sobre todo, un amigo. Uno lo quiere. Y cuando lee sus novelas siente que escucha a alguien cercano. Con Un mundo para Julius yo comencé a conocer a este gran escritor. Ya había leído antes otra novela de él, “No me esperen en Abril”, pero no fue sino hasta que leí Un mundo para Julius que empecé a interesarme en Bryce con mayor ganas. Divertido, tierno, melancólico, así es este libro. Y diría que así es Bryce. Ahora tengo casi todas las novelas de él, y todas me han dejado esta sensación de agradecimiento y deuda hacia Alfredo Bryce Echenique.
Fue ayer y no me acuerdo: Muchos lo critican porque dicen que es un escritor ligero. Critican también a quienes lo leen. A mí no me avergüenza decir que me gusta la prosa de Jaime Bayly. Me divierte, me hace leerlo de corrido. Reconozco que no todas sus obras han sido geniales (Aquí no hay poesía es un claro ejemplo), pero sí me inclino a decir que es un buen escritor. Y de entre todas sus novelas, ésta, fue ayer y no me acuerdo, es la que mejor impresión me dejó. Aunque a veces parece que se excede en lo sexual y le da mucho énfasis a las drogas, el libro, en general, es muy completo, teniendo cómo punto máximo el capítulo de la violación que sufre Micaela, personaje entrañable, el cual, lo confieso, me sumó en una depresión terrible.


 

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