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EL PERIÓDICO SEMANAL DIGITAL DE LA VOZ HISPANA DE CONNECTICUT

 
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--Las dietas hipocalóricas son las más indicadas para el tratamiento de la obesidad y el sobrepeso y pueden ser de “muy bajo” o “bajo” contenido energético.

--Las dietas cetogénicas, también conocidas como hiperproteínicas, provocan pérdida de agua pero no de grasa con lo que se corre el riesgo de recuperar los kilos bajados.

--Este tipo de tratamientos no deben ser en sí mismo inductores de enfermedades carenciales o de acumulación por exceso, ni gravar nuestra capacidad metabólica

 

Dieta hipocalórica equilibrada, el régimen ideal

Las publicaciones especializadas nos
ofrecen constantemente aproximaciones a lo que se considera como dieta ideal. Endocrinólogos y nutricionistas se inclinan por denominarla “dieta hipocalórica equilibrada”, un conjunto de menús que nos aportan de forma permanente todos los elementos necesarios para que nuestras funciones vitales funcionen correctamente. He aquí unos datos aproximados para seguir esa dieta idónea.


 

 

 

Por Francisco Galindo.
EFE - REPORTAJES

Una proporción adecuada de proteínas y microcomponentes esenciales, así como de grasas y glúcidos, constituye la base esencial de la dieta ideal. Endocrinólogos y nutricionistas prefieren llamarle dieta hipocalórica equilibrada porque nos aporta de forma permanente los elementos necesarios para que nuestras funciones vitales mantengan el nivel correcto en todo momento.
Las dietas hipocalóricas equilibradas son las más indicadas para el tratamiento de la obesidad y el sobrepeso y pueden ser de “muy bajo” o “bajo” contenido energético. Si nos atenemos de otro lado al tipo y proporción de nutrientes, las dietas pueden ser, aparte de equilibradas, no equilibradas, incompletas o deficitarias (de proteína o de otros componentes), disociadas o cetogénicas.
DESEQUILIBRIO SOBRE UNA BASE TEMPORAL
En las dietas disociadas, o mono-dietas, el desequilibrio se produce sobre una base temporal, desajustándose los mecanismos de compensación por cambios bruscos en la composición de los alimentos ingeridos en las sucesivas tomas a lo largo de la jornada. Sobre este particular, los especialistas señalan que estos regímenes, en los que sólo se suele tomar un nutriente al día, tampoco son la solución porque se acaba desmotivando al paciente tanto por la monotonía de la dieta como que no aportan lo que precisa el organismo realmente cada 24 horas.
Las cetogénicas, también conocidas como hiperproteínicas, constituyen un caso especial de desajuste caracterizado por una ausencia casi total de glúcidos e hidratos de carbono, circunstancia que provoca el recurso masivo del organismo a la proteína como sustrato para la síntesis de glucosa en un ámbito de abundancia de lípidos. La consecuencia más preocupante de esta acción metabólica es el aumento nada recomendable de la presencia en la sangre de unas sustancias de desecho denominadas cetonas. La del Dr. Atkins, la Scarsdale y la de Angélica María son algunos ejemplos de este tipo de dietas, que fueron muy populares a partir de los años 70 del pasado siglo y también conocidas como “regímenes milagro”, y hoy se encuentran en claro declive.
Los defensores de las dietas cetogénicas argumentan que sus efectos son inmediatos y que el paciente pierde bastantes kilos en poco tiempo. Los menús cetogénicos consisten en incluir alimentos con alto contenido en proteínas y lípidos y con baja proporción en hidratos de carbono. En consecuencia, la lista básica de productos a consumir está compuesta de leche, quesos, cremas, carnes, vísceras, pollo, pescado, aceites, mantequilla, manteca, huevo, jamón, salchichas y similares. Por el contrario, estas dietas apenas incluyen legumbres, cereales, arroz, pan, frutas, verduras, pasta, dulces y azúcares.
La experiencia ha demostrado “a posteriori” que las dietas cetogénicas, ante el déficit inducido de hidratos de carbono, lo que provocan es pérdida de agua y electrolitos pero no de grasa, por lo que algunos expertos en bromatología las califican de “auténtico castigo al organismo”. ¿Cuál es la consecuencia más perniciosa de todo ello? Que quien las sigue está expuesto a recuperar los kilos perdidos en cuanto las abandona y, además, corre el riesgo de sufrir alteraciones en los ritmos cardíaco y gastrointestinal, aparte de sensación de cansancio o fatiga. Por otro lado, al ser dietas bajas en frutas, verduras y cereales, se registran deficiencias de nutrientes como el ácido fólico, vitamina C, magnesio y calcio.
NO A LOS MATERIALES TÓXICOS
Por el contrario, las dietas hipocalóricas equilibradas son las que contienen todos los nutrientes necesarios en proporciones armónicas para ocasionar el mínimo de déficit al organismo cuando a ellas nos sometemos. Además de cuidar la ingesta de alimentos, este tipo de dietas requieren de ejercicio físico moderado como complemento para lograr el objetivo de reducir kilos.
Ejemplos de este tipo de dietas son la de Fox (también conocida como “dieta médica de Beverly Hills”), que es rica en glúcidos y pobre en grasa; la de Bour y Derot, que alterna el aporte energético suficiente con una tabla de ejercicios suaves pero continuados; la de Pollak, basada casi exclusivamente en glúcidos; la de Bahner, con alto contenido proteico; la dieta de dos semanas de Stillman a base de cereales, verduras y carnes magras y la denominada “dieta prudente de Bennett y Simon” que centra sus esfuerzos más en la disminución del consumo de grasas que en la aportación de otros materiales, aunque es bastante rica en féculas.
Según el español M. Alemany, catedrático de Bioquímica y experto en nutrición, toda dieta equilibrada no debe contener nunca materiales tóxicos. Por otro lado, no debe ser un tratamiento en sí mismo inductor de enfermedades carenciales o de acumulación por exceso, ni gravar nuestra capacidad metabólica, y al mismo tiempo debe ser un recurso coadyuvante en el proceso de pérdida de peso más que un impedimento para conseguir ese objetivo.
Todas estas exigencias hacen que resulte en ocasiones extremadamente difícil establecer una dieta equilibrada lo suficientemente hipocalórica como para que tenga efectos significativos sobre el balance energético del paciente que se somete a ella, forzando la movilización de las reservas grasas.
NECESIDAD DE SUPLEMENTOS
De todas formas, luego de estudios exhaustivos y análisis de las estadísticas pertinentes ha quedado establecido que la dieta equilibrada debe contener vitaminas y minerales en cantidad suficiente para suplir nuestras necesidades fisiológicas normales. En caso de carencias se puede recurrir a suplementos naturales como fruta o levadura de cerveza, o farmacológicos como pastillas de concentrados vitamínicos o minerales.
El aspecto más importante del cálculo y ajuste de una dieta equilibrada estriba en su tratamiento de la proteína de la dieta: proporción, energía derivable y calidad biológica. Según el nutricionista Alemany, hay que intentar que la proteína en su totalidad represente una proporción baja ( en torno al 15 por ciento) de la energía total de la dieta.
Experimentos realizados con mujeres obesas sometidas a dietas muy hipocalóricas con un 15 por ciento de proteínas en una o varias ingestas demostraron que las pérdidas de nitrógeno eran mínimas con el máximo de comidas y el porcentaje más elevado de nitrógeno dentro de esa gama, aunque la pérdida de peso fue máxima con la dieta ingerida en una sola toma y con la proporción de nitrógeno más baja. Es decir, en estas últimas condiciones gran parte del peso perdido correspondió a la proteína propia en lugar de grasa.
No obstante, para que la proteína de la dieta pueda cumplir su función es necesario mantener altos los niveles de glucosa, en forma de aportaciones de azúcares y almidones. Y tampoco debemos olvidar en ningún caso el aporte de fibra.
La carencia de fibra hace perder a la dieta su capacidad saciante, provoca que la absorción de nutrientes no sea paulatina y moderada y, sobre todo, puede alterar el ritmo de evacuación intestinal. Esa es la razón por la que muchas dietas incluyen actualmente en sus menús complementarios galletas saciantes, ricas en fibra, que se hinchan en el estómago al ingerirlas con agua en abundancia, lo cual provoca la dilatación de esa víscera y crea la sensación de que nos sentimos llenos.


 

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