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Grasas: las malas de la película
El Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Málaga (España), ha presentado las primeras conclusiones del estudio de Prevención de la Dieta Mediterránea (Predimed), el primer ensayo clínico que relaciona la efectividad del aceite de oliva virgen extra de la dieta mediterránea en la prevención de enfermedades cardiovasculares. EFE/Rafael Díaz |
Aunque son considerados como los “demonios” de la dieta, algunos lípidos son vitales para la salud, aunque el exceso de otros pueden perjudicarla. Para aprovechar sus beneficios y evitar sus perjuicios ha que saber elegirlos y consumirlos en su justa medida, ¡Conozca cuáles convienen y cuáles no!
Por Omar Segura
adm/EFE REPORTAJES.
Las grasas de los alimentos pertenecen al grupo de los lípidos, se componen de carbono, oxígeno e hidrógeno y se encuentran en verduras, pescados, aceites y carnes, en distintas proporciones. Son un componente de la membrana celular y juegan un papel primordial en la absorción de las vitaminas A, D, E y K, a las cuales transportan disueltas a todo el organismo.
Una vez asimiladas y almacenadas, brindan aislamiento al cuerpo ayudándole a conservar una temperatura constante y son una reserva de energía. Además, favorecen la secreción de bilis y la absorción del calcio, y son esenciales para producir hormonas sexuales y ayudan a mantener la elasticidad de la piel.
Son el combustible del organismo: concentrados de energía, que se denominan de ese modo cuando aparecen como sólidos a temperatura ambiente, o se denominan aceites si su forma habitual es líquida. Aportan sabor y consistencia a las comidas haciéndolas más apetitosas.
Pero las funciones y beneficios de las grasas se mantienen siempre que se consuman las variedades adecuadas, en las cantidades y proporciones saludables. Tanto su exceso como deficiencia en la dieta puede ocasionar desórdenes y enfermedades.
Su presencia en la alimentación debe ser “variada, equilibrada y completa”, según señalan los expertos quienes hacen una serie de recomendaciones básicas para consumir grasas de forma saludable:.
• Recorte si, carencia ¡no!.
Para adelgazar y mantenerse hay que recortar las grasas pero no eliminarlas porque la “pobreza” de lípidos ocasiona desequilibrios enzimáticos, metabólicos y hormonales y lesiones, al privar al organismo de los ácidos grasos esenciales, como el ácido linoleico de los aceites, los cuales forman parte de compuestos celulares y cerebrales.
• Controle los excesos.
Causan sobrepeso por que contienen más del doble de calorías que los carbohidratos y proteínas, y se acumulan con facilidad. Además de reducir la energía vital, te hacen más propensa a sufrir desde celulitis, hipertensión y hiperco-lesterolemia, hasta piedras biliares, cánceres de colon, próstata, mama y útero, así como diabetes y artrosis, pasando por dolor de espalda, problemas de la piel y varices. Su exceso se almacena en el cuerpo y viaja por la sangre, elevando el riesgo cardiovascular.
• Busque el equilibrio.
¿Cuáles son las cantidades de grasa recomendables?. Los expertos recomiendan que entre un 25 a 35 por ciento (una media del 30 por ciento) de las necesidades energéticas diarias, provengan de las grasas: de las cuales la mayoría deben ser mono-insaturadas, y menos del 7 por ciento deben ser saturadas. Para una mujer o varón adultos, que ingieran 2.000 calorías diarias, el límite es de 67 gramos de grasa.
• Huya de las variedades saturadas.
Tome menos carnes rojas y aves, y de las que consumas opta por las variedades más magras, de color más blanco, y quíteles toda la grasa visible y la piel antes de cocinarlas. Las salchichas y los embutidos de res la principal fuente de estos nocivos compuestos.
• Cocine con menos calorías.
En lugar de asar, freír y cocer con mucho aceite, utilice otros métodos de cocción, como la parrilla, la brasa, el microondas, en papillote. Cocine los alimentos con la mínima grasa posible, prefiriendo la cocción, el asado o la plancha a la fritura.
• Consuma grasas de origen vegetal.
Son más saludables porque no contienen colesterol y se componen en su mayor parte por ácidos grasos saludables.
• Las frituras, ¡con aceite de oliva!.
Es el de composición más saludable, soporta más calor sin deteriorarse y forma una capa sobre los alimentos preservando su textura interna y jugos. El aceite de colza es otra buena opción.
• Retire la capa solidificada.
Conviene retirar esta fuente de grasas saturadas que se forma en la superficie de los guisos cuando se enfrían, antes de servirlos.
• Evite los alimentos procesados.
Este tipo de productos pueden contener grasas de dudoso origen; lea las etiquetas de información nutricional.
• Consuma menos mantequilla y margarina.
Estos alimentos contienen distintas cantidades de colesterol, grasas saturadas y ácidos grasos “trans”, que son perjudiciales. Es preferible tomar las variedades desna-tadas o semidesnatadas de productos lácteos.E F E |