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Resfriado otoñal: síndrome postvacacional
Cientos de virus infectan las vías respiratorias altas. La fiebre suele ser uno de los síntomas. |
El final del verano y el retorno al trabajo producen
en multitud de personas el llamado “síndrome postvacacional”
con situaciones de cansancio, depresión y estrés.
Uno de los síntomas más frecuentes es la aparición
del llamado “resfriado otoñal”, una especie de preludio de la tradicional y temida gripe de esta estación.
Por: Pilar Ferrer
adm/EFE REPORTAJES.
El resfrío común o catarro es una enfermedad infecciosa viral que afecta a la nariz, garganta y todo el sistema de las vías respiratorias altas. El volver a espacios cerrados, contacto con compañeros del trabajo y ambientes contaminados, después de las vacaciones veraniegas, favorece la patología.
Los estornudos, la secreción nasal, congestión, dolor de cabeza, inflamación, dolores musculares, fiebre elevada y malestar general son los síntomas característicos del resfriado que, en esta época del año, puede ser bastante agudo. Normalmente, dura entre cinco y siete días, y la causa son cientos de virus que infectan el sistema respiratorio con mucha facilidad para el contagio. La saliva, el estornudo, el goteo mucoso y la tos propagan de inmediato el contagio, penetrando el virus en las células de las paredes de la nariz y la garganta.
INFECCIÓN Y FIEBRE.
El término “resfriado” es engañoso, ya que la temperatura corporal del enfermo aumenta, precisamente, por la infección y el riesgo de fiebre. Los estados caliente, frío, seco y húmedo del cuerpo fueron ya descritos por el físico romano Galeno, quien se refería al “frío” por ser más comunes estas dolencias durante el invierno. Sin embargo, hoy en día, los factores ambientales y el entorno propician la parición de los catarros en cualquier época del año, y muy frecuentemente, al término del verano y comienzos del otoño.
No existe un tratamiento de cura adecuada para estos virus, que tienen sus días de subida y bajada. Lo mejor es administrar el ácido acetilsalicílico o el paracetamol, en todas sus versiones de analgésicos y medicamentos. Descongestionantes nasales, supresores de la tos, antinflamatorios para la garganta, mucolíticos, expectorantes y antihistamínicos son los tratamientos más aconsejables para mitigar los síntomas. Los antibióticos no son efectivos contra el virus, y sólo deben administrarse en casos agudos de infección bacteriana. Algo muy común, al surgir complicaciones y afectar a la faringe, laringe, bronquios y pulmones.
LIQUIDOS.
Un ambiente cálido y húmedo, ingerir mucha cantidad de líquidos, guardar reposo y sudar para combatir la fiebre son medidas complementarias que ayudan a mejorar el estado general, que suele ser muy molesto hasta la desaparición de los síntomas agudos, al cabo de unos tres o cuatro días.
En ocasiones, este tipo de resfriados al término del verano suelen inmunizar para la gripe del otoño, cuyos grupos de riesgo deben aplicarse la correspondiente vacuna. Es una manera de cumplir el refrán popular, “no hay mal que por bien no venga”. Acabado el verano, estaremos algo más preparados para recibir el otoño y el invierno.EFE |