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El cuidado de un ser querido enfermo o de avanzada edad es una de las acciones más compasivas que puede realizar una persona. A pesar de ser un gesto generoso, en ocasiones provoca consecuencias negativas para quien otorga los cuidados, una de las cuales es la depresión.
Aunque el cuidado de un enfermo no es causa de depresión, muchas personas que los atienden luchan contra ese mal. The Family Caregiver Alliance (FCA) informa que el 20 por ciento de las personas que cuidan a un enfermo en la familia sufren de depresión, cifra que equivale al doble de los pacientes de la población general. Y lo que es peor, la depresión tiende a permanecer cuando fallece el enfermo, particularmente en el caso de quienes han cuidado a su cónyuge.
El predominio de la depresión entre las personas que cuidan enfermos otorga importancia especial a la detección de los síntomas, pues la misma contribuye a que esos proveedores de atención no hagan más difícil una situación que ya lo es por naturaleza. Si bien la depresión afecta en varias formas, la FCA advierte que los síntomas siguientes, cuando persisten por más de dos semanas, son excelentes indicadores de la depresión: Cambios en los hábitos de alimentación. La comida ha sido siempre una vía a través de la cual nos enfrentamos a la depresión, por lo que un aumento abrupto de peso podría ser un indicador de esa enfermedad. Sin embargo, al mismo tiempo, muchas personas dejan de comer o comen muy poco cuando se sienten deprimidas. Cualquier cambio drástico en los hábitos de alimentación acompañados de aumento o pérdida de peso, es indicador de depresión. Cambio en los hábitos de sueño. Dormir mucho más o mucho menos que lo normal puede indicar depresión. Aunque el cuidado de un enfermo es fatigoso, dormir cuando no se siente cansancio o sólo para pasar el tiempo debe ser motivo de preocupación.
Sentimientos de indiferencia. Cuando se pierde interés en las cosas que consideraba favoritas, o siente indiferencia hacia las amistades, la depresión puede ser la culpable. Aunque mantener los pasatiempos de siempre o tener contacto con los amigos puede ser más difícil, particularmente cuando se cuida a un familiar muy enfermo, es importante preservar el interés y el trato con las amistades. Los amigos o familiares de las personas que cuidan enfermos también deben mantener ese contacto.
Irritación con facilidad. Con frecuencia, las personas que cuidan enfermos sienten que no tienen salida a su irritación, o que carecen de alguien a quien contar sus problemas. Esto puede provocar agitación por las cuestiones más insignificantes. Esa agitación es con frecuencia el resultado de la depresión, resultante de la mencionada carencia de un vehículo perceptible para disipar el enfado, o un hombro en el cual apoyarse.
Los anteriores son sólo algunos de los síntomas de depresión, y hay muchos más que pudieran indicar la aparición de la enfermedad. Una causa de que la depresión sea tan difícil de afrontar es que muchas personas la consideran erróneamente como una señal de debilidad. En el caso de quienes cuidan enfermos, y creen que necesitan ser fuertes para poder atender a la persona bajo su tutela, la demostración de esa debilidad percibida puede parecerles la peor de las situaciones. En realidad, compartir esos sentimientos de depresión con alguna persona es lo mejor que se puede hacer al respecto.
El Instituto Nacional de Salud Mental enfatiza en que hablar con alguien es una buena forma de aliviar las presiones de cuidar a un enfermo, y puede contribuir a evitar esa enfermedad tan común que es la depresión. La mayoría de las personas reconoce las dificultades que implica el cuidado de un familiar enfermo. Los amigos y familiares deben estar concientes de su responsabilidad de apoyar a la persona que cuida a ese enfermo. Además, esta última debe tener en cuenta la importancia de usar ese recurso tan valioso que son los amigos y la familia.
Otra forma mediante la cual las personas que cuidan enfermos pueden combatir la depresión, es aceptar ayuda y preservar lo más posible sus hábitos previos. Cada vez que alguien les ofrezca su ayuda, o les pida sustituirlas por un día en los cuidados al enfermo, es preciso aceptar dicha oferta. Hay que usar esos días para dedicarlos a los antiguos intereses, ya sea ir al cine o a un juego de béisbol, o comer en un restaurante. Con frecuencia, a las personas que cuidan enfermos se les hace difícil salir de casa, particularmente cuando son las responsables principales de los cuidados durante un tiempo prolongado. Cuando la persona a quien cuidan es supervisada por un extraño, es común la aparición de un sentimiento de culpa. Pero, a pesar de que resulta difícil, también es importante que quienes cuidan enfermos dediquen algunas horas a distraerse y cuidarse a sí mismas.
Para obtener más información acerca de cuidados a enfermos de la familia, visite el sitio Web de FCA, www.caregiver.org. AT06B711
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